COMPARATIVAS
BMW X5 3.0 D / MERCEDES ML 350 CDI / PORSCHE CAYENNE D


AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS

Si hasta ahora la demanda de todo terreno de lujo diésel iba encaminada hacia los BMW, Mercedes y Audi, desde hace unos meses los ojos están puestos en otro, el Cayenne. En gasolina se sabía perfectamente que el deseado era el Porsche, pero en diésel todos han estado tranquilos viviendo un reinado apacible hasta que los ingenieros de Stuttgart han decidido dotar a su todo terreno de un motor alimentado con gasóleo. Desde ese día las cosas pintan muy distintas: se ha visto una revolución en el mercado todo terreno y otra en las propias carnes de Porsche. A nosotros nos interesa la primera; a los que se echan las manos a la cabeza con el primer Porsche diésel sólo un consejo, que se monten en él.
Para que la afamada marca de deportivos entrase en el mundo diésel se han dado dos razones interesantes. La primera, y menos importante, el peso comercial de los todo terrenos alimentados con gas-oil en los distintos mercados, lo cual no le importaba por la gran aceptación de su modelo de gasolina aunque fuese el que más gastaba; y, segundo, la estrecha relación entre Porsche y el Grupo Volkswagen.
Así, las sinergias de grupo le han permitido montar uno de los motores más brillantes del momento y afrontar de modo más solvente este periodo económico tan complicado. También con el Cayenne diésel Porsche consigue un descenso de los niveles de contaminación de cara a las nuevas normativas europeas.

Derroche. Y no solo por el precio, son un derroche de potencia, de contundencia, de confort, de lujo, de… Cualquiera de los tres constituyen un derroche en todo menos en consumo de combustible. En este apartado se comportan como unos verdaderos ahorradores.
Las sinergias de grupo han facilitado a Porsche montar el V6 de tres litros y 240 caballos tanto en el Audi Q7 como en el Volkswagen Touareg (ambos desarrollados en paralelo). En éstos es exquisito, pero más en el Porsche. La casa de Stuttgart ha retocado de forma leve pero determinante el punto del propulsor. No parece el mismo motor que conocemos de otros modelos, la respuesta al acelerador es más rápida sin tocar ni potencia ni par, que se entregan en los mismos regímenes que en sus “primos”. La culpa es de colectores de admisión y escape, los inyectores piezo-eléctricos y la última generación de raíl común, que consiguen una respuesta más inmediata y mejores consumos que sus rivales.
Es el cronómetro en quien ha caído la arriesgada tarea de dilucidar cuál de estos tres honorables ciudadanos corre más. Bajando de un coche y subiendo en otro cuesta dilucidar quién alcanza antes los 100 km/h desde parado, o cuál corre más en términos absolutos. Eso sí, las diferencias marcadas ante el crono son muy estrechas, y pasan prácticamente inadvertidas.
Si vamos al apartado de consumos, aspecto importante en un diésel y clave en su decisión de compra, Porsche vuelve a levantar la cartera a sus rivales (la batalla entre estos alemanes es encarnizada) aunque sea por décimas. Hemos de tener en cuenta que el Porsche pesa 200 kilos más (2,3 toneladas por las 2,1 de BMW y Mercedes) lo que supone un verdadero hándicap tanto para las prestaciones como para los consumos. En este sentido la aerodinámica tiene mucho que decir a favor del Cayenne.
También hay que buscar entre los responsables del consumo a las cajas automáticas que montan todos ellos, aunque solo las del Mercedes y el Porsche pueden operarse desde pulsadores en el volante. El cambio del ML es el único con siete velocidades (la magnífica 7G-Tronic) con lo que se consigue un mejor escalonamiento entre marchas.

911 de campo. Dos son las razones que avalan esta afirmación. Una, su facilidad de conducción y el buen comportamiento; dos, que el Cayenne es un verdadero todo terreno de lujo y no un recreacional. X5 y ML poco tienen que envidiar en el plano dinámico, es más, están muy cerca de lo que el Cayenne ofrece a su conductor. Pero siempre hay un momento en el que disfrutamos más del Porsche que de los otros, como cuando montamos en un M3 o en un CLK AMG y después en un 911. Hay ese algo que lo hace diferente, quizá sea rayando lo mitológico pero algo hay.
Todos se comportan de un modo parecido, absorben bien todas las irregularidades y muestran un aplomo fuera de lo normal. Si aumentamos el ritmo toleran una conducción rapidísima, casi de deportivo, salvando las diferencias de peso e inercias intrínsecas a vehículos tan pesados.
El BMW X5 pone su nota diferenciadora con la dirección de desmultiplicación variable. Las vueltas de volante son distintas dependiendo de la velocidad (por debajo de 50 km/h hay solo dos). Las unidades Mercedes y BMW probadas confían en una suspensión metálica convencional, de extraordinarios resultados en términos de efectividad pues consigue la firmeza necesaria para rodar rápido en carretera sin que en pistas resulten duros e incómodos al absorber perfectamente las irregularidades.
Porsche da un paso más allá al apostar por la suspensión neumática (3.200 euros extras). BMW no la tiene disponible mientras que en Mercedes hay que recurrir a un pack opcional de 2.204 euros en el caso del Airmatic, ó de 2.275 si optamos por el paquete técnico Off Road-Pro.
Las suspensiones neumáticas son el elemento determinante para lograr que estos coches nos gusten tanto en el campo como en el asfalto. En Mercedes el pack Off Road incluye bloqueos de diferencial delantero y trasero, reductora y protección de bajos. Todo lo que el Porsche nos brinda de serie. La diferencia es que mientras el Porsche es un todo terreno es estado puro (como diría el otro) el ML es un SUV con la posibilidad de mejorar sus condiciones camperas. Esto se nota en cómo evolucionan uno y otro en campo, en la naturalidad con la que el Porsche se enfrenta y salva los obstáculos más complicados. Una monta de ruedas más técnica y no unos puramente asfálticos convierten al Cayenne en el arma definitiva tanto en asfalto como en campo.

A todo lujo. Con facturas de compra por encima de los 60.000 euros no se puede pedir menos. Ninguno de los tres defrauda en este sentido, e incluso nos sorprende que el Cayenne ofrece de serie la tapicería de piel (sólo con ella se reduce mucho la diferencia de precio a igualdad de equipamiento). BMW orienta sus opciones hacia el confort y la carretera, no como Mercedes y Porsche, que gracias a los paquetes off road puede dar una orientación campera a sus vehículos.
La pequeña diferencia de precio existente aconseja cometer una locura y regalarle a nuestra plaza de garaje un Porsche. El Cayenne diésel resulta bastante “accesible” respecto a sus rivales y de verdad que compensa los 3.000 euros de sobreprecio.