FERRARI CALIFORNIA
BELLA MACCHINA  
En el California, uno de los Ferrari más innovadores de todos los tiempos, se combina el confort de un gran turismo y los modales de un súper deportivo. Y con la posibilidad de disfrutar de todo ello a cielo abierto  


Un día a bordo del último Ferrari en ver la luz nos ha bastado para comprobar cómo la marca italiana ha sido capaz de impregnar con el ADN de carreras a todo un Gran Turismo, lo que es realmente este Ferrari California.Y es que resulta un coche perfectamente utilizable a diario, incluso en ciudad, y a la vez puede ser una máquina de precisión para una jornada de conducción en circuito.
Estamos ante un Ferrari algo diferente al resto. A nivel tecnológico ha abierto muchas puertas en la marca de Maranello. No en vano, ha sido el primer Ferrari en montar un motor gasolina de inyección directa (un V8 atmosférico derivado del bloque del F430 situado, como novedad, en posición delantera). Además, estrena en la marca la caja automática de doble embrague (de siete velocidades) y la suspensión trasera multibrazo. Finalmente y por primera vez en su historia, Ferrari ha adoptado un techo duro de accionamiento eléctrico que en apenas 15 segundos transforma al coupé en un elegante cabrio. Según la configuración elegida dispondremos de un maletero de 240 o 340 litros de capacidad.

A todas estas primicias técnicas hay que sumar el especial toque de diseño vanguardista que ha dado Pininfarina a este modelo y que ahora tiene continuidad con el “galáctico” aspecto del próximo Ferrari: el 458 Italia.

Multiusos. La otra novedad recae sobre el planteamiento general del coche. El California no es un deportivo tan radical como el resto de Ferrari, aunque carácter no le falta, desde luego. Lo que más sorprende es la comodidad con la que podemos movernos a sus mandos si nos tomamos las cosas con calma. El chasis es bastante benévolo, siempre que el asfalto esté en buen estado, y la elasticidad del V8 permite viajar a medios regímenes con total comodidad. No en vano, el motor entrega ya el 75 por ciento del par máximo a 2.250 rpm; a ritmos de paseo ya disfrutamos de mucho potencial en este 2+2 (las traseras sólo son aptas para niños, aunque pueden pedirse adaptadas para ganar espacio portaequipajes).
Con todo, la identidad de un Ferrari emana de la competición y el California, por mucho carácter lúdico o Gran Turismo que muestre en algunos aspectos, en seguida saca su casta de purasangre. Algo que ya comprobamos nada más apretar el botón de arranque (previo accionamiento del contacto con la llave tradicional). El rugido del V8 augura que estamos ante un Ferrari con todas las de la ley.
El elástico V8 del que antes hablábamos se transforma en una bestia cuando pisamos sin piedad el acelerador, emitiendo un aullido impactante (no digamos ya si viajamos descapotados). No estira tanto como un F430, que entrega su potencia máxima a 8.500 rpm, frente a las 7.750 del California, pero es un pequeño detalle a la hora de disfrutar de todo su potencial.
La primera vez que subes a un Ferrari, sólo se necesitan unos kilómetros y un par de curvas para entender por qué su dinámica es tan especial. Con el California hemos vuelto a vivir esa misma sensación de total efectividad. No es que sea ágil, es que se comporta como un auténtico felino enlazando curvas, gracias a una dirección tremendamente rápida y un chasis de dinámica imponente (y eso que nuestra unidad no equipaba la suspensión magnética opcional). Su límite de estabilidad está lejísimos para las capacidades de un conductor medio y aunque en nuestra prueba no tuvimos la posibilidad de explorar esos límites en un circuito, sí que pudimos concluir, sin lugar a dudas, que se trata de un coche relativamente dócil, siempre con los ayudas conectadas.

A ello contribuye el perfecto reparto de pesos que consigue la configuración transaxle, con la caja de cambios (de sensacional funcionamiento) y el diferencial trasero situados en el eje posterior, reduciendo considerablemente las opciones de sobreviraje y las pérdidas de tracción. A la hora de frenar, Ferrari ofrece de serie un equipo de discos cerámicos de gran potencia.

Al alcance de unos pocos. Los casi 200.000 euros que cuesta le colocan entre los más caros del mercado. No le sobra equipamiento, pero hay posibilidades de personalizar el coche con detalles racing como los asientos de carbono o los leds del volante que nos indican el momento de cambiar de marcha, como en los F1. Eso sí, las sensaciones que se viven a bordo justifican cualquier precio.