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Tradicionalmente el Focus ha sido un modelo que siempre le ha dado muy buenos resultados a Ford. Ya desde su lanzamiento en 1998 se erigió como uno de los productos más fuertes de su categoría y en el modelo de la compañía de mayor venta en Europa. Esta posición hegemónica ha tenido, si cabe, mayor incidencia en nuestro país donde o bien ha liderado el ránking de ventas o cuando menos se ha mantenido entre los tres más vendidos.
Para no perder comba entre sus rivales –algunos renovados recientemente, como es el caso del Peugeot 308- y apenas transcurridos dos años y medio de la anterior generación, Ford ha decidido sumar nuevos atractivos a su compacto. Lo ha hecho atacando los puntos flacos del anterior como eran, por ejemplo, un diseño discreto y sobrio, reforzando la calidad de todo el conjunto con nuevos materiales, y de paso, incorporando nuevas tecnologías. Cambios que refuerzan su posición de fuerza ante otros pesos pesados como el Peugeot 308 –muy completo en todos los sentidos- y el Renault Mégane –aún muy competitivo a pesar de ser el más veterano-. Los tres conforman el trío de cabeza en una categoría muy variada y disputada.
Kinetic design. Si es un lector asiduo de la información del motor, seguro que habrá escuchado en más de una ocasión esta expresión. Se trata del concepto con el que Ford ha inaugurado su nuevo lenguaje de diseño y que está aplicando a sus últimos lanzamientos. Ya lo hizo con el S-Max, el Galaxy, el Mondeo, y ahora le ha tocado el turno al Focus, como también hará con el futuro Fiesta.
Esta renovación estética apuesta por la filosofía de “energía en movimiento” y en el Focus se ha traducido en una remodelación total del frontal, el cual adopta un aspecto similar al del Mondeo. Cambian los faros rasgados que no sólo son más vistosos, sino que además son más efectivos al ampliar el haz de luz catorce metros en profundidad y tres en anchura. Opcionalmente se pueden montar las luces bi-xenón o el sistema iluminación en curva AFS (Adaptive Frontal lighting System), en combinación con las ópticas traseras de diodos LED. Igualmente resaltan las nuevas parrillas delanteras, la inferior más generosa y la superior rematada con un marco cromado. El capó también ha variado y se han remarcado sus nervaduras. Los ampliados pasos de rueda y la línea más protuberante de las puertas ensalzan el aspecto tensionado y musculoso del nuevo Focus, con una zaga apenas diferenciada con el anterior.
Los años pasan y el Mégane acusa su éxito con una estética aún original aunque ya muy vista. El Peugeot 308, por su parte, ha recibido una acertada remodelación en la línea de su hermano menor el 207, y será junto con el Focus el que mejor entre por los ojos.
Calidad mejorada. Como ya hiciera la marca francesa con el lanzamiento del 308, Ford ha mejorado todo lo concerniente a la calidad de materiales en el interior del habitáculo, a la par que ha introducido mandos rediseñados para el equipo de audio y climatizador. El estilo no ha variado mucho, las salidas de aire están donde antes, el volante es idéntico, y sólo algunos detalles (como la careta cromada de los relojes, o la nueva iluminación en rojo) añaden más vistosidad. Una novedad importante es la nueva consola central reservada a las versiones altas de gama que alberga un reposabrazos deslizable hasta en 8 cm, compartimento para objetos de cuatro litros de capacidad, otros prácticos huecos y el botón de arranque Ford Power (250 euros de sobrecoste). Pero lo más destacado son la salida trasera de 230v (para conectar por ejemplo un ordenador portátil o un aspirador) y el módulo de conectividad con conexión por jack auxiliar y USB con funcionalidad especial para reproductores Apple iPod.
En la instrumentación es nuevo el display digital donde se aglutina mucha información: reloj, temperatura exterior, mensajes de alerta, ordenador de a bordo, etc., todo ello se lee mucho mejor que antes. Un detalle curioso es que el ESP (serie en toda la gama) sólo se puede desconectar a través del menú que aparece en esta pantalla, y no mediante el botón habitual. Se puede hacer en marcha, al contrario que la configuración de otras funciones como el ajuste de la asistencia de la dirección (en tres niveles), sólo configurable en parado.
En cuanto a espacio el Focus sigue ofreciendo las mismas cotas del anterior, que ya eran buenas, teniendo en cuenta que es uno de los más grandes del segmento. No obstante, en comparación con sus rivales su puesto de conducción resulta más envolvente y cerrado, hay menos espacio para la pierna derecha que enseguida se topa con la consola central. Esto no sucede en el 308 ni en el Mégane, que proponen un puesto al volante más abierto. Los tres ofrecen en todo caso buenas ergonomías de conducción, en el Peugeot con la crítica de que su volante podría tener algo más de regulación en profundidad para acomodarse perfectamente.
En el caso de viajar a plena carga con cinco ocupantes, situación para lo que tampoco están especialmente preparados, el tercer pasajero trasero elegiría en primer lugar al Focus, cuyas cotas de anchura y altura son más correctas. El Peugeot es el menos cómodo en la plaza central, pero la verdad es que los otros dos ocupantes irán bien pues ofrece una altura correcta y una buena distancia para las piernas (éste ha sido un punto mejorado respecto al 307), además de que su gran luminosidad interior le hace parecer más capaz. Hay que tener en cuenta que el Peugeot ofrece el techo de cristal panorámico de serie en las versiones más altas de gama. El otro francés no muestra esta amplitud, y sobre todo penaliza en la cota de altura. El maletero del Focus también es el más grande (hasta 396 litros con el kit antipinchazos), sobre todo en comparación con la discreta cifra del Mégane -330 litros-.
Sin cambios. Ante el soberbio comportamiento del anterior Focus, un claro referente de la categoría, los ingenieros de Ford no han realizado apenas cambios y han mantenido el mismo conjunto. De los tres modelos de estas páginas es el único que incorpora un esquema independiente multibrazo en el eje trasero, los otros prefieren el eje torsional. Dadas las bondades de su excelente chasis, al Focus no le hace falta recurrir a suspensiones duras –aunque se puede pedir una amortiguación más deportiva para las versiones superiores por sólo 100 euros- para mantenerse sobre la carretera con una gran precisión y aplomo, y sus ayudas electrónicas actúan más tarde que en sus competidores franceses. Su eje delantero nos sigue pareciendo superior al de sus rivales, muy incisivo ante cualquier giro.
El renovado 308 puede seguirle hasta ciertos límites, donde ya sí que se muestra más subvirador y blando. En cualquier caso, el Peugeot es un coche que sorprende pues aun dando la sensación de ser demasiado suave en el primer recorrido de amortiguador, apenas se descompone y permite rodar rápido. Además, es el que mejor filtra las irregularidades del asfalto.
El Mégane es el más “blandito” y sigue arrastrando su talón de Aquiles, una dirección eléctrica demasiado asistida que funciona bien a baja velocidad (es la que necesita menos esfuerzo para maniobrar) pero que aumenta su imprecisión proporcionalmente al incremento de la velocidad, y no transmite muchas sensaciones sobre lo que ocurre.
Éste es un elemento que sus dos rivales sí han calibrado con éxito. La dirección del Peugeot estaría al nivel de la del Focus si no fuera porque a baja velocidad se comporta de forma algo pesada. El nuevo Focus, por su parte, presume de una asistencia al guiado que varía en función de la velocidad del vehículo y de la velocidad angular del volante, siendo la más compensada y progresiva de la comparativa. Puede regularse en tres niveles accediendo al menú del display digital situado entre los relojes; no hay ningún testigo o indicador que nos informe sobre el grado de asistencia elegido, y la verdad, tampoco se percibe un gran salto entre uno u otro nivel.
Rápidos y económicos. A nivel mecánico el Focus mantiene los mismos motores de la generación anterior, si bien ha recibido algunas pequeñas mejoras centradas en atenuar su sonoridad y mejorar el confort de marcha. Toda la gama tiene nuevo panel de aislamiento del capó y nuevas moquetas de alta resistencia. El 2.0 TDCi de 136 CV además, ha suavizado su respuesta gracias a la mejoras en el mapa de encendido, conductos de admisión y escape. Con ello ha perdido parte de ese nervio que tenía una vez superadas las 2.000 rpm., y ahora su respuesta es más progresiva. De hecho, ahora se asemeja más al del Peugeot 308 que, recordemos, monta el mismo motor aunque cada marca luego lo pone a punto de diferente forma.
Por su parte, el Mégane destaca por un motor fino en su variante 1.9 dCi de 130 CV que, en prestaciones, sólo se queda un poco descolgado ante sus compañeros de comparativo y es aún mejor en consumo. La plataforma conjunta del Focus y 308 no es en general muy gastona, aunque es más sensible ante fuertes cambios de ritmo. Sus desarrollos finales son muy parejos, y sus cambios de seis marchas les convirtien en coches bastante silenciosos a velocidades legales. El Focus destaca por tener el cambio más preciso, que no el más rápido pues el movimiento de la palanca es algo duro; el 308 arrastra un tacto demasiado esponjoso y poco preciso, mientras que el Mégane es algo mejor tanto en tacto como en guiado.
Más Premium. Los tres vehículos se mueven en un terreno donde las ventas son primordiales. Sin embargo, no se han olvidado de incorporar elementos más propios de categorías premium algunas de ellas de serie en estas versiones alta de gama que estamos analizando. El Focus hereda tecnologías de sus hermanos mayores como el llenado de depósito sin tapón, el arranque por botón y acceso sin llave (Renault lo lleva equipando desde hace tiempo), el navegador con cartografía en tarjeta de memoria (también se puede pedir uno más completo por DVD), los faros LED traseros, iluminación en curva y bi-xenón, bluetooth y control por órdenes vocales, etc. Son detalles que tampoco le diferencian claramente de sus rivales a excepción del cambio automático de doble embrague que podrá montar en breve, pues tanto el 308 como el Mégane van muy bien servidos y su precio está casi a la par, sólo el Mégane toma cierta ventaja. Sin embargo, a mismo precio nos seguimos decantando por el producto de Ford, muy completo y dinámicamente el más eficaz del grupo.
