Estamos ante uno de esos coches que pasan cada cierto tiempo por las redacciones de revistas especializadas dejando una sensación unánime en todos los que se ponen a sus mandos. El TT RS es una auténtica bomba sobre ruedas, con un potencial para generar sensaciones como tienen pocos coches en el mercado. Y más aún si optamos por la versión roadster, que además del sonido ronco de su cinco cilindros turbo reverberando en el habitáculo nos permite sentir -todavía más- la velocidad que derrocha por sus cuatro costados.
Y es que puestos a hablar de sensaciones, he aquí la mejor combinación para el TT RS: configuración roadster (con techo de lona de accionamiento totalmente eléctrico que solo emplea doce segundos para plegarse) junto a la transmisión automática de doble embrague y siete velocidades S Tronic, una opción esta última absolutamente recomendable asociada a cualquier motorización, pero especialmente en las versiones deportivas. Cuesta apenas 500 euros más que el manual, un precio súper competitivo gracias a que con este cambio se mejoran las cifras de consumo y ello le permite bajar un tramo impositivo en la matriculación.
Una bicoca en comparación con las sensaciones de pilotaje que genera, además de otras ventajas “mundanas” para el cliente tipo de este coche, pero que ahí están: mejora la cifra de aceleración en tres décimas de segundo respecto a la versión manual y rebaja los consumos en 0,7 litros.
Cóctel explosivo.
Sin duda, el gran protagonista del conjunto es el explosivo motor cinco cilindros turboalimentado con 340 caballos, cada uno de los cuales está encargado de mover 4,3 kilos, una relación peso/potencia que se acerca a la cifra mágica de 4 kilos/caballo que es la que marca el potencial de un superdeportivo. Una inmejorable carta de presentación; de hecho, no nos extraña que haya sido el propulsor elegido para el Audi Quattro concept que se convertirá en un futuro paradigma de la deportividad de la marca de los cuatro aros.
Pero si somos de los que los números nos dejan fríos, no hará falta más demostración que arrancar el motor y hundir el pie en el gas. Lo siguiente: salir catapultados como en las lanzaderas de los parques de atracciones modernos, esas que solo resisten los estómagos más valientes. Antes de que podamos recuperar el aliento, en poco más de cuatro segundos, la aguja habrá llegado a los 100 km/h, y si la carretera y el tráfico nos lo permite, alcanzaríamos su tope electrónico de 250 km/h con una facilidad pasmosa, engranando marchas con el S Tronic a una velocidad parecida a la que escala la aguja del velocímetro del TT RS.
Este torrente de prestaciones requiere tener muy presentes dos principios clave en su conducción: modular el acelerador para no perder tracción (puesto que entrega el par muy abajo y con mucha contundencia) y cambiar el chip de nuestra percepción de la velocidad. No han sido muchos los coches que han derribado nuestro instinto a la hora de calcular la velocidad a la que llegamos a una curva (recuerdo el Ferrari 612, el Bentley Continental GT y este TT). Con todos ellos al principio medimos mal su sobrehumana capacidad de aceleración, pero con el tiempo y con un mayor control visual del velocímetro, ya estamos listos para disfrutar de todo su potencial en conducción deportiva.
A nivel de chasis hay que tener una cosa clara: el TT RS no es un coche para uso diario, salvo que no le tengamos aprecio a nuestra espalda. Su suspensión es exigente incluso con los amortiguadores magnéticos opcionales (1.365 euros) con un programa confort para el día a día. Eso sí, a cambio conseguimos una efectividad total que nos facilita mucho la tarea de domar a la caballería aunque nos provoque una falsa sensación de dominio de la situación. Pero no por nosotros, sino por la combinación de un chasis deportivo muy bien puesto a punto y el arma definitiva de la tracción total quattro mediante diferencial Haldex la que hace más asequible a todos los conductores esta bestia salvaje.
Inviertes en sensaciones
El TT RS es un capricho caro, casi 70.000 euros, al alcance solo de bolsillos privilegiados. Pero ojo, que creemos que los vale por los detalles específicos del modelo (llantas a partir de 18”, spoilers específicos, alerón trasero fijo o retráctil sin sobrecoste, un interior con matices racing...) pero, sobre todo, por las sensaciones que es capaz de brindar a su conductor. No nos convence tanto el equipamiento que ofrece a cambio (dejando sus virtudes mecánicas aparte), pues le fallan elementos como los espejos eléctricos retráctiles que hay que pagar aparte, opciones de cien o doscientos euros como los anclajes Isofix o la conexión USB que parece ridículo no incluirlas de serie en un coche de 70.000... Sí es cierto que a la hora de “ponerlo guapo” hay cosas interesantes, como los asientos tipo ‘bucket’, los escapes deportivos o los espejos retrovisores de carbono.
Este TT RS Roadster es un capricho caro en tiempos poco propicios para la ostentación, pero su comprador difícilmente se va a arrepentir de haberlo adquirido.
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