NISSAN GT-R
DE DIBUJOS ANIMADOS  
Nissan ha creado un deportivo de comic. Imponente de aspecto, brutal en prestaciones y más asequible a la conducción de lo que parece. Y, además, con un precio a años luz de sus competidores.  



El GT-R es una de las apariciones más excitantes de los últimos tiempos. Un superdeportivo japonés capaz de poner en apuros a los purasangre europeos más afamados, con una peculiar receta mecánica y una estética que parece salida (literalmente) de un videojuego.
Y es que el GT-R vio la luz primero en el afamado Gran Turismo. Como herencia queda la pantalla central del salpicadero, desarrollada por el creador de la saga del juego, en la que se muestran múltiples parámetros del motor (temperatura y presión de aceite de motor y transmisión, presión del turbo...) y de la conducción (fuerzas G de frenada, giro y aceleración), además de los datos habituales de consumo y kilometraje recorrido. Cada conductor podrá configurar individualmente la información que desea visualizar en cada momento. Es lo más llamativo de un interior bastante bien presentado (salvo por algunos plásticos que desmerecen), con unos efectivos asientos deportivos y unas plazas traseras que solo recomendamos para situaciones de emergencia. Más resolutivo es el maletero de 315 litros, impropio de un modelo de este talante.

Impresiona. Y es que el GT-R es un deportivo de los de verdad. Su motor V6 con doble turbo muestra una rabia que no recordábamos desde la última vez que probamos el Porsche 911 Turbo. Es un propulsor ultra compacto con 3,8 litros de cubicaje situado transversalmente en la parte delantera (con el cambio en el eje trasero para mejorar el reparto de pesos) y con una potencia y par que se manifiestan con toda su crudeza cuando hundimos el pie en el acelerador. Hasta el medio régimen permanece bastante dócil y manejable. De hecho, salvo por una suspensión bastante firme en todas sus posiciones, es un coche muy utilizable a diario, aunque sin llegar a los excelentes niveles de confort del Audi R8.
Es a partir de las 4.000 rpm. cuando sale el lado salvaje del motor del GT-R y, a la vez, comienza a brillar el espectacular chasis que han creado los ingenieros de Nissan. El conjunto que forman el sistema de tracción total (que en condiciones normales transmite el par al eje posterior), el control electrónico de tracción, los diferenciales delantero y trasero y el control de estabilidad convierten al GT-R en uno de los deportivos más efectivos del mundo. Seremos capaces de ir muy rápido bastante pronto pero ojo, que la facilidad que muestra para ganar velocidad nos puede llegar a sorprender si nos pasamos de optimistas.
Por si todo esto fuera poco, la dinámica del GT-R se puede configurar a nuestro gusto por medio de los tres conmutadores que gestionan los programas del cambio de doble embrague (muy efectivo y rápido), la amortiguación pilotada y los controles electrónicos. El cambio automático dispone de un programa Snow para arrancadas delicadas, un modo estándar (en el que cambia en 0,5 segundos) y el modo Race, donde emplea solo 0,2 s. en cada paso de marchas.

Los tres modos de amortiguación no se diferencian tanto, porque ya desde el estándar se muestra bastante durito, mientras que el control de estabilidad podemos tenerlo completamente activo, en un modo latente en el que nos permite jugar con la zaga y completamente desconectado, algo que sólo conviene hacer en circuito.
Fuera del plano dinámico, su otra gran baza es el precio. La versión Premium Edition, intermedia en la gama, cuesta 87.000 euros y dispone de todos los elementos que cabe esperar en un coche de este calibre (salvo el navegador y la conexión bluetooth, que cuestan 2.400 euros extras). Sólo el BMW M3 está en condiciones de competir en precio, porque el Porsche Turbo o el Audi R8 cuestan casi casi el doble.