ENVIDIA SANA
De la mano de BMW AG el legendario Mini no sólo vive una espléndida segunda vida, sino que se ha convertido en toda una referencia, en el coche urbano que todos y todas -como dirían nuestros políticos- ambicionan. Tanto es así, que en 2010 la firma creada por Sir Alec Issigonis vendió en nuetro país 8.716 unidades, repartidas entre las tres carrocerías en las que ha declinado el modelo original, al que se sumaron el Clubman y el Countryman. Además, con la etiqueta o valor añadido de su calificación como premium, una seña de identidad a la que se han ido sumando después el Fiat 500, el Audi A1 y el Citroën DS3.
Es cierto que al modelo alemán le está costando hacerse un hueco en nuestro mercado, y en buena medida por culpa del Mini, aunque tiene todo a su favor para plantarle cara. Desarrollado a partir de una plataforma que comparte con otros modelos del Grupo Volkswagen, como el Polo, es notablemente más grande que su rival. Roza los cuatro metros de longitud, mientras que el Mini no llega a los 3,75, y es seis centímetros más ancho y prácticamente igual de alto. Esto le permite ser más espacioso que su contrincante, pero menos que otros modelos de longitud similar. Para empezar, acoger a dos adultos en las plazas traseras del Mini obliga a los de las delanteras a aproximarse demasiado al salpicadero, por lo que utilizar las cuatro plazas ha de ser circunstancial. En cambio, el A1 sí permite aprovechar los cuatro asientos, aunque mejor si los pasajeros de atrás no superan la talla de 1,70 m. En cuanto al maletero, la ventaja es clara para el Audi, 100 litros por encima en la configuración estándar.
Una de las cosas que más distinguen a uno y otro es la posición de conducción. En el Mini vamos muy cerca del suelo y con las piernas bastante extendidas; en el Audi, más alto y con ellas más flexionadas. Como contrapartida, en el modelo de los cuatro anillos los pedales están algo desplazados hacia la derecha respecto a la línea que marcan el núcleo del volante y el eje longitudinal del asiento. Algo que no ocurre en su oponente.
Lo que sí comparten es una muy buena calidad de materiales y terminación, aunque en honor a la verdad es más original y atractivo -que no funcional- el salpicadero el Mini, por mucho que las informaciones estén repartidas entre la pequeña esfera tras el volante y la enorme que hay en el centro. El A1 es, en este apartado, menos sugerente.
Economía de crisis. Con el litro de gasoil orbitando los 1,30 euros -216 pesetas, aproximadamente- el gasto mensual en llenar el depósito, mejor dicho, la frecuencia con que hay que hacerlo, adquiere cada vez más peso. En este sentido, los dos coches pueden presumir del tópico de “mecheros con ruedas”, pero con matices que hacen ganador al A1.
Los dos coinciden en cubicaje -algo menos de 1,6 litros- e incorporan inyección directa por raíl común y turbocompresor de geometría variable. Sin embargo, las diferencias llegan a la hora de analizar el rendimiento. El Audi se contenta con 105 caballos y un par máximo de 250 newtonmetro, que mueven con suficiente soltura al coche en carretera. El Mini es más ambicioso en la pelea de cifras y se va hasta los 112 caballos, con el valor añadido de 20 Nm más de par, lo que le hacen ganador en el terreno de las prestaciones e incluso en recuperaciones, ya que es más rotundo a medios regímenes que su rival germano.
Claro que a cambio de ello gasta algo más. Aun siendo “economistas”, el Mini consume en ciudad casi un litro más cada 100 kilómetros, utilizando en ambos casos el Stop&Start, que es de serie en uno y otro y con el que se consigue ahorrar hasta medio litro tras haber probado los mismos recorridos en ciudad con este sistema desconectado. Eso sí, me sigue pareciendo molesto el continuo arranque y parada del motor en tráfico denso.
Pero lo más curioso es que mientras el Audi recurre a un cambio de cinco relaciones, el Mini cuenta con seis, eso sí, con un desarrollo final en la marcha más larga casi igual, 53,3 km/h a 1.000 rpm del A1 contra 53,8 del Mini, si bien en carreteras de montaña éste se desenvuelve mejor al tener unas relaciones más escalonadas.
Sobre el comportamiento, uno y otro son muy manejables, dadas sus dimensiones, en ciudad. En carretera es más confortable el Audi que el Mini, cuyo tren trasero es más “seco”, si bien los dos tienen en común un claro carácter subvirador en curva.
De capricho. Mini ideó una larguísima lista de opciones para personalizar el coche a la medida de cada comprador; Audi ha hecho casi lo mismo, pero si partimos de cero, del equipamiento de serie, los dos andan muy parejos. No son dotaciones como para lanzar las campanas al vuelo por su generosidad, y más teniendo en cuenta que no pueden presumir de unos precios aquilatados; claro que en el otro lado de la balanza está la exclusividad que no dan los utilitarios generalistas, por la que hay que pagar, y mucho.