COMPARATIVAS
VOLKSWAGEN SCIROCCO 2.0 TSI / BMW 125i COUPÉ / VOLVO C30 T5 SUMMUM


SURTIDO DE BOMBONES
Varón. 26 años. Soltero y sin hijos. Nuestro hipotético personaje ha conseguido reunir el dinero suficiente para cumplir por fin uno de los sueños de su vida: comprarse un Golf GTI.
Cuando ya lo tiene todo dispuesto y decidido, la ilusión de tantos y tantos años queda trastocada en apenas unos minutos tras leer el contacto del Volkswagen Scirocco en el número de agosto de TOP AUTO.
Por su edad, apenas tiene un vago recuerdo del último Scirocco que se convirtió en objeto de deseo de los jóvenes de los 80, pero lo que está viendo en esas páginas es un dulce muy apetitoso y que está dispuesto a saborear.
Mira los fotos una y otra vez y definitivamente, sí, le encanta. Estéticamente le seduce más que el GTI. Es un coche más original, rompedor, único. Le asegura la envidia de sus amigos y ser el centro de atención de todas las miradas. Y eso le gusta.
Nuestro personaje se va haciendo a la idea de que el Scirocco podría ser su próximo coche, pero está convencido de que el precio será la pesadilla que le va a despertar de su nuevo sueño. Error. Tenía presupuestado algo más de 30.000 euros, los 28.200 del Golf GTI de tres puertas más algún extra, y resulta que el Scirocco, con el mismo motor 2.0 TSI de 200 caballos, encima es más económico, concretamente 140 euros menos.
Convencido ya de que sus deseos le empujan hacia un genuino coupé de cuatro plazas y dimensiones compactas, se presta a examinar nuestro listado de precios a ver que posibilidades le brinda el mercado. Entre las contadas opciones le llama la atención el atractivo Alfa Brera, pero sus dos plazas posteriores son demasiado pequeñas para alojar a sus dos mejores amigos. Suele conducir sólo o con su novia, pero aún así no está dispuesto a renunciar a la practicidad de dos asientos posteriores realmente utilizables.
De modo que tras mirar y mirar cierra su abanico de posibilidades con el BMW 125i Coupé, del que reconoce su prestigio y sus condiciones dinámicas, y el Volvo C30 T5, con una estampa, sobre todo trasera, de lo más sugerente. Además, ambos pueden engalanarse con kits estéticos que incluyen paragolpes específicos, estribos, etc,y por supuesto, podría redondear la faena con llantas de 18 pulgadas y un chasis deportivo.

Buscando su espacio.
Con los tres tiene garantizado un acomodo más o menos correcto para cuatro adultos. Atrás no falta espacio para las piernas y la cabeza no roza con el techo si el ocupante no supera demasiado la talla media. El Volkswagen es el más estrecho atrás y encima sus dos asientos individuales, de corte más deportivo con una gran sujeción y reposacabezas integrados, están desplazados hacia el centro haciendo que los dos pasajeros traseros estén demasiado juntos, prácticamente codo con codo.
El BMW monta en la fila posterior una banqueta corrida, distinto al C30, y dispone un hueco portaobjetos entre ambas plazas; pero si fuese exclusivamente por confort la elección de nuestro personaje debería ser el Volvo, que ofrece unas butacas de lo más amplias y cómodas con apoyabrazos central incluido.
Piensa que tratándose de carrocerías coupé no va a contar con demasiado espacio en el maletero, pero he aquí que la sorpresa salta de la mano del Serie 1 Coupé, nada acostumbrado a destacar en estas lides, pues aprovecha su formato de tres volúmenes para dibujar un cofre de carga bastante decente de 370 litros. El Scirocco, por su parte, se sitúa en un término medio con una capacidad de 292 litros procurada por la notable profundidad del maletero, si bien la eleva altura de su borde de carga no facilita precisamente la tarea de meter el equipaje.
En el caso del representante nórdico el maletero figura entre sus puntos más criticables. Es la luneta trasera la que hace las veces de portón y no nos ha gustado nada ni su complicada accesibilidad ni que la cortina cubreobjetos rígida sea opcional (91 euros), además, lógicamente, de su menor capacidad, 251 litros.

Nuestro personaje considera que los tres modelos que baraja pertenecen a la categoría premium y por ello va a exigir la máxima calidad de realización interior. En este capítulo no encontrará reparos para ninguno y prácticamente tampoco divergencias, puesto que sus tres alternativas pueden presumir de contar con unos materiales y acabados de primer orden, también en el caso del coupé de Volkswagen, que en algún momento puntual incluso supera al Golf en este apartado.
Los tres cuentan con los reglajes oportunos en volante y asiento para lograr una perfecta postura de conducción, contando los dos alemanes con asientos deportivos de serie. Desde aquí las diferencias las marca el Scirocco, con la posición más baja de sus asientos, el pequeño parabrisas delantero y la escasa visibilidad trasera -vemos poco más que los reposacabezas posteriores-, elementos que acentúan la sensación de estar al volante de un auténtico modelo deportivo.


Cuestión de sensaciones. Las posibilidades de configuración mecánica que se le plantean a nuestro personaje en el entorno de los 200 caballos son de lo más divergentes: puede elegir entre cuatro, cinco y seis cilindros, una cilindrada de entre 2.0 y 3.0 litros, un motor de inyección directa o indirecta de gasolina, atmosférico o turboalimentado, con distribución variable o convencional... Por lo menos coinciden en la transmisión, al montar todos de serie una caja manual de seis velocidades.
Estas consideraciones técnicas no le invitan a decantarse por uno u otro, así que prefiere pasar al trabajo de campo para comprobar como se de­senvuelven los propulsores frente el asfalto.
Busca sus fichas técnicas y observa que tanto el C30 como el 125i, con 220 y 218 caballos, respectivamente, parten con una ventaja inicial sobre el Scirocco, que como ya hemos comentado declara 200 caballos en esta versión TSI de dos litros.
Estas unidades de potencia adicionales no resultan a la postre determinantes para imponerse al Volkswagen en aceleración, que sólo cede terreno al modelo bávaro y por muy poco.
Pero el Scirocco no lo tiene todo perdido, ni mucho menos. El crono dirá lo que tenga que decir y su veredicto es irrefutable, pero es incapaz de medir sensaciones, así que no puede reflejar lo gratificante que resulta la conducción de este modelo.
La sesión de pruebas no ha servido si no para corroborar la excelente opinión que teníamos de este propulsor. Generoso y predispuesto como ninguno, se entrega al máximo desde cualquier régimen de giro y bajo cualquier marcha. Siempre que lo busquemos encuentra fuerzas para empujar, da igual que hayamos dejado caer el cuentavueltas hasta la zona más baja, y lo hace sin las brusquedades o acaso tirones que se le podrían presuponer a un bloque sobrealimentado. De todos, es el que transmite una mayor sensación de deportividad, incluido su sonido.
Por otra parte es algo más ligero que el Golf GTI, 30 kilos menos, y mejora ligeramente sus prestaciones, manteniendo una notable relación entre prestaciones y consumo que de hecho le sitúa como la alternativa más económica del trío.
A bordo del BMW no tenemos tanta impresión de explosividad y contundencia como en el Scirocco, pero sin duda se trata de un motor exquisito. Es tremendamente homogéneo en su entrega de potencia y reserva un mayor carácter para aquel que se atreva a explorar la zona alta de revoluciones. Al mismo tiempo se muestra suave y refinado y en cuanto al consumo apenas gasta un poco más que el TSI de su compatriota a pesar de tener que alimentar a dos cilindros más.
Tras probar estos dos propulsores, el T5 sueco puede dejar a nuestro personaje un poco frío. A excepción del consumo, claramente más elevado que en sus dos rivales, no habría que reprenderle nada más, pues goza de unas prestaciones notables, una respuesta progresiva, un empuje sólido desde los regímenes iniciales gracias a su elevada cota de par -320 Nm a sólo 1.500 rpm- y una reconfortante suavidad de marcha, pero tratándose de un motor que se monta en un coupé podríamos exigirle que nos transmitiera más garra o “mala leche”.