COMPARATIVAS
FORD KUGA 2.5 T / SUZUKI GRAND VITARA V6


BUSCANDO LA DIFERENCIA

Inicialmente ambos modelos sólo se pusieron a la venta con motores turbodiésel -la moda lo primero- o con una versión “básica” de gasolina para variar un poco la gama. Ford apostó sólo por el diésel y más tarde completó la familia con este modelo de tinte deportivo que, además, establece mayores diferencias económicas entre los diésel y los gasolina. El 2.5 T de 200 caballos busca un comprador al que le gusten las sensaciones deportivas. En cambio, en Suzuki se apuesta por el motor atmosférico V6 de gasolina pero desde el prisma de la suavidad y el refinamiento, buscando algo más distinguido que el diésel, como demostrará también con el equipamiento.
Muy pocos serán los que se decanten por un todo terreno de gasolina, pero los que lo hagan deben saber que están frente a coches en los que el consumo de combustible no debe importar. Estos coches gastan, y lo hacen sin contemplaciones sea en el recorrido que sea. El ordenador de a bordo nos muestra sin reparos consumos en torno a los 12 litros, lo que en determinados momentos, junto a los radares, nos puede coartar de sacar partido a las magníficas posibilidades que nos ofrecen sus propulsores.

Apuestas distintas. Y es que entre ambos, a pesar de superar los 200 caballos de potencia, hay un mundo en lo que se refiere a arquitecturas. Mientras que el americano se inclina por el motor de cinco cilindros en línea turboalimentado, el japonés se centra en la más refinada arquitectura V6.
El grupo Ford apuesta por un motor explosivo, no olvidemos que es el mismo de las versiones más deportivas tanto de Ford como de Volvo, en el que cuando entra el turbo sale como un disparo. Frente a otras unidades turboalimentadas, en ésta tenemos muy buen funcionamiento en bajos, de modo que se puede circular en marchas largas en ciudad buscando un mayor ahorro de combustible.
Suzuki, por su parte, se inclina más por la suavidad contundente de los motores de seis cilindros, en los que la eficacia es contenida hasta que decidimos desmelenarnos con un pisotón al acelerador.
Ambos motores están asociados a cajas de cambio automáticas de cinco relaciones, con posibilidad de manejo manual/secuencial en el Ford. En este terreno se nota algo de mayor experiencia en el americano pues el binomio motor/cambio funciona con mayor suavidad y rapidez que el conseguido por el fabricante japonés.
Además de un funcionamiento más suave de cambio, el Kuga supera al Vitara en el apartado de la sonoridad, mucho más contenida y más afinada. Cuando pisamos a fondo el motor del Ford nos deleita con un sonido que anima en la tarea.
Desde el punto de vista prestacional son igual de satisfactorios, algo más el Grand Vitara pues es 32 caballos más potente, algo que el Kuga sabe compensar con las reacciones de su motor sobrealimentado.

Orígenes distintos. Puertas adentro, y desatendiendo si tal o cual nos parece más atractivo, se nota que las manos de Ford han realizado un coche más pensado para el público en general, con una dotación de gama superior, mientras que en Suzuki no han dejado de lado su tradición de todo terreno. Esto se nota en todo el habitáculo. Mientras que el nipón tiene un diseño menos vistoso, a pesar de haber sido convenientemente revisado hace unos meses, el Ford es mucho más moderno y fresco, además de emplear unos materiales si no de superior calidad, sí mucho más atractivos a la vista.
Además de esto hay que apuntar un habitáculo mucho mejor silenciado y aislado, donde las vibraciones llegan mucho más mitigadas. Y en esto el Suzuki, quizá por ser más un todo terreno que un SUV, queda detrás, al disponer de un habitáculo con menor aislamiento acústico y mayores vibraciones.
Por otro lado, muestran distintos caracteres en lo que se refiere a comportamiento. El Kuga tiene un planteamiento de coche de calle, se tiene tanto como un Focus y gracias a unas suspensiones más firmes en este 2,5 T las inclinaciones se aprecian poquísimo, de ahí que digamos que sea la versión adecuada para los que buscan la deportividad en la conducción. Además, y gracias a unos neumáticos de perfil bajo, la dirección es rápida y precisa, con unas sensaciones que no cabría esperarlas de un recreacional y sí de un turismo.
El Grand Vitara también recibe nuevos tarados de suspensión para digerir convenientemente el incremento de potencia, llevado a 232 caballos en el V6, pero no se muestra tan firme como el Kuga y eso que la unidad de la que disponíamos tenía neumáticos puramente asfálticos y no unos mixtos como hemos disfrutado en otras ocasiones.

¿SUV o TT?
Este es el quid de la cuestión en esta comparativa. La orientación de ambos es absolutamente distinta y se nota desde los primeros compases de la marcha. La orientación asfáltica y familiar del Kuga le pasa factura en cuando abandonamos la manta gris, y sus cortos recorridos de suspensión, amén de una suspensión más firme, en terrenos muy bacheados resulta incluso algo seca, no digamos ya si la pista por la que transitamos está muy estropeada, en tal caso y por el bien de nuestros compañeros de viaje debemos levantar el pie. Francamente, el Kuga 2.5 T es un turismo con una altura mayor de carrocería y tracción permanente a las cuatro ruedas, y cuya mayor concesión al todo terreno es el control de descenso.
En cambio, el japonés destapa su tarro de las esencias cuando abandona el asfalto. Ese comportamiento más blandito en carretera se torna definitivo en campo, pues las irregularidades de la pista se absorben mejor, evoluciona mejor cuanto más difícil es el terreno por el que circulamos y más disfrutamos del coche, no digamos si además toca echar mano de la ruleta en la que bloqueamos diferencial y afrontamos una verdadera conducción todo terreno.
Otra de las ventajas del Grand Vitara es que constituye una base ideal para hacer preparaciones TT de verdad, gracias a la robusted de su chasis y fiabilidad de sus órganos mecánicos. Frente a otros SUV compactos dispone de caja transfer y eso es un plus muy a tener en cuenta si nos queremos aficionar al TT.

Si en diseño hay diferencias, marcadas por los planteamientos, no las hay a la hora de valorar los equipamientos. Ambos modelos vienen servidos de sobra, tapicería de cuero y calefacción en los asientos delanteros, ordenador de a bordo, techo solar para crear un ambiente más luminoso y disfrutar más de las excursiones y un largo etcétera destinado a garantizar el máximo confort en todos nuestros desplazamientos.
Las posibilidades de mejorar el equipamiento son mayores en el Ford, que dispone de una lista más larga y de un programa de personalización, aunque el acabado Titanium, único disponible para el motor 2.5 turbo, viene con todo lo que hace falta y más. Pero bueno, se tiene acceso a un gran número de paquetes opcionales para completar de capricho nuestro nuevo coche.
En definitiva, se trata de dos modelos que tienen doble cara y sólo si el campo nos llama merecerá la pena realizar el desembolso extra que requiere el japonés, pues para el asfalto el más indicado es el Ford.