El más pequeño de la familia acaba de renovarse y, junto a una nueva imagen heredada del Lancer (adopta una parrilla con forma de trapecio invertido muy similar), destaca por sus novedades en materia medioambiental. Es el espíritu que impera en el mercado, el de hacer coches más ecológicos y menos contaminantes, y sobre el que ha nacido la nueva generación del Colt. Fíjate que ahora su gama recibe el apelativo de ClearTec.
Objetivo, el CO2.
En esta lucha contra el CO2, Mitsubishi introduce varias medidas que evidencian una reducción en las emisiones, como los neumáticos de baja rodadura, una relación final más larga, la frenada regenerativa o el indicador de cambio óptimo de marcha.
Pero la estrella de este nuevo equipamiento ecológico es el sistema de parada y arranque automático AS&G. Una vez iniciamos la marcha y la mecánica ha cogido temperatura, el sistema para el motor si metemos punto muerto y no se superan los 5 km/h. Entonces aparece una señal luminosa en la pantalla de información ubicada entre los dos relojes, indicándonos que el sistema ha actuado automáticamente.
Al pisar el embrague el Colt arranca sólo, como otros modelos, aunque aquí se produce de manera poco refinada. Ello puede deberse, más que a la unidad AS&G, a la mecánica que hemos probado -el 1.1 litros gasolina de acceso- que, por su configuración tricilíndrica, añade ciertas particularidades; entre ellas, una mayor rumorosidad mecánica sobre todo en la fase de aceleración y mayor nivel de vibraciones.
Pese a todo y si de lo que se trata es de ahorrar, con el sistema AS&G el Colt rebaja en unas importantes décimas el consumo urbano, ámbito donde más puede trabajar y beneficios reportar a la economía. Y un detalle no menos importante, su nivel de emisiones se sitúa por debajo de los 120 gramos de CO2 por kilómetro, quedandoexento del impuesto de matriculación.
Analizando los datos obtenidos con su antecesor, indican una reducción del consumo de más de un litro en ciudad, mientras que el gasto en autovía y carretera también ha mejorado. El AS&G puede desconectarse con un botón situado a la izquierda del volante.
Sistemas aparte, el tricilíndrico gasolina de 1.1 litros y 75 CV viene de la generación precedente (así como el resto de propulsores actuales), y vuelve a deleitarnos con un brío inédito en este rango de potencia. A pesar de su escasa cilindrada, al primer golpe de acelerador responde con celeridad y no decae una vez queremos mantener velocidades más altas en vías rápidas. De ahí que, aunque el entorno urbano sea su preferido, no rehuya una utilización más amplia de medio y largo recorrido. Ahora la relación final del cambio es más larga, por lo cual se ha reducido no sólo el consumo, sino también la rumorosidad mecánica. Como buen tricilíndrico ésta es acusada -el habitáculo denota una insonorización algo pobre- y se aprecian ciertas vibraciones sobre el volante; son, en todo caso, algo menos evidentes que en la generación anterior.
Menos flexible.
Este Colt añade a sus argumentos de venta una nueva imagen que viene inspirada en otros modelos de la familia como el Lancer. El interior, igualmente, ha recibido cambios: renovados mandos de climatización y audio, reubicación del display multifunción ahora en el centro de la instrumentación, nuevo volante multifunción, etc. Ha perdido, no obstante, parte de su flexibilidad interior ya que los asientos traseros ya no se desplazan longitudinalmente. Eso sí, cuando se abaten queda una superficie plana con un maletero bastante utilizable. La zona de carga cuenta con un doble fondo.
Lo cierto es que la amplitud que ofrece el nuevo Mitsubishi Colt resulta notable. La carrocería es muy alta, por lo que no habrá problemas para los más altos; tampoco detrás hay estrecheces para colocar las piernas cómodamente.
En el aspecto dinámico no hemos apreciado grandes diferencias respecto a su antecesor. Sigue acusando un gran balanceo derivado de su alta carrocería en los apoyos en curva, así como una ligera sensación de inestabilidad al frenar fuerte o al rodar a ritmo elevado.
Presenta algunas carencias a tener en cuenta, como el control de estabilidad y tracción, o el uso de discos en las ruedas traseras (prefiere tambores). Aún así, se sostiene como una opción muy válida para los que busquen un coche gasolina que gaste poco (no hay diésel en la gama), amplio y cómodo, y con un motor que da bastante más de lo esperado.