COMPARATIVAS
FORD FIESTA 1.6 TDCI / HYUNDAI i20 1.4 CRDI / SEAT IBIZA 1.6 TDI


ME VOY DE LA CIUDAD

Los urbanitas vuelven a estar de moda. La crisis les ha devuelto un papel protagonista entre las preferencias de compra, ya que muchos ahora se los plantean como el primer coche de la familia: económico, con cierta solvencia práctica para los grandes desplazamientos y más parco en consumos que los compactos y no digamos los monovolúmenes o los SUV compactos.
De entre la amplia oferta existente (prácticamente todos los modelos de peso son nuevos o acaban de renovarse estéticamente) hemos elegidos a un recién llegado, el Hyundai i20, para enfrentarlo a dos pesos pesados del segmento: Seat Ibiza y Ford Fiesta (los más vendidos junto al 207, cuya versión actualizada pasará por nuestras manos próximamente).
Las versiones que hemos seleccionado nos parecen las más equilibradas de la gama, tanto a nivel mecánico como en lo referido a equipamientos. Los motores turbodiésel de 90 caballos resultan muy versátiles, ya que igual se amoldan a la circulación urbana como nos permiten afrontar largos viajes a buen ritmo. Y, a diferencia de las variantes turbodiésel más potentes (en los casos del Ibiza, con 105 caballos, y el Hyundai, con 128), presentan una importante ventaja de precio al eludir el impuesto de matriculación gracias a sus menores emisiones. Esto les permite, ya en el plano de las conciencias, adaptarse al nuevo espíritu ecológico que algunos pretenden convertir en el principal motivo de compra en estos tiempos verdes.

La primera gran batalla entre nuestros tres protagonistas llega, por tanto, al analizar sus precios. En otra época, nuestros prejuicios nos harían suponer que el Hyundai saldría claramente vencedor. Sin embargo, la evolución natural de la marca coreana le ha llevado a buscar un salto de calidad general y eso, lógicamente, también se ha traducido en un precio menos competitivo. En el caso de esta comparativa, sorprende ver cómo el Hyundai i20 en su variante 1.4 CRDi de 90 caballos con el acabado intermedio Confort, presenta un precio de salida similar al de los Ibiza y Fiesta de potencia y nivel de equipamiento equivalentes.
Bien es cierto que no vale solo con mirar la tarifa final para dictaminar cuál es más caro. Hay que analizar también el equipamiento que cada uno ofrece a cambio. Y en este sentido, el i20 sale bastante bien parado. No en vano, dispone de casi todo lo que podríamos considerar básico: airbags frontales y laterales, aire acondicionado, elevalunas eléctricos (solo los delanteros, eso sí), faros antiniebla, ordenador de a bordo.... si bien es cierto que no nos deja demasiadas opciones disponibles (el control de crucero o el sensor de parking son las más destacadas). En esto contrasta con el Ibiza, el más generoso del trío. De hecho, incorpora de serie el control de estabilidad (elemento de seguridad indispensable), climatizador, control de crucero, cuatro elevalunas eléctricos o las llantas de aleación de 15”. Además, ofrece un catálogo de opcionales digno de coches de más enjundia, con elementos como los asientos calefactados, los faros bixenón adaptativos o la tapicería de cuero. El salto que ha dado la nueva generación del Ibiza en cuanto a equipamientos avanzados es digna de destacar.
Y en el lado opuesto, el Fiesta es el más justo en dotación: de hecho, su precio (prácticamente igual al de sus rivales) no incluye el aire acondicionado, los faros antiniebla o incluso el volante de cuero. Bien es cierto que dispone de bastantes opciones y de packs de equipamiento que permiten montar varios elementos a un precio competitivo, pero tras el análisis de su oferta no hay otra que concluir que está claramente por debajo de sus rivales en este apartado.

Estilos opuestos.
Junto al precio, todas las encuestas de mercadotecnia apuntan al diseño como elemento motivador decisivo en la compra de un automóvil. Aquí es donde el Ibiza y el Fiesta han echado el resto, con un estilo moderno y juvenil que engancha desde el primer vistazo. En el caso del Fiesta, incluso el interior resulta tremendamente original, con una consola central inspirada en uno de los iconos de la modernidad: los teléfonos móviles. Ese alarde de diseño de puertas adentro del que hace gala el modelo americano no es correspondido por el Ibiza, mucho más austero tanto en las líneas como en los materiales del salpicadero.
El Hyundai no acaba de transmitir esa emoción que sí irradian las carrocerías de sus rivales, si bien su habitáculo cumple como el mejor por materiales y ajustes, aunque manteniendo la sobriedad en el diseño. Se ha preferido dotar al interior de un mayor componente práctico, con más huecos que ningún otro para depositar los múltiples elementos que inundan los bolsillos de nuestros pantalones, y también con el componente multimedia tan apreciado por los jóvenes: de serie, el i20 ofrece conexiones auxiliar y USB para disfrutar de la música sin depender de los caprichos de las ondas hertzianas. Eso sí, Hyundai ha manifestado que en los modelos futuros cultivará una imagen más emocionante.

Insistiendo en la vertiente práctica, el i20, pese a ser el más pequeño del grupo, es quien mejor aprovecha su habitáculo. Presenta las mejores cotas tanto en las plazas delanteras como en las traseras, si bien la banqueta posterior del Fiesta es la que mejor podría acoger a un eventual quinto pasajero. En cuanto a capacidad del maletero hay prácticamente un triple empate, con los tres moviéndose en el entorno de los 300 litros.

En marcha. Aunque en los modelos urbanos la fiebre diésel puede tener menos peso en las ventas que en otros segmentos (básicamente por el mayor precio de las variantes de gasóleo), los motores de 90 caballos que animan a estos tres coches nos dan una increíble flexibilidad por un pequeño sobrecoste. Y es que nos permiten un buen ahorro de combustible en nuestro hábitat natural (la ciudad) a la vez que dan una solvencia prestacional en carretera que no está al alcance de la oferta gasolina equivalente. Y si, como ocurre en el caso del Ibiza, lo hace con un refinamiento sobresaliente, pues miel sobre hojuelas.
Y es que el nuevo 1.6 TDi common rail del Ibiza nos ha sorprendido por un silencio de marcha que no habíamos experimentado en otros modelos equipados con este mismo motor. Esto es debido a que los desarrollos elegidos para el cambio son claramente más largos que los de sus rivales, lo que sin duda ayuda al confort acústico y a la casi total ausencia de vibraciones. Así, la diferencia en el agrado de uso del motor es bastante notable respecto al Fiesta y al Hyundai (sobre todo a este último, el más ruidoso del lote).
Claro que, a cambio, el Ibiza es el más perezoso en recuperaciones. Y es que la quinta de 53 km/h es casi digna de las versiones Ecomotive, lo que también explica los parcos consumos obtenidos en la prueba, incluso por debajo del CRDi de Hyundai, con igual potencia pero menor cilindrada.
Este inferior cubicaje, que podría parecer un hándicap en cuanto a rendimiento, no lo es tanto en la práctica. El pequeño motor del coreano responde con más alegría de la que cabría esperar a la hora de recuperar o de alcanzar ritmos alegres. Solo al mirar el cronómetro veremos las lógicas diferencias respecto a los dos 1.6 de sus rivales, que en ningún caso resultan definitivas. Sí penaliza algo más por el retraso con el que llega a la zona buena, por lo que hay que estar atentos para no pasar a una marcha superior demasiado pronto y que se nos quede “muerto”.
Precisamente el Fiesta es quien tiene más fácil imponerse en el apartado mecánico. Se aprovecha del conservadurismo del Ibiza en pos de unas mejores cifras de consumo y emisiones (ahí quedan los 109 gr/km homologados por el modelo español) y de la menor cilindrada del propulsor del i20 para imponerse con su alegre 1.6 TDCi. Unas relaciones de cambio más equilibradas favorecen la alegría del propulsor, lo que le permite imponerse en el apartado de prestaciones.
Dinámicamente es el más ágil y divertido salvo por un aspecto en que a nuestro juicio ha empeorado respecto al anterior Fiesta: el tacto de la dirección eléctrica, menos precisa que la anterior hidráulica y que no transmite con tanta fiabilidad lo que pasa bajo las ruedas. Aún así, una vez acostumbrados a esto, las bondades del chasis enmascaran otros defectos. El tren trasero es más juguetón que el de sus rivales, pero solo se muestra en conducción deportiva. En un uso meramente racional (ciudad o viajes relajados por carretera o autovía) es dócil y accesible para todos los públicos.
Esta es precisamente la mejor definición de la conducción del Hyundai. Un coche orientado al confort, sin pretensiones deportivas. Algo que sí se observa en el Ibiza (Seat impregna a todos sus modelos de un toque racing como seña de identidad de la marca). No llega al punto de agilidad del Fiesta, es más sólido tanto en la pisada como en la frenada y su tren delantero sigue con más fidelidad la trayectoria. La suspensión resulta más cómoda que la del Fiesta, aunque en ninguno de los tres casos se nos hará dura.
Como valoración final, el Ibiza ha sido el que más nos ha convencido en conjunto: buen precio/equipamiento, parco en consumos y equilibrado comportamiento. El Fiesta es más “fashion” y dinámico y el Hyundai más práctico. Un poco de todo.