COMPARATIVAS
CHEVROLET CRUZE 2.0 VCDI / MITSUBISHI LANCER 2.0 DI-D / SKODA OCTAVIA 2.0 TDI

EN SU JUSTA MEDIDA

Hoy en día hablar de berlinas medias es sinónimo de aproximación a los cinco metros. Y es que tras la escalada de tamaño impulsada por muchos de los últimos lanzamientos, Opel Insignia, Ford Mondeo, etc, los 450-460 centímetros que han venido marcando durante los últimos años el estándar de longitud para esta categoría se han quedado en un escalón compartido por berlinas y compactos. Esto nos conduce a fusionar ambos términos para calificar como berlinas compactas a aquellos modelos que siguen respondiendo a esta cota de dimensiones de antaño.
De modo que propuestas como las que traemos a esta comparativa, el nuevo Chevrolet Cruze, el Mitsubishi Lancer y el Skoda Octavia, encuentran más su campo de batalla entre los derivados sedán de modelos compactos, Focus, Mégane, etc, que entre las propias berlinas no tan “medias” .
El hecho de que sus carrocerías no acumulen tal cantidad de centímetros no implica necesariamente una desventaja determinante en términos de habitabilidad y capacidad de carga, por lo que pueden cumplir perfectamente con las funciones de tipo familiar para las que han sido concebidos; con las ventajas añadidas de que su mayor compacidad les otorga una manejabilidad superior y de que en algún caso vamos a encontrar importantes diferencias en los precios de venta respecto a modelos más grandes, cercanos 4,75 metros.

Cuenta el interior. Sin duda, el que mejor partido saca de su tamaño es el Octavia. Siendo el más corto, y con mayor diferencia el de menor batalla de este trío, la berlina checa maneja como ninguna la fórmula de la optimización del espacio para proponer un habitáculo tremendamente desahogado en cuanto a espacio para las piernas y la cabeza de los pasajeros traseros, alcanzando cotas equiparables a las de berlinas de 4,80 metros.Ni el Skoda, ni sus dos rivales, van a permitir el acomodo que se merecería el ocupante de la plaza central posterior, pero no parece justo exigirles lo que sus contrincantes más grandes tampoco son capaces de satisfacer.
No contento con disfrutar de una más que notable capacidad interior, el Octavia destapa también el tarro de las esencias del maletero. Es el único de los tres con portón, lo que facilita las tareas de carga sobre todo de objetos voluminosos. Con sus 560 litros de capacidad le pinta la cara al rival que se ponga por delante.
Sin llegar a estos niveles, el Cruze y el Lancer ofrecen igualmente un habitáculo apto para cuatro adultos, aunque los dos, bajo una configuración de tres volúmenes, se alejan del Octavia en cuanto a capacidad de carga.
Los 450 litros declarados por el Chevrolet son un registro suficiente para atender la mayor parte de las necesidades de una familia corriente; no tanto los 377 litros del japonés, aunque se trata de una circunstancia que pierde relevancia en este caso al tratarse de un modelo con una inspiración algo más deportiva y con una vocación más juvenil que la de sus dos oponentes.
Lo que no se puede justificar son otros pecados de este modelo, como que la moqueta que recubre el piso del maletero -bajo ella y separando el hueco de la rueda de repuesto aparece una lámina como de contrachapado de aspecto pobre- vaya prácticamente suelta, o que la parte interior superior deje al descubierto tan evidentemente partes salientes metálicas; esto al margen de que su boca de carga resulta estrecha y que las formas del cofre sean bastante irregulares.

Compactos pero matones. Al combinar unas dimensiones contenidas con propulsores turbodiésel de 140-150 caballos obtenemos unos resultados brillantes en la valoración conjunta de prestaciones y consumo, un aliciente más para explotar su faceta como turismos familiares.
En este sentido destacan las cifras registradas por el Lancer en ambos apartados. Compartiendo motor con el Skoda, el bloque Volkswagen de dos litros y 140 caballos con tecnología inyector-bomba -se espera que la gama Octavia acoja las nuevas unidades “common rail” a lo largo de este año-, el japonés obtiene unas mejores aceleraciones con un gasto más ajustado, circunstancia ésta que se explica por la presencia en el checo del cambio de doble embrague DSG, más confortable y con transiciones entre marchas rápidas y efectivas, que mantiene el nivel de prestaciones del manual pero elevando el consumo alrededor de medio litro de promedio .
El carácter de este propulsor es de sobra conocido y su definición vale tanto para el Mitsubishi como para el europeo: una respuesta algo frágil hasta las 1.600-1.700 vueltas y a partir de ahí un derroche de fuerza que deja siempre patente la sensación de potencia bajo el pedal del acelerador. La entrega de par se manifiesta con cierta brusquedad a partir del régimen indicado, contrastando así con la homogeneidad en el despliegue de los caballos que escenifican los motores de raíl común, y su funcionamiento no resulta tan refinado ni dulce como el de éstos.
En este sentido se abre una importante brecha entre el Skoda y el asiático que deja bien a las claras las diferencias en el trabajo de insonorización realizado sobre cada uno de ellos. El primero, a pesar de sus limitaciones, mantiene la compostura y permite realizar todo tipo de desplazamientos sin que el ruido acabe penalizando el confort de marcha, mientras que en el Lancer la sonoridad hace un fuerte acto de presencia en el habitáculo en todo momento, y no sólo la mecánica, también la de rodadura, lo que combinado con las perceptibles vibraciones que se trasladan al interior hacen del confort de conducción uno de los puntos débiles de esta berlina.



Si es por agrado de marcha y sonoridad, la mejor respuesta la encontraremos a los mandos del Cruze, un alternativa muy adecuada para viajar plácidamente. Equipa un motor de raíl común también de dos litros pero con diez caballos más, 150, de funcionamiento muy suave y fino, pero que acusa más claramente que sus dos rivales la falta de garra a bajo régimen.
Como en ellos, la llegada del torrente de par es repentina y se deja notar mucho el efecto del turbo, si bien su rango de utilización no es muy amplio teniendo en cuenta lo que tarda en empezar a empujar de verdad y que todo su fuelle expira antes de las 4.000 vueltas. Eso sí, tras pasar por un medio régimen bastante notable en cuanto a respuesta.
El norteamericano aparece en escena con un cambio de sólo cinco velocidades, frente a las seis de Lancer y Octavia, y aunque sus desarrollos se han alargado considerablemente -su quinta es muy similar a la sexta de los otros- el Lancer no consigue contener el consumo todo lo que desearíamos. Además, la conjunción de unos desarrollos largos y el vacío de fuerza a bajo régimen obliga a tirar de cambio con mayor asiduidad y a estirar más las marchas para no entrar en zonas de vacío al insertar una superior.

Juegos de equilibrio.
Si tuviésemos que equilibrar una balanza en función del compromiso alcanzado entre confort y comportamiento mostrado por cada uno de ellos, situaríamos al Octavia en el justo medio, secundado por el Lancer en el lado más deportivo y dejando al Cruze en el extremo más burgués.
Nada menos que sobre la reconocida plataforma del Golf, Skoda propone un modelo que absorve las irregularidades del firme con total naturalidad y permite una conducción de lo más fácil y segura. En definitiva, justo lo que anda buscando su público objetivo. Las suspensiones contienen bien los posibles vaivenes de la carrocería y los giros se afrontan con tal aplomo y serenidad que el conductor llega a crecerse al volante.
El Lancer sedán también ofrece buenas maneras sobre el asfalto, acentuando la dinámica de marcha. Para ello dispone de unas suspensiones de tarado más firme que, afortunadamente, no castigan el confort de rodadura, así como de una dirección rápida y precisa y un magnífico tacto del cambio, casi deportivo, aunque apunta en su debe la respuesta del equipo de frenos.
Finalmente, el Cruze deja abiertos algunos interrogantes a pesar de la apreciable evolución respecto a modelos precedentes. Cumple en confort, con una suave amortiguación que se las apaña perfectamente para aislar el habitáculo del asfalto, pero enfrentado al examen de las curvas suspende en agilidad por culpa de un tren delantero torpe a la hora de inscribirse en los giros. Tampoco encuentra la adherencia necesaria en sus neumáticos Hankook y las distancias de parado, aunque algo mejores que las del Lancer, también deberían pasar la reválida.

Si es por dinero... Puede que sea el criterio económico el que nos mueva a decantarnos por un vehículo de tamaño más compacto. En tal caso, la elección parece clara: el Cruze. En términos brutos, es el que brinda la mejor relación tamaño-potencia-precio. La versión LS+, la más económica ligada al turbodiésel de 150 CV, tiene algunas lagunas en su dotación de serie -aire acondicionado en lugar de climatizador, sin control de crucero, etc, aunque sorprende con el sensor de parking trasero-, pero es que por menos de 19.000 euros no se puede pedir más.
El Lancer, bajo su acabado intermedio Intense Tech, se apunta algunos tantos incluyendo los sensores de luces y lluvia, el cargador frontal del CD’s y el Bluetooth con control por voz, mientras que el Octavia, Elegance 2.0 TDI acusa en su precio el valor de la caja DSG, contando con un valor en equipamiento similar al que ofrece el japonés.





.