La “operatividad” de los monovolúmenes pasa por su tamaño a la hora de desenvolverse en el ingrato tráfico urbano y encontrar una plaza de aparcamiento suficientemente espaciosa. Cuanto más pequeños, mejor.
Dentro de ese gran grupo de monovolúmenes más razonables desde el punto de vista dimensional van cobrando auge aquellos que rondan los cuatro metros exactos de longitud y cuya faceta urbana es clara. La lista es notable: Citroën C3 Picasso, Nissan Note y Cube, el nuevo Opel Meriva, Renault Modus...
Pasaporte checo.
A todos ellos se acaba de sumar ahora el Kia Venga, un modelo que la marca coreana ha diseñado en Alemania, para adecuarlo al gusto de los automovilistas del Viejo Continente, y que fabrica en Chequia para toda Europa.
Lo cierto es que la mano europea en el diseño se nota. Tiene una personalidad muy marcada y definida, sin olvidar una aerodinámica muy trabajada, su coeficiente de Cx es de sólo 0,31, una cifra encomiable .
Si la estética exterior es atractiva, el habitáculo no anda desencaminado. El salpicadero, aunque fabricado en plásticos duros, ofrece una magnífica calidad percibida, tanto al tacto como a simple vista. Por otro lado, la terminación no merece reproche alguno. Además, el diseño es muy germánico: sobrio y funcional. La instrumentación está muy bien resuelta en cuanto a grafismos y legibilidad.
Hay que señalar, en este sentido, el de la dotación de serie, que con el nivel de equipamiento más alto, Emotion, de la unidad probada, el Venga 1.6 CRDi dispone de Bluetooth, tapicería mixta -tejido-piel, climatizador automático monozona, volante multifunción, crontrol de crucero y limitador de velocidad, guantera refrigerada, volante y pomo del cambio revestidos en cuero, radio-CD-mp3, tomas de corriente en consola y maletero e incluso sensor de aparcamiento trasero.
Cuatro y de sobra.
Pero más allá de estos detalles hay que resaltar el gran habitáculo que encontramos. Es cierto que los 2,61 metros de distancia entre ejes, similar a la de berlinas de categoría superior, tienen mucho que ver en ello, pero también las cotas de anchura delantera y trasera, de las mejores de su clase, al rozar el metro cuarenta. Lo que más me llamó la atención es el espacio disponible para las piernas. Con un conductor de más de 1,85 de talla tras él puede viajar un pasajero de idéntica estatura y aun dispondrá de casi 8 centímetros libres que evitarán que sus rodillas rocen con el respaldo. Son aproximadamente 30 centímetros los que separan el borde del asiento posterior del respaldo delantero en esas circunstancias, dato del que no pueden presumir berlinas en torno a los 4,50-4,70 metros de largo. Por tanto, cuatro adultos encontrarán espacio de sobra para realizar un viaje razonablemente largo sin estrecheces.
La versatilidad también está asegurada. La banqueta posterior puede deslizarse hasta 130 milímetros hacia adelante para ganar espacio de carga. De ese modo podemos disponer de 314 ó 444 litros de volumen, a los que hay que sumar 126 litros más utilizando el falso fondo del maletero. Abatiendo los asientos posteriores la capacidad es de 1.253 litros, con una longitud aprovechable de 1,55 metros.
La gama Venga de Kia se articula alrededor de cuatro mecánicas: un gasolina de 90 caballos y tres turbodiésel, de 75, 90 y 128 caballos. Hemos elegido este último para nuestra prueba por su mayor nivel prestacional; y no nos ha engañado. Corre más que lo suficiente, tanto por velocidad punta como por aceleraciones teniendo en cuenta que se trata de un coche familiar, no un deportivo, claro.
Equipado con culata de cuatro válvulas por cilindro, turbocomrpesor de geometría variable y filtro antipartículas, cumple la norma Euro5 de emisiones y, además, está exento del Impuesto de Matriculación, dado que sólo envía a la atmósfera 119 gramos de CO2 por kilómetro.
Utilizado en el Kia Cee’d también es un motor con suficiente brío y con unas cifras de consumo muy ajustadas. A lo largo de nuestra prueba no ha llegado a superar los siete litros de gasto, ni en ciclo urbano ni en carretera a cruceros de 150-160 km/h. Bien es cierto que parte del mérito se debe a una caja de cambios de seis marchas cuyas dos finales tienen unos desarrollos bastante largos para aquilatar el gasto. En beneficio del consumo en cuidad está en l sistema start&stop, que apaga el motor al dejarlo al ralentí en los semáforos. Es parte del paquete de elementos denominado Ecodynamics de los Venga CRDi de 90 y 128 caballos, que permite un ahorro alrededor del 8% según el fabricante.
Familiar con aspiraciones. Desde el punto de vista dinámico hay cosas que me han gustado y otras que menos. La dirección, de asistencia eléctrica tiene tan buen tacto que casi parece hidráulica. El manejo del cambio también es bueno. Los frenos, suficientemente potentes para parar reiteradamente al Venga a plena carga. Además, anda bien servido de ayudas electrónicas a la conducción, antibloqueo de frenos con servoasistencia de emergencia, control de estabilidad e incluso la función de arranque en rampa, que mantiene los frenos activos unos segundos mientras soltamos su pedal y reanudamos la marcha.
Sólo la amortiguación me ha decepcionado ligeramente. El tren delantero va bien, tanto en curvas lentas como rápidas, pero el trasero peca de un tarado blando para mi gusto, algo que no “casa” bien con el mal firme de muchas carreteras españolas.
Aun siendo un confeso “anti-monovolúmenes”, prefiero los familiares o station wagon cuando las necesidades “espaciales” son prioridad, he de reconocer que el Kia Venga es, de entre todos los de su categoría el que más me ha safisfecho últimamente. Tiene buena planta; su habitáculo me ha sorprendido -salvo la anchura delantera, se queda en el mismo plano que un Seat Exeo en cotas de habitabilidad- y desde el punto de vista dinámico la mecánica cumple de sobra. Quizás su precio, sin Plan 2000E, y aun beneficiándose de un descuento promocional de 1.400 euros de descuento, es algo elevado.