TOYOTA iQ 1.0 VVT-i
TECNOLOGÍA DE BOLSILLO  
Vanguardista e innovador, el Toyota iQ remata la idea del genuino Smart pero aportando dos plazas traseras. Eso sí, su calidad y buenas sensaciones de conducción se venden a un precio elevado  


Resulta inevitable la comparación con el Smart al iniciar nuestra prueba del iQ. Los puntos de encuentro son muchos: son coches diseñados para la ciudad, tremendamente compactos y ágiles, llamativos, etc. Pero la casa japonesa impone otros parámetros que le definen y diferencian del Smart, como son la calidad, las sensaciones de coche de segmento superior y como no la adopción de dos plazas traseras inéditas en un automóvil que roza los tres metros de largo. Son puntos de partida que, por un lado, le sitúan en una órbita más elitista; según la propia Toyota, cercana a un Fiat 500 o un Mini. No creemos que llegue a éstos en muchos aspectos, sí en su precio que marca una barrera para los que sólo busquen un coche urbano.
Con todo, el Toyota iQ es algo más que un mero urbanita. Ha sabido concentrar en un tamaño muy reducido el tacto de conducción de coches mayores a base de ingenio y soluciones vanguardistas: diferencial colocado por delante del motor, acoplamiento central de la dirección, depósito de combustible muy fino, unidad de calefacción ultracompacta, diseño asimétrico del salpicadero.

Aprovechado al máximo, sorprende la amplitud de las plazas delanteras. El pasajero anterior viaja en una posición adelantada en beneficio del espacio trasero y es elogiable que al menos un adulto pueda acomodarse con corrección en la plaza derecha trasera, con el condicionante de una altura algo justa. Los problemas empiezan detrás del conductor, cuyo asiento queda prácticamente limitado a la monta de una silla infantil.
Haciendo uso de los cuatro asientos, el maletero apenas da cabida a un maletín estrecho. Sin embargo, si plegamos las plazas posteriores hay unos buenos 238 litros. No estaría de más que los reposacabezas fuesen escamoteables automáticamente, pues hay que desmontarlos de forma manual y guardarlos en el hueco disponible bajo la banqueta trasera. Tampoco hay elementos de sujección para evitar que se mueva la carga en el generoso espacio ofrecido con los asientos abatidos.

Como un grande. El iQ se enorgullece de parecerse a sus mayores. Ya en la primera toma de contacto constatamos un gran aplomo, y nos reafirmamos en esta apreciación. Con su corta longitud y excelente radio de giro se configura como un especialista ciudadano, pero su comportamiento en vías más rápidas no desmerece para nada. Su generosa anchura -casi como un Yaris- y el buen trabajo realizado en chasis y suspensiones le otorgan un tacto de coche grande encomiable, y que está muy por encima del ofrecido por un Smart. Además, incluye de serie elementos de seguridad de gama superior como el ABS con repartidor de frenada y asistente a la frenada de emergencia, o el control de tracción y de estabilidad desconectable. Éste actúa sobre todo en los giros de rotonda en los que el coche tiende claramente a subvirar cuando entramos con una velocidad elevada.
Con el Smart igualmente marca las distancias en cuanto a finura de funcionamiento y confort. El rodar del iQ se filtra muy bien en el interior y el ruido se mantiene en niveles comedidos, disimulando con eficacia el ronroneo y vibraciones típicos de los motores de tres cilindros. Y es que el iQ, a la espera de recibir el motor 1.3 de 99 CV y sin el diésel que inicialmente probamos en su presentación, solo se ofrece con el tricilíndrico 1.1 de 68 CV ya conocido en el Aygo y Yaris. Más que suficiente para mover el coche con garantías de no ser un estorbo para el resto de conductores y bastante capaz incluso para viajar por autovía a cruceros ilegales. Unos desarrollos de su caja de cambios más cortos no le vendrían mal para ganar algo de vivacidad, pues sobre todo la cuarta y quinta son largas, aunque así el consumo se mantiene en cifras muy contenidas.

Estar a la vanguardia tiene un precio, y el iQ no es que sea precisamente un urbanita tradicional. Su componente tecnológico es alto y además cuenta con un equipamiento innovador en aspectos como el airbag de luneta trasera, o el de antideslizamiento del pasajero, además de otros elementos de categoría más alta. En definitiva, un automóvil revolucionario y destinado a la élite ciudadana ávida de distinción.