La marca del felino no descansa. Ha apostado por la deportividad, pero no sólo se ha aplicado a los nuevos motores de gasolina, sino también a los de gasóleo. La todavía joven gama XF estrena un motor turbodiésel sobrealimentado de tres litros, que sustituye al 2.7D salido de la alianza PSA y Ford, y que rinde 241 ó 275 caballos. Hemos probado el denominado 3.0 V6D S (275 cv), sin duda claramente más ventajoso por la corta diferencia en precio y por lo que a cambio nos brinda para disfrutar en la carretera, siempre y cuando no haya radares próximos. Hemos de tener en cuenta que, en lo que a versiones básicas respecta, el XF de 241 caballos es sólo 3.500 euros más barato, una diferencia, metidos en gastos, casi inapreciable.
La variante más potente sólo se distingue de la “pequeña” por la gestión electrónica del motor. Comparte, pues, el sistema de doble turbo paralelo. El más pequeño de ellos funciona a bajos regímenes y el más grande en la zona alta del cuentavueltas, a partir de 2.800 revoluciones por minuto, si bien durante unos instantes soplan simultáneamente. Respecto al 2.7D estrenan las dos variantes unos inyectores piezoeléctricos de siete orificios que pueden realizar hasta cinco inyecciones por ciclo de combustión, lo que rebaja los niveles de emisiones de partículas nocivas, hasta el punto de cumplir la futura norma Euro5. Ambos cuentan con filtros antipartículas y con un nuevo sistema de recirculación de gases. Todos estos elementos hacen que, además, se reduzcan las vibraciones y ruidos de funcionamiento, factor en el que ha ganado al ya silencioso 2.7D con que vió la luz el Jaguar XF hace apenas dos años.
Como la seda. Durante más de 800 kilómetros de prueba, quizás lo que más me ha sorprendido es la bajísima sonoridad de funcionamiento de este XF 3.0D S. Además, cuando pisamos a fondo el acelerador, el sonido no es bronco. Suena casi tan bien como un V6 de gasolina, lo que incrementa el agrado de uso, más allá de las soberbias prestaciones y unos consumos que, si no somos despiadados con el acelerador, se pueden mantener en torno a los diez litros en carretera. Parte del mérito se debe también a la caja de cambios automática de seis marchas, de extraordinaria suavidad de funcionamiento y con unos desarrollos muy acordes a la filosofía casi deportiva del coche.
Además, hay que elogiar el cariz dinámico que los ingenieros de Jaguar han querido aportar a esta nueva criatura de la marca. Aunque el confort es prioridad, la dinámica de conducción no se ve afectada por ello. El XF 3.0D S es tremendamente ágil aun a pesar de no ser un coche especialmente liviano, pues con más de 1.800 kilos de peso en orden de marcha, no es de los más delgados de su categoría.Es un coche relativamente neutro de reacciones y sólo pierde la compostura, para advertirnos su carácter de propulsión trasera, si desconectamos el control de estabilidad totalmente. De lo contrario, cumple su misión, que es recolocarlo en la trayectoria sin que prácticamente tengamos que hacer una corrección con el volante.
Nueva dotación. El estreno de los nuevos motores para la berlina creada por quien ha firmado también los Aston Martin más bellos, Ian Callum se ha hecho coincidir con pequeñas modificaciones en el diseño y equipamiento. Quizás lo más significativo es la suma a la familia XF del nivel de equipamiento Portfolio, antes reservado a los XK y XJ, y que concretamente protagoniza estas páginas. Incorpora elementos tan refinados como las costuras con doble pespunte en la tapicería de cuero, el tapizado del techo en alcántara -que imita al ante-, las alfombrillas ribeteadas con logotipo de la marca bordado y con mayor grosor, los asientos delanteros calefactados y ventilados con dieciséis ajustes para el conductor y doce para el acompañante, llantas de aleación, denominadas Artura, de 19 pulgadas de diámetro. Además, incluye más posibilidades de elegir las combinaciones de colores para el habitáculo.
Si nos atenemos a los precios, el XF 3.0D S con equipamiento Luxury, el básico de la gama, es alrededor de 4.400 euros más caro que sus oponentes de las marcas alemanas, siendo sólo vencido por potencia por el BMW 535d; en cuanto a equipamiento, es sin duda mejor que todos ellos, dado que la dotación de serie de los tres, Audi, BMW y Mercedes deja de lado elementos tan demandados en este tipo de coches como la tapicería de piel, el ajuste eléctrico de los asientos delanteros, la cortinilla posterior eléctrica, el sensor de parking trasero -el delantero va asociado a la cámara de retrovisión (874€), etc. Pero tampoco debemos dejar de lado elementos como la suspensión con amortiguación adaptativa, denominada e-Diff, etc.
Por todo ello, por prestaciones, dinámica de conducción y dotación entre otros aspectos el XF 3.0D S es un valor a considerar, sobre todo por aquellos que quieran marcar la diferencia desde el punto de vista del diseño.