Como ya deja entrever su denominación, el GranTurismo responde a un concepto de coche más cercano al de modelos como el Jaguar XKR, el BMW 650Ci o el CL500 de Mercedes que al de los superdeportivos firmados por sus compatriotas Ferrari o Lamborghini.
Se trata de un coupé de cuatro plazas bajo la configuración tradicional de motor central delantero y propulsión posterior, que sin renunciar a la deportividad que garantizan sus más de 400 caballos apuesta por un formato de mayor elegancia, funcionalidad y confort para llegar hasta aquellos clientes que ven en la opción Ferrari, hermana dentro del grupo Fiat, una alternativa tal vez demasiado radical.
Mejor por fuera. Seguro que la mayoría de nuestros lectores compartirán con nosotros la admiración por su diseño exterior. El lápiz de Pininfarina ha trazado un dibujo magistral que combina en perfecta armonía elegancia y poderío, y tal vez por ello nos sorprende todavía más cómo se ha podido descuidar la realización del interior en algunos detalles, como puede ser la incorporación de un equipo multimedia (audio, ordenador, navegación y teléfono) calcado al que puede montar cualquier vehículo de Peugeot o Citroën, o una parte superior del salpicadero que inunda el parabrisas de continuos reflejos.
Por lo demás, su habitáculo nos envuelve en acabados de cuero con la posibilidad de crear ambientes únicos y a medida de cada cliente gracias a la extensa gama de materiales y combinaciones de color que nos ofrece Maserati. Los asientos delanteros, por su parte, sujetan a los ocupantes en su justa medida, sin apreturas, cuentan con regulación eléctrica para brindar una postura de conducción óptima y disponen de un sistema eléctrico de acceso fácil a la fila trasera, muy cómodo pero que puede acabar con nuestra paciencia por la lentitud con la que ejecuta los desplazamientos.
Sus asientos posteriores hacen de él un coupé de lo más funcional. Perfectamente delimitados y con un agarre lateral en las butacas tal vez excesivo, tienen la capacidad de acoger a dos adultos de talla media con la comodidad necesaria para afrontar desplazamientos de larga distancia, sin que sus rodillas rocen con los respaldos delanteros ni la cabeza con el revestimiento del techo.
Ángel y demonio. Una de las grandes virtudes de este modelo radica en su capacidad para hacernos disfrutar de igual modo tanto de una experiencia al volante de lo más deportiva como de una conducción más burguesa y relajada.
De hecho, su contundente motor atmosférico V8 4.2 litros de 405 caballos procedente de Ferrari está particularmente afinado para contener el consumo de combustible -en la medida de lo posible- y para propiciar una conducción suave, sirviéndose para ello de un sistema de lubricación con cárter húmedo que reduce el número de bombas en funcionamiento y por tanto contiene en mayor medida la rumorosidad mecánica.
Esto no quita que nada más arrancar el propulsor del GranTurismo diga “aquí estoy yo” y se presente con un fuerte rugido típicamente deportivo. De entrada, no se muestra radical en el despliegue de su potencia. No es de aquellos modelos que dejan pegada la espalda del conductor al respaldo con unas salidas fulgurantes ni tampoco sorprende por una fuerza descomunal a bajo-medio régimen. Evidentemente, se defiende con solvencia en cualquier zona del cuentavueltas, pero el éxtasis llega a las 5.000 rpm, donde empieza el empuje con mayúsculas hasta las 7.200.
El cambio automático ZF de 6 etapas también responde a esta doble cara de prestaciones deportivas y conducción placentera. En modo automático (D) permite un uso más agradable y relajado y si queremos apurar la máquina al máximo, contamos con dos grandes levas en la columna de dirección, muy a mano y que permiten unos cambios de marcha rapidísimos. ¡Cualquiera diría que se trata de un convertidor de par hidráulico convencional! La guinda del pastel la pone una tecla Sport que propicia una respuesta más directa del acelerador y mantiene el cambio en regímenes más elevados.
Mejor de lo esperado. En materia de comportamiento el GranTurismo nos tenía reservada alguna sorpresa. Ya contábamos con que se desenvolvería muy bien en vías amplias y rápidas básicamente por sus grandes dimensiones, batalla y ancho de vías incluidas, pero no esperábamos las maneras que ha demostrado ante la prueba de las curvas lentas y cerradas.
Buena parte de culpa la tiene una distribución tremendamente equilibrada del peso, 49/51 a favor del eje trasero, contando además con las ayudas extra de un diferencial autoblocante y de la amortiguación regulable Skyhook (2.746 e) con tarado deportivo a través de la tecla Sport antes mencionada.
El tren trasero es preciso en sus movimientos y muy reacio a la hora de perder motricidad, mientras que al delantero le cuesta algo más inscribirse en el trazado de la curva. En líneas generales el GranTurismo no es un coche que deba asustar a su conductor ya que viene avalado por unos altos niveles de estabilidad.
Por lo que concierne a la dirección y los frenos, tal vez estén un escalón por debajo del rendimiento ofrecido en otros deportivos de altas prestaciones.
Su precio está en línea con lo que marca el mercado tratándose de un producto de tal exclusividad, y por lo que respecta a su equipamiento lo más destacado de su dotación de serie lo encontramos en la tapicería de cuero, los asientos eléctricos, los faros bixenón adaptativos, los sensores de parking traseros y el sistema multimedia que incluye navegador, disco duro de 30 GB y reconocimiento de voz.