ESCALONADOS
Hoy día y con las cosas como están no es descabellado retrasar la compra del coche. Pero hay veces que es imposible y se hacen todos los esfuerzos posibles para que, al menos, la compra salga lo más barata posible. Para los que están en este difícil momento económico presentamos tres propuestas que podríamos escalonar desde el punto de vista de la representación o, al revés, desde el lado del ahorro.
Tres inteligentes propuestas que vienen a ofrecerse en laderas distintas de la loma de las ventas. Mientras que el Ssangyong Kyron representa la oferta económica más atractiva, en Toyota y Volkswagen se incrementa su precio según suben sus aspiraciones motivacionales. Como bien explicaron los responsables de Volkswagen en la presentación de su Tiguan R-Line, la pretensión es situarse en el nivel del BMW X3.
Dicho y hecho, aunque quede algo por caminar todavía. El Tiguan R-Line tiene una presentación interior algo más lujosa y atractiva que sus rivales, amén de unos materiales de mayor calidad de los que podemos encontrar en sus oponentes. Toyota también hace una apuesta por materiales de tacto suave pero en algunos paneles se deja materiales más duros. El Ssangyong evidencia su menor coste de adquisición nada más abrir las puertas, pues percibimos materiales duros al tacto, lisos (a los europeos parecen gustarnos más los rugosos) y unos plásticos que aparentan peor calidad.
Bien es cierto que la versión Limited del Kyron quiere llamar la atención de sus visitantes con un equipamiento completo y lujoso. El cuero está dentro de su dotación, igual que los asientos calefactables, elementos que también forman parte de la equipación del RAV4. En este sentido cogen al Tiguan un poco a traspié por utilizar la política “el que lo quiera que lo pague” que encarece más el producto final si queremos igualarlo a equipamiento con sus rivales, haciendo además que se incremente la jugosa diferencia de dinero que hay entre Kyron y Tiguan, 2.850 euros. En cambio, al RAV4 y al Tiguan sólo les separan 210 euros, una cantidad que pudiera resultar despreciable a nuestros bolsillos en favor del diseño, los marquismos o simplemente el que nos parezca mejor.
Imagen o espacio. Mientras que el Tiguan quiere ganar la batalla a sus oponentes por la imagen, el Kyron lo hace a través del espacio. El hecho de ser más grande, supera en 30 centímetros la longitud de sus rivales y en siete la anchura, le hace tener todos los posibles para ofrecer más espacio. Así lo hace ganando en todas las cotas de habitabilidad. Si nos referimos a maletero su capacidad es aplastante, nada menos que 625 litros frente a los brillantes 475 del RAV4 y los escasos 395 de Tiguan.
No muy lejos queda el Toyota en términos de aprovechamiento de espacio, quien a unas medidas más compactas que el Volkswagen saca mayor partido y regala a sus ocupantes unos centímetros más de espacio. Pero este aprovechamiento se vuelve magnífico si lo comparamos con las cifras del Kyron, que a pesar de sus mayores dimensiones, como hemos dicho, no saca mucho más provecho que una extraordinaria capacidad de maletero.
Tanto Toyota como Volkswagen quieren mejorar su habitabilidad y modularidad interior con la fila trasera deslizante, un truco muy bueno para en condiciones normales tener un poco más de espacio para las piernas o, si necesitamos maletero por una compra mensual o unos días de vacaciones, basta con adelantar la fila trasera de asientos.
En confort para sus ocupantes Toyota da un paso más allá al ofrecer un piso plano, con lo que el pasajero central de la fila trasera va más cómodo al no tener túneles de transmisión que molesten.
En lo que se refiere a aspectos prácticos, los tres interiores están bien resueltos. En todos encontramos huecos para dejar la impedimenta y llevar la colección de cosas que todos los usuarios dejamos en el coche.
Dinámica clara. Como hemos dicho el Tiguan quiere comerle terreno al X3, y para ello ha hecho del comportamiento y actitud dinámica su bastión. Y vaya que si lo consigue. Logra niveles parecidos a los del X3, tanto por los contenidos balanceos de la carrocería y el aplomo de su chasis como por una dirección rápida y precisa que nos recuerda más a la de un Golf GTi que a un todo terreno.
El RAV4 apuesta por el asfalto. Es donde más se va a disfrutar y más partido se le puede sacar, pero con unas suspensiones algo más blandas que benefician el confort antes que el dinamismo. Aún así en el RAV4 es un coche que tiene mucho que decir, pues su dirección parece ganar por la mínima en tacto la del Tiguan.
Para el tercer escalón dejamos el Kyron, que si en cuestiones de precio ocupaba la primera posición en lo que se refiere a dinámica de conducción está menos evolucionado. Así, por ejemplo, su carrocería acusa unas inclinaciones mucho mayores, la dirección es menos precisa y rápida y el cambio automático de la versión probada no tiene la rapidez y suavidad que encontramos en el RAV4, también dotado de trasmisión automatizada.
De estos cambios hay que decir que cada vez están más logrados, pero el techo colocado por el DSG de Volkswagen está muy alto. Tanto el RAV4 como el Kyron disponían de mandos en el volante para el manejo secuencial, si bien las órdenes en el Toyota se cumplían con mayor rapidez. El Kyron además dispone de un mando en la propia palanca. En respuesta los dos presentan ciertos resbalamientos del convertidor, más notorios en el Kyron especialmente en tráfico urbano. El cambio del coreano es brusco en algunos pasos de marcha, especialmente si queremos ir ligeritos, donde abusa además de las marchas más cortas. Esto merma el confort pues sube de vueltas el motor aumentando la rumorosidad que llega al interior.
Si el cambio tiene ciertas lagunas, éstas no aparecen en el motor. Un voluntarioso XDi dos litros de 136 caballos que rinde un par de 300 Nm a 1.800 revoluciones, mueve como puede un peso total de casi dos toneladas y, por supuesto, no encontramos la brillantez en prestaciones -no solo aceleración pura- que los otros dos modelos traídos a la comparativa manifiestan.
El Toyota además de unos pocos caballos más de potencia, 150, tiene una mayor cilindrada y eso hace que corra un poco más aunque también resulte un poco más gastón que el Tiguan, cuyo motor Volkswagen sigue estando en primera línea en todos los apartados de rendimiento.

La decisión final de compra dependerá de si nuestro fundamento principal es económico -aquí el Kyron no tiene rival- o nos movemos más por cuestiones de imagen o de marca, donde la pelea entre RAV4 y Tiguan resultará mucho más reñida e igualada.