TERRENO FAMILIAR
La receta para reconvertir una berlina familiar en un polivalente todo terreno ligero no parece demasiado complicada. Básicamente, pasa por combinar tres ingredientes no excesivamente complejos: un sistema de transmisión integral, una mayor altura libre respecto al suelo y finalmente el aderezo estético en forma de plásticos y protecciones en el perímetro y bajos del coche.
Audi y Subaru han demostrado tener buenas manos en esta materia. La primera acaba de lanzar una nueva versión Allroad sobre la carrocería del A4 Avant, mientras que la nipona cuenta con el aval de una dilatada trayectoria, empezando por todas las generaciones del Forester a excepción de esta última y llegando hasta el Outback, la interpretación campera del Legacy.
Un abismo en precio.
No sería de extrañar que a alguno de nuestros lectores le bastase la comparación entre sus respectivos precios para decidir inmediatamente su compra, sin atender a más informaciones o comentarios. Lo cierto es que tratándose de propuestas equiparables, la diferencia entre ambos es sencillamente abismal.
Nada menos que 11.450 euros es el desembolso de más que exige el Audi, una cantidad que ni siquiera se puede justificar con un equipamiento mayor porque lo que ocurre es exactamente lo contrario: el Subaru se basta con su acabado básico Classic para superar en dotación de serie a su oponente, destacando elementos como los faros de xenón, la regulación eléctrica del asiento del conductor, la calefacción para las butacas delanteras, el control de crucero o el cargador de CD’s.
Lo bueno del A4 es la enorme lista de opciones que pone a disposición del usuario, incluyendo avanzadas tecnologías de seguridad y equipamientos de confort a los que ni siquiera podríamos tener acceso en las versiones más altas de gama del japonés.
En descargo del germano hay que indicar que estamos tratando con la variante TDI de 170 CV y que el futuro turbodiésel de 143 CV costará 2.200 euros menos. También puede que demos por bien empleado el dinero invertido en el Allroad si valoramos en mayor medida el estatus que aporta, perfectamente reflejado en una presentación interior notablemente más distinguida y señorial y elaborada sobre una base de materiales de mayor calidad. El interior del Outback, por su parte, queda envuelto en un aire de mayor discreción y sencillez, con unos plásticos de factura inferior aunque el ajuste general sea bastante bueno.
Cuestiones de estilo al margen, nuestros dos invitados alcanzan un nivel de funcionalidad bastante parejo. Posibilitan un correcto acomodo para cuatro ocupantes, sin ningún problema en cuanto al espacio para las piernas y la cabeza de los ocupantes traseros, matizando que el A4 casi inutiliza su plaza central posterior dada la profunda intromisión del túnel de transmisión y la consola central.
Los maleteros, sin excesos, también dan la talla ante las necesidades familiares, pero nos quedamos con el del alemán. No por su capacidad -apenas supera a su rival en 30 l.-, sino porque presenta unas formas regulares que lo hacen más aprovechable y cuenta con varias soluciones, opcionales, para organizar y transportar más fácilmente la carga.
A golpe de caballo.
Con las motorizaciones que les acompañan, ambos modelos son capaces de lograr un correcto equilibrio entre prestaciones y consumo, destacando el de los aros en el primer apartado y el asiático en el segundo.
El A4 Allroad arranca en la gama diésel con la versión de 170 CV de su motor TDI de dos litros, articulado sobre la tecnología de rampa común que le confiere un tacto más refinado que su ancestros con tecnología de inyector-bomba. Por su parte, el Outback se alimenta de la tecnología bóxer de cilindros opuestos para extraer 150 CV de un bloque también de 2.000 c.c. que lleva a un grado superior las sensaciones de suavidad de marcha y contención sonora, mostrándose así como un coche de lo más agradable de conducir.
A esta sensación contribuye también el modo en que despliega su potencia. Sus prestaciones no son precisamente de las mejoras de la categoría y su empuje tampoco da sensación de poderío, pero a cambio se muestra constante y uniforme para responder con total satisfacción y sobre todo mucha finura entre las 1.800 y las 4.000 vueltas.
Al volante del representante europeo es más apreciable el salto desde la zona más baja del cuentavueltas hasta los primeros regímenes con fuerza. A partir de ahí da mayor sensación de potencia, de contundencia y si nos gusta apurar las marchas también saca a relucir una elasticidad superior, situando el corte de inyección en las 5.200 rpm.
Cuenta con el apoyo de un cambio de seis velocidades que le permite dosificar óptimamente las raciones de par motor, cuando el Subaru debe contentarse con cinco. Es cierto que contando con una relación menos los saltos entre marchas son más evidentes, pero respecto al desahogo del motor y la contención del consumo no hemos echado mucho de menos una sexta, ya que el desarrollo en quinta del japonés es prácticamente idéntico al del germano en sexta -los dos alcanzan los 120 km/h sobre las 2.400 vueltas-, y los consumos registados por el Outback son más ajustados en todo tipo de uso.
Con paso firme. Amén de sus posibilidades off road, nuestros dos protagonistas son ante todo berlinas familiares y como tales deben responder como auténticos ruteros a la prueba del asfalto. Sin problemas. Combinando un tarado de suspensión que garantiza el confort de marcha exigido y la tracción integral permanente para fijar las cuatro ruedas a la carretera, queda plenamente asegurada una conducción cómoda y de lo más segura, sobre todo cuando el firme presenta menor adherencia o está bacheado.
La conducción en cualquier caso se torna noble y predecible, aunque el hecho de equipar un sistema de transmisión integral es sinónimo de peso adicional y pérdida de agilidad, por lo que ante los tramos más virados no podemos esperar una gran incisividad de sus trenes delanteros para enmarcarse en las curvas.
Lo que si podemos es aprovechar que traccionan con las cuatro ruedas, y por tanto se retarda la entrada en acción del ESP, para dar gas a la salida de la curva sin temor a perder el contacto con el suelo. El Allroad se muestra menos efectivo en los giros ya que parece acusar y manifestar en mayor medida su peso, frente a la sensación de soltura que tenemos a bordo del oriental, que lleva la cruz en las distancias de frenado a alta velocidad.
Si nos decidimos a salir de la carretera deberemos llevar la prudencia por bandera. Sus transmisiones son efectivas para circular por tramos poco complicados, pero hay que ser consciente de que contamos con una altura libre todavía inferior a la de un SUV convencional -19 cm. el Subaru y 18 el Audi- y que no tendremos más apoyo que el de la tracción integral.
Si acaso, el alemán cuenta con un programa especial en el ESP que permite un mayor deslizamiento de las ruedas en campo, a lo que el Outback responde con neumáticos de uso mixto que acrecientan su polivalencia y una batalla más corta que reduce el riesgo de toque de bajos.
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