Volkswagen cimenta su éxito sobre dos modelos que desde su aparición han ocupado un lugar privilegiado en las listas de ventas. El Golf sigue siendo la piedra angular de la gama, pero el Passat, líder de su categoría en 2007, ha tomado la delantera entre las berlinas generalistas. Para enfatizar la deportividad y exclusividad del Passat treinta y cinco años después de su nacimiento, la casa alemana ha seguido la receta que en su día dio origen al Golf R32. El Passat R36, de esta forma, establece un listón insuperable, por el momento, para el resto de competidores generalistas. Nada menos que 300 CV en un gran motor de seis cilindros y 3.6 litros de cilindrada, además de importantes aditamentos tecnológicos como la suspensión regulable electrónicamente o el cambio de doble embrague DSG, marcan claramente la diferencia.
Discreto. Aunque sólo en parte. Si se fija, el R36 no es un Passat cualquiera. Los paragolpes, las entradas de aire, los faldones laterales, los pilotos traseros de leds oscurecidos, las pinzas de freno en azul, y sobre todo la parrilla delantera, delatan que estamos ante algo más deportivo. Detrás está claro que las dos salidas de escape cromadas están preparadas para hacer más ruido de lo normal. De hecho, la deportividad del R36 se empieza a atisbar en cuanto el V6 cobra vida, con su sonido ronco desde el ralentí.
Su V6 de 3.6 litros se ha desarrollado sobre la mecánica 3.2 de 250 CV que hasta ahora suponía el techo de potencia de la gama. Volkswagen confía en la tecnología FSI de inyección directa, en este caso sin la sobrealimentación que se adopta en las últimas mecánicas gasolina de cuatro cilindros, que tampoco le hace falta como hemos podido comprobar. Aquí se “tira” a base de cilindrada. Sobre el papel, tanta potencia no parece casar muy bien con el actual código de circulación, ni tampoco con el espíritu ecológico tan de moda. Y mucho menos con la escalada de precios de la gasolina. Sin embargo, cuánto se agradece el disponer de fuerza de sobra, por ejemplo, para adelantar. Esta potencia se presenta de una forma muy homogénea y sin baches en toda la gama del cuentarrevoluciones, empujando desde muy abajo, sin altibajos y con rotundidad hasta alcanzar casi las 7.000 vueltas. Su gran cifra de par de 350 Nm. se manifiesta entre 2.400 y 5.300 rpm, pero es que tanto por encima como por debajo contamos con mucha fuerza.
Con estos atributos, el Passat R36 está a la altura en prestaciones de los deportivos más auténticos: sólo necesita 6,2 segundos en alcanzar los 100 km/h desde salida parada. Nunca antes, ni siquiera con el excepcional Passat W8 de hace unos años, habíamos disfrutado de semejantes prestaciones en esta berlina. Lo mejor de todo es que además de correr, y mucho, lo hace con una estabilidad soberbia. Se ha potenciado igualmente lo concerniente al tren de rodaje. No sólo recibe una tarado más deportivo y una carrocería rebajada sino que el centro neurálgico del comportamiento del R36 es la suspensión adaptativa electrónicamente y la tracción integral 4Motion.
A través de un botón situado a la derecha del cambio -que por cierto no se ve al quedar tapado por la palanca- se elige entre tres niveles de dureza: normal, comfort o sport. En cualquiera de los tres modos, la comodidad de marcha es aceptable e incluso el modo sport se puede usar sobre diferentes firmes sin temor a que nuestros pasajeros se quejen. En el nivel comfort la carrocería parece flotar algo más, y la sensación de aplomo es menor.
Por su parte, la tracción integral 4Motion resulta de gran ayuda para mejorar el paso por curva respecto a un Passat convencional. Más que por agilidad, esta berlina siempre ha destacado por su excelente aplomo en carreteras rápidas, pero gracias a un eje trasero conectable automáticamente mediante un sistema Haldex, la conducción ahora se torna más alegre en trazados revirados. Y sobre asfalto deslizante la tracción total es una garantía para el conductor.
Un último aditivo no menos importante es la transmisión de doble embrague DSG. La rapidez de funcionamiento de este cambio cuadra a la perfección con el tono deportivo del R36. Lástima que las levas del volante sean muy pequeñas: su reducido tamaño nos hace decantarnos por el paso de marchas a base de toques de palanca.
Capaz como siempre.
En cuanto al habitáculo, el R36 es el Passat de siempre, con algunos litros de menos por la tracción total en su aún enorme maletero, y con los convenientes aderezos deportivos. Destacan los excelentes asientos fabricados en microfibra y cuero, los delanteros con ajuste eléctrico en 14 posiciones (hasta el inflado de la sujeción lateral se puede adaptar) y calefacción de serie.
Llega el punto más controvertido: el precio. Sin duda ofrece mucho más que un Passat convencional, no sólo por mecánica, sino porque también va equipado como ninguno. Pero la llegada del nuevo Passat CC, con su bella carrocería coupé y en su versión tope de gama con una dotación de serie similar e idéntico propulsor, cuesta 5.000 euros menos. El enemigo está en casa. Fuera, pocos llegan a lo que ofrece el R36.