SOLUCIONES REALES
Los monovolúmenes compactos se han convertido en el recurso de moda para las parejas jóvenes que tienen que desplazarse con uno o dos hijos a lo sumo, pero cuando la descendencia es más numerosa o los suegros también se apuntan a nuestras vacaciones las necesidades de espacio exigen respuestas claras y contundentes, nada de medias tintas.
La incógnita de la ecuación se despeja acudiendo a cualquiera de los monocuerpos de gran tamaño que ofrece el mercado. Una categoría, por cierto, necesitada de savia nueva, puesto que desde el lanzamiento de la última generación del Ford Galaxy a finales de 2006 y la renovación del Chrysler Grand Voyager el pasado año, las novedades han brillado por su ausencia.
Los nuevos aires llegan a la categoría de la mano de Dodge, que con el cuarto modelo de su catálogo europeo, el Journey, se acerca más que nunca a los estándares automovilísticos establecidos en el Viejo Continente.
Estéticamente es un producto rotundo, con una fuerte personalidad pero sin llegar a la exultante musculosidad que lucen sus hermanos de marca. Por diseño exterior se podría asemejar más al Galaxy, dada su apariencia voluminosa, que al Grandis, con un dibujo más dinámico fruto de su menor longitud y altura.
Los tres para siete. El nuevo Journey nos invita a su interior con todos los honores, abriéndonos ampliamente sus puertas traseras hasta un ángulo de 90 grados; pero cuidado, son muy livianas y a poco que apliquemos sobre ellas más fuerza de la debida impactarán en las paredes o en los coches aparcados a los lados.
Una vez dentro del habitáculo apreciamos la configuración habitual para este tipo de vehículos de 2+3+2 plazas que también comparte con sus dos rivales, con el matiz, importante matiz, de que en el Ford los tres asientos de la segunda fila son independientes y del mismo tamaño, mientras que en el Dodge y el Mitsubishi encontramos una banqueta dividida en una proporción 60/40.
En éstos la plaza central resulta más incómoda dada su estrechez y su duro mullido -hay que reseñar que el japonés prescinde de la consola central y abre un hueco mayor para colocar las piernas en esta zona-, aunque a cambio compensan a los pasajeros de las plazas laterales con unos asientos más amplios que los ofrecidos por el de la marca del óvalo.
Utilizables. Por su parte, las dos butacas que conforman la tercera fila de asientos también son de menor tamaño en el Galaxy, deparando una sensación de provisionalidad o de emergencia que no se aprecia ni en el Journey ni en el Grandis dadas las generosas medidas de estos asientos. En cualquier caso, los tres están capacitados para acoger a un par de adultos con la comodidad necesaria.
Las operaciones para el plegado y replegado de estas dos plazas encuentran sus mayores dificultades a bordo del Ford. En él se hace necesario actuar independientemente sobre el respaldo y la banqueta, así que tendremos que meternos tanto en el maletero como desplazarnos hasta las puertas laterales correspondientes para poder operar sobre ellos.
En el Dodge todo es mucho más fácil. La banqueta siempre permanece fija y basta con accionar un tirador para extraer u ocultar los respaldos, mientras que el japonés también requiere de un solo movimiento para esconderlos, pero necesita otro más para extraerlos, aparte de colocar finalmente los dos reposacabezas.
Respecto a las posibilidades de modularidad interior, los tres permiten el desplazamiento longitudinal de los asientos de la segunda fila y la regulación de los respaldos en todas sus plazas, si bien el Mitsubishi se apunta un tanto en este apartado al brindar la posibilidad de rotar las dos butacas traseras e incluso de disponer de sendas camas utilizando a su vez la fila central.
Cualquier familia encontrará en el habitáculo de nuestro trío de protagonistas un espacio interior lo suficientemente generoso para acomodarse con total comodidad en todas sus plazas, incluidas las dos de la tercera fila como ya hemos comentado. Pero el rey del espacio en esta comparativa tiene nombre y apellido propio: Ford Galaxy. Y es que el monovolumen americano se impone con claridad en todas las mediciones interiores, anchura, altura y espacio para las piernas.
No así en maletero, donde cede el puesto de privilegio al Grandis. A pesar de su menor tamaño, el oriental sabe sacarle partido a la mayor profundidad de su cofre de carga para firmar un volumen de 320 litros con todos los asientos activos y de 940 en configuración de cinco plazas, seguido por el Ford, con 308 y 830 litros y finalmente el Journey con unos registros más contenidos de 155 y 783 litros y la criticable ausencia de una bandeja cubreequipaje.
Pero la propuesta de Dodge compensa el menor espacio ofrecido por su maletero con multitud de soluciones portaobjetos salpicadas por todo su habitáculo para hacer más fácil la vida a bordo, y que van desde los dos cajones estancos bajo el piso en ambos extremos de la segunda fila, en los que caben hasta 12 latas de bebida de 33 cl, el cajón bajo la banqueta del asiento del copiloto o la doble guantera en el salpicadero.
Ford pone la calidad. Por calidad de realización y puesto de conducción, el Galaxy nos parece el modelo mejor logrado. Puede presumir de contar con los mejores materiales, los ajustes más certeros, una perfecta ergonomía en la disposición de sus mandos y los reglajes de volante y asiento oportunos.
En el Dodge se aprecia un importante esfuerzo en términos de calidad respecto a los niveles ofrecidos por el resto de la gama. Los plásticos duros tienen una apariencia mejor y la parte superior del salpicadero se ha recubierto con un material de mullido blando, pero excesivamente blando para poder equipararse con el del monovolumen americano; por otra parte, la disposición muy retrasada de la palanca de cambios se postula como el punto más negativo de su puesto de conducción.
En el Mitsubishi no hay concesiones a los plásticos blandos. Todo es duro y de apariencia sencilla, deparando una sensación más pobre que la de sus rivales. Su puesto de conducción sería el más próximo al de un turismo dada su menor altura, mientras que la ausencia de la consola central acrecienta la sensación de espacio y desahogo en las plazas delanteras. Carece de regulación lumbar en el asiento del conductor y la columna de dirección no es ajustable en profundidad, pero ello no impide que logremos con facilidad una postura óptima al volante.
En el mismo margen. Entre los monovolúmenes de gran tamaño el porcentaje de modelos diésel supera claramente la media del mercado y los 140 caballos parecen marcar la referencia de potencia para la mayoría de ellos. Tanto Mitsubishi como Dodge han tenido que recurrir a los servicios del grupo Volkswagen para poder equipar un propulsor turbodiésel en sus respectivas gamas, el TDI de 2.0 litros de tecnología inyector-bomba, mientras que Ford le sigue sacando partido a su motor common rail de 2.0 litros fruto de la colaboración con PSA.
Con estas cotas de potencia bajo el vano motor no se presentan problemas para mover con soltura las 1,7 toneladas de peso que dan de media en báscula nuestros tres protagonistas. De todos modos, la mecánica TDCi del Galaxy, con 10 Nm más de par que sus rivales, depara un rendimiento redondo al imponerse en prestaciones, suavidad de funcionamiento y elasticidad al estirar su empuje por encima de las 4.500 vueltas.
Tanto él como el Grandis se muestran más proclives a responder con determinación desde la zona baja del cuentavueltas, mientras que el Journey, el último de la fila en lo que a prestaciones se refiere, parece más remiso a la hora de desplegar su fuerza por debajo de las 2.000 revoluciones.
El Mitsubishi fuerza su rendimiento y mejora sus recuperaciones respecto al Dodge a través de unos desarrollos más cortos que si bien no inciden en un consumo apreciablemente mayor sí que acrecientan el tacto áspero de un motor que deja lo peor de si en el ruido y las vibraciones que transmite al habitáculo.
A pesar de compartir mecánica, el monovolumen de Dodge es más comedido en este sentido que el Grandis. En uso urbano y al pisar el acelerador la sonoridad es evidente, pero a velocidades mantenidas esta circunstancia se mitiga hasta el punto de mantenerse en unos niveles aceptables de confort, aunque evidentemente sin llegar a la altura del Ford, que marca la pauta en refinamiento y suavidad de marcha.
Por lo que se refiere a los consumos los tres se mueven en unos términos muy similares, así que este capítulo no aporta nada a la hora de decantarnos por uno u otro modelo.
Al entrar a valorar su comportamiento en carretera tenemos que tener muy en cuenta que el tamaño y el peso de estos vehículos no nos permitirán darnos grandes alegrías fuera de los trazados amplios y rápidos de autopistas y autovías. Aquí despliegan todas sus virtudes de confort por medio de un tarado suave de suspensión, pero llegada la hora de una mayor exigencia sus chasis pueden sorprender con una efectividad mayor de lo esperada.
En el caso del Grandis, sus cotas más contenidas de longitud y altura le otorgan una mayor facilidad de conducción, cerca de lo que podría ser una berlina media, y mejores papeletas para enfrentarse con solvencia a las zonas de curvas.
Dada su menor altura resulta menos proclive a soportar balanceos acusados de su carrocería, si bien esta circunstancia tampoco parece resultar un problema insalvable ni en el Galaxy ni en el Journey.
Siendo el más alto del trío, el Ford contiene bien las inercias y los movimientos de la carrocería apoyado por la suspensión deportiva y autonivelante trasera, ambas de serie en esta versión, que le confieren un comportamiento neutro y de lo más estable; el Dodge, por su parte, ha dado con un tarado de suspensión adecuado para garantizar un alto nivel de confort y un comportamiento aceptable, mejor de lo que esperábamos a priori, aunque echamos en falta una mayor determinación en el tren delantero para inscribirse en las curvas. Por otra parte, los dos americanos gozan de una dirección más fiable y precisa que la del japonés.
Ganga Grandis. Tomando en consideración los niveles de equipamiento más altos de sus respectivas gamas, el modelo de Mitsubishi parte con ventaja en el apartado económico al presentarse con un precio de venta recomendado inferior al Journey en unos 3.000 euros y en más de 6.400 respecto al Galaxy.
El Grandis disfruta de serie de elementos tremendamente interesantes como los faros de xenón, el doble techo solar y el sensor de parking trasero, si bien carece de otros más habituales (sensores de luces y lluvia, climatizador dual...) y reduce su lista de opciones a la pintura metalizada.
La dotación del Journey también presenta alguna laguna referida a elementos comunes de equipamiento pero a cambio encontramos la tapicería de cuero con calefacción en los asientos delanteros y regulación eléctrica para el del conductor, conexión bluetooth, llantas de 19 pulgadas o el climatizador automático de tres zonas.
El Galaxy, finalmente, goza de la lista más completa entre elementos de serie y opcionales. Respecto al Dodge equilibra la balanza de equipamiento añadiendo alguna novedad como el airbag de rodilla en el lado del conductor, la suspensión deportiva y autonivelante o los faros adaptativos, aunque por otro lado exige un desembolso extra por alguno de los elementos de serie descritos anteriormente para su compatriota.