Da pena ver cómo el mercado manda hasta el punto de que algunos coches pierdan su identidad. El Touareg era un todoterreno con todas las de la ley (reductoras y bloqueos de diferencial central y trasero), que además se comportaba muy bien en carretera y regalaba a sus ocupantes un interior lujoso, cuidado y elegante.
Pues bien, el mercado, el pueblo soberano, manda tanto que se le ha quitado lo mejor que tenía, es decir, los bloqueos de diferencial y las reductoras y se ha convertido en un SUV de lujo y no en un todoterreno de lujo, que es como nació y como apuntaba grandes maneras. En mi opinión se ha mirado demasiado en el espejo del Q7 cuando debería haberse mirado en el espejo del Range Rover Sport y buscar ahí su mercado, donde por cierto ya lo tenía, solo había que cuidarlo.
Adiós V10.
Otro de los iconos que acompañaron a este todoterreno de la casa Volkswagen fue el motor TDi V10 5.0 de 313 caballos, ahora sustituido precisamente por el propulsor que sometemos a prueba, un V8 de 340 caballos que ya conocemos de Audi, y que estrenó el Q7 precisamente.
Es un motor de notable y grandes virtudes, y los que piensen en el consumo tengo que decirles que también, pues firmar registros inferiores a los 11 litros respetando los límites de velocidad no es tan fácil con 4,2 litros de capacidad y 340 unidades de potencia. Un depósito -algo más de los 85 litros declarados- nos permite recorrer casi 800 kilómetros, una autonomía elevadísima.
Frente a otros V8 del mercado éste nos gustó por ser un motor de respuesta suave inicialmente, no se “encabrita” a la mínima insinuación de acelerador –lo que facilita enormemente las tareas de aparcamiento-, pero si hundimos el pedal a fondo el Touareg no encuentra rival en carretera, hasta el punto que algún deportivo que se vanagloria de serlo llega a morder el polvo.
El grupo motopropulsor está perfectamente aislado del habitáculo y sólo cuando aceleramos a tope nos llega un rumor que nos recuerda que es un diésel, pero un diésel especial por el sonido y por la brutal respuesta. Contribuye sobremanera el nuevo cambio de 8 velocidades automático, de rápido y suave funcionamiento en las inserciones pero al que le faltan unas levas en el volante o la dirección para completar su manejo manual.
Más Q7. La ventaja de haber perdido el apellido todoterreno la vemos en cuanto salimos a carretera, a los pocos kilómetros parece que llevamos años al volante del Touareg, que se muestra firme y aplomado sobre el asfalto. Las inclinaciones de carrocería son casi inapreciables y las inercias sólo se manifiestan cuando vamos por vías secundarias, y si nos pasamos con el acelerador notamos cómo cuesta parar el conjunto, que por cierto, ha perdido unos cuantos kilos, 2.220 de peso frento a los 2.600 del V10 TDi.El equipo de frenos, por cierto, no acusa el exceso de trabajo.
La suspensión, regulable en nuestra unidad, muestra una doble cara en el Touareg. Una en la que no se aprecian en el interior ni las huellas de la carretera ni los inconvenientes de la pisada normal –posición confort-, y otra en la que la amortiguación es más firme, y se nota claramente, aunque nuestros compañeros de viaje no protestarán porque elijamos este modo pues desde el minuto uno quedarán asombrados por el cuidado con que está hecho el interior del Toaureg.
Ha querido mantener algo de su carácter campero original y el sistema 4Motion con difrencial central Torsen (el 4XMotion sólo está disponible con el V6 TDI a un precio de casi 2.000 € e incluye los diferenciales central y trasero bloquebles al 100%) dispone de un programa Off Road mediante el que ABS y control de tracción se preparan para una conducción fuera de asfalto, se activa el control de descenso de pendientes y entra en funcionamiento un programa diferente para el cambio Tiptronic.
Más lujo. Si bien ha cambiado completamente el diseño mantiene la misma tónica del anterior en lo referente a calidad de materiales, ensamblaje y disposición de todos los mandos. Esto último es importante pues en un vistazo recorremos todo el espacio vital del conductor y sabemos dónde están las cosas evitando las distracciones en la conducción.
Además, el equipamiento de serie del V8 TDi contempla elementos como las luces Bi-xenón, acceso y arranque del coche sin llave, portón trasero de apertura y cierre eléctricos -que se agradece- y asientos delanteros con regulación eléctrica, entre los más sibaritas. En el capítulo de opciones, como siempre se puede personalizar el coche hasta niveles inimaginables.
En definitiva, se compensan los 78.000 euros que cuesta y hace que nos sintamos orgullosos con la inversión realizada, disfrutando cada kilómetro recorrido aunque tengamos claro que las limitaciones en campo serán mayores, pero tampoco nos importa, si al campo vamos a ir bien poco...