LOS NUEVOS VECINOS
El transporte en la ciudad demanda cada vez coches más prácticos y económicos. Claro que esto no implica vehículos de diseño anodino, sino que hoy día se puede elegir entre un gran abanico de propuestas atractivas tanto para la vista como para el bolsillo.
En este nuevo ambiente urbano desembarcan dos marcas con experiencia acumulada años atrás, ahora con dos modelos que revitalizan su oferta en el segmento más menudo. Chevrolet nos muestra su cara más europea y fresca con el Spark; poco parecido con el Matiz al que sustituye y con las mismas pretensiones de funcionalidad.
El Pixo de Nissan, por su parte, nacido de la colaboración con Suzuki (allí se llama Alto), viene a complementar al popular Micra en un escalón inferior. Prima la simplicidad y la economía, lo suyo es facilitar sin más la movilidad ciudadana de cada día.
Por los ojos. Puestos uno al lado del otro, la verdad es que el impacto visual del Spark centra nuestra atención y deja al Pixo en un segundo plano. El diseño agresivo y hasta deportivo del nuevo Chevrolet es poco habitual. Queda claro que no sólo busca una clientela funcional, sino otra que anhela un aspecto más emocional del automóvil. Puertas adentro se repite la historia: colores atrevidos, materiales de toque moderno, y formas vistosas. Preside el salpicadero un llamativo cuadro de relojes, al estilo de una motocicleta, dotado de una cuidada iluminación en azul y en el que se integra un ordenador de a bordo con ausencias destacadas: marca la temperatura, pero no indica consumo medio ni instantáneo.
Ante tal derroche de estilo juvenil, la austeridad del Pixo poco tiene que hacer. Por fuera aparece más moderno y resultón -es agradable de ver y para nada desentona- que por dentro, donde la simplicidad es la nota predominante: botonería más sencilla, instrumentación menos ambiciosa (ni siquiera tiene tacómetro, aunque es de lectura más clara), y plásticos más pobres.
No todo es apariencia. En cuestiones de habitabilidad ambos ofrecen una capacidad lograda para sus pequeñas dimensiones y los dos fabricantes han hecho un buen trabajo de aprovechamiento. No parecen tan menudos. Y fíjate que sus carrocerías son de cinco puertas. Atención aquí, el Pixo sólo está homologado para cuatro ocupantes mientras que el Spark admite a cinco, muy apretados, eso sí.
Exteriormente el Spark es algo más largo y alto (aventaja a su rival en 8 y 5 cm, respectivamente), y metro en mano sus cotas interiores anuncian más espacio, sobre todo para que los pasajeros viajen más holgados. Al volante, la posición de conducción es alta incluso en la posición más baja del asiento; por cierto, aunque podemos variar la altura de la banqueta su regulación es un tanto incómoda. Con menos ajustes, la ergonomía del Pixo está mejor resuelta.
A la hora de guardar pequeños objetos, el utilitario de Nissan cuenta con varios espacios útiles en puertas, zona inferior de la consola central, aunque la guantera es abierta y deja a la vista lo que allí dejemos. El Spark tampoco sorprende ni defrauda, en este sentido, aunque al menos su guantera tiene tapa.
No podemos esperar grandes maleteros en coches de este tamaño. Chevrolet ha intentado ganar litros a costa de optar por un kit reparapinchazos en lugar de la rueda de repuesto. Todavía así se queda en unos justos 170 litros; al menos la boca de carga es más amplia que en el Pixo; éste sí presume de llevar rueda de repuesto -de emergencia-, sin embargo su capacidad se limita a sólo 129 litros. Los dos automóviles necesitan abatir alguno de los asientos traseros a la hora de viajar con grandes equipajes.
Ciudad y más. De arquitectura de suspensiones similares, y tarados bastante cómodos, ambos se manejan en ciudad con mucha soltura: se aparcan bien, son muy ágiles, y sus mecánicas -de las que hablaremos más tarde- tiene suficiente pegada en este hábitat. Aquí la dirección del Spark sobresale por su mayor dulzura y rapidez, ideal para maniobrar, mientras que la del Pixo es un tanto más lenta y tiene una asistencia de más fuerza cuando el volante intenta recuperar su posición.
Hay un apartado en el que las diferencias entre ambos son más evidentes y donde uno destaca el otro penaliza, y viceversa: la mecánica. El Pixo sólo cuenta con un motor en su gama, un sencillo tricilíndrico de un litro con prestaciones a priori discretas. Nada más lejos de la realidad, ¡qué brío tiene este motor! Tiene unos bajos y medios mejor de lo esperado, lo que le permite salir de los semáforos con una alegría inaudita para sólo 68 CV. Una caja de cambios de buen tacto y escalonamiento hacen el resto. No todo son buenas noticias, este rendimiento se paga con unas vibraciones acusadas en todo el régimen, especialmente notorias al ralentí y por encima de 120 km/h. Una pena, porque este poco refinamiento -igualmente manifiesto en una sonoridad elevada- le restan muchos puntos a la hora de viajar. Y eso que por rendimiento mecánico y dinámica suficientemente estable podría hacerlo sin problemas.
El rodar del Spark está en un nivel distinto. El catálogo de Chevrolet nos propone dos motores, ambos de cuatro cilindros, 1.0 de 68 CV y 1.2 de 81 CV. Para nuestra comparativa hemos elegido el más potente, aun cuando el otro casa más con su rival, porque la verdad, analizando las prestaciones está casi a la par del motor del Nissan.
Recién bajados del japonés, el utilitario americano resulta mucho más suave y agradable de conducir. Es muy silencioso al ralentí y no tanto a velocidades por encima de la ley, si bien las vibraciones están mucho más contenidas. Su principal hándicap es la pobre respuesta a bajo régimen. Pide girar muy arriba para correr, algo totalmente necesario para adelantar con garantías a tenor de una relación de cambio más bien larga para este tipo de vehículo. En el Spark, además, su carrocería más elevada le hace más sensible al viento, restándole confianza para rodar a ritmos elevados. En otros menesteres su bastidor apunta buenas maneras.
Ya que partimos de dos coches económicos, el gasto de combustible está muy ajustado, sobre todo en el caso del Pixo el cual aúna prestaciones y eficiencia.