MERCEDES SLK 350
PROPUESTA TENTADORA  
Con las mejoras introducidas en el más potente de los motores v6,
el SLK 350 se acerca más que nunca a la todopoderosa versión amg
de ocho cilindros. una alternativa ante todo más asequible en precio y menos radical que su homónimo deportivo.
 


En 1996 Mercedes daba vida al que poco más tarde se convertiría en su descapotable más vendido. Con la segunda generación, aparecida en 2004, la saga ha continuado hasta este año, momento en el que el SLK ha recibido cambios que han ido más allá de un simple lavado de cara. Esto ha afectado a toda la gama, pero con distinta incidencia. La versión más deportiva, apoyada en las siglas AMG, no ha evolucionado en cuanto a potencia, cosa que sí ha sucedido con el SLK 350. Su mecánica V6 ha pasado de 272 CV a 305 apuntando un importante salto cuantitativo que le sitúa más cerca que nunca del exclusivo AMG de ocho cilindros y 360 caballos.

Alternativa deportiva. Las preparaciones AMG son lo máximo en deportividad y exclusividad dentro de la gama de Mercedes. Pero el SLK 350, con la llegada de más caballos y otras mejoras, supone el siguiente escalón deportivo por un precio en torno a 25.000 euros más barato que el SLK 55 AMG. ¿Compensa? Pues es una cosa que debe valorar cada uno. Lo cierto es que el SLK 350 colma las ansias prestacionales de, sino todos, sí la mayoría de mortales.
El anterior bloque de seis cilindros en V mantiene cilindrada; no obstante el concepto de altas revoluciones se ha potenciado y ahora el límite se encuentra a 7.200 rpm. El incremento de potencia y par -33 caballos y 10newtonmetro más que su predecesor- se ha obtenido aumentando la compresión y con ligeros retoques en admisión y distribución. Así, la respuesta es más inmediata, subiendo de vueltas con agilidad y enclavando marchas hasta el corte de revoluciones sin darnos cuenta. De serie se asocia a un cambio manual de seis marchas, pero hemos probado la unidad con el excepcional cambio 7G-Tronic de siete velocidades, el mismo del AMG, con un sobreprecio de 2.800 euros. Con él los cambios de relación son muy suaves y casi imperceptibles para el conductor.
Quienes gusten de conducción deportiva volverán un poco loco al sistema en modo automático, siendo mucho más eficaz el modo manual para elegir la marcha a nuestro antojo. Como es habitual en Mercedes, se cambia desplazando la palanca hacia izquierda y derecha, lo que tampoco resulta muy intuitivo. Afortunadamente, las levas del volante -ojo, es un extra aparte del cambio automático que cuesta otros 341 euros- permiten un manejo más rápido y divertido. Para favorecer cambios suaves y rápidos el sistema realiza un doble embrague en reducciones, con el que se iguala la velocidad de rotación del cigüeñal y la transmisión evitando tirones.
Ante las excelentes prestaciones de este motor, no nos han parecido nada desorbitados los consumos obtenidos. Es más, si es un conductor eficiente se puede bajar de los 10 litros a los 100 kilómetros, lo que no está nada mal para un motor de ta alto rendimiento.

A jugar. Diversos factores se entremezclan para que la conducción sea un juego divertido. Por un lado está el motor, como hemos comentado, dispuesto a ofrecer gratas sensaciones de aceleración y poder sobre el eje trasero. Por otro, una zaga que la electrónica se encarga de controlar cuando se desmana más de la cuenta, pero que desliza un poco jugando con el gas antes de que los controles actúen.
El guiado, si se opta por la dirección paramétrica de asistencia variable (381 euros), es muy directo y apenas hay que mover las manos del volante para enlazar curvas. Sólo hay 2,4 vueltas entre tope y tope.
Gracias a su techo rígido de accionamiento electrohidráulico, el SLK puede pasar rápidamente de cupé a un excitante cabrio. Su techo es una de las mejores del mercado, tanto por la rapidez de funcionamiento (22 segundos para replegarse) como por lo bien que ajusta. Cerrado, el conductor no tiene la sensación de ir en un cabrio y los ruidos aerodinámicos que llegan al habitáculo son reducidos. Abierto, el parabrisas delantero salvaguarda del viento con efectividad hasta el máximo legal de 120 km/h.

A techo descubierto se aprecia otra de las mejoras del nuevo SLK 350. El sonido de los escapes se ha potenciado, aunque los decibelios por debajo de 140 km/h son muy similares el anterior.
Como decíamos al empezar la prueba, el precio ostensiblemente menor del SLK 350 respecto al SLK 55 AMG propone un dilema ante los compradores que se plantean la compra de las versiones altas de gama. Es indudable el poderío y atractivo del V8, sin embargo ya no hay tanta
diferencia prestacional, y el 350 admite un conductor quizá no tan experto como en el AMG. Con el dinero que nos sobra podemos adquirir muchos extras del extenso catálogo que nos ofrece Mercedes. Todos ellos con un coste elevado, y con elementos tan interesantes como el Airscarf (tobreas de calor en los reposacabezas, 474 euros), el paravientos transparente (273 euros), o elementos ya más elitistas como el equipo de sonido Harman-Kardon de 500W (979 euros) y el sistema de navegación con disco duro y Linguatronic (dispositivo de control por voz que debuta en el SLK) cuyo precio se eleva hasta los 2.700 euros.