COMPARATIVAS
MAZDA3 2.2 CRTD SPORTIVE / PEUGEOT 308 2.0 HDI PREMIUM / RENAULT MÉGANE 1.9 DCI PRIVILEGE


A POR ELLOS

El de los compactos es un segmento en constante renovación. Una vocación de cambio motivada por la tremenda competencia existente y que deriva a favor del cliente en un contínuo carrusel de novedades y actualizaciones que a fin de cuentas anima a acudir al concesionario a formalizar el cambio de coche que llevamos tiempo meditando.
Entre las nuevas generaciones y los lavados de cara, la categoría compacta vive hoy un momento dulce. El superventas Megane presenta una nueva generación, igual que el japones de Mazda, el 3, que introduce acertadas e importantes novedades en esta segunda edición. El Peugeot libera una nueva cara para este 2009, una actualización de sus rasgos felinos para entrar con garra en estos tiempos en los que parece que hay luz al final del túnel.
Además de que el segmento se anima con las constantes novedades, hay que tener en cuenta las ayudas gubernamentales, sumadas a las de la marca y el esfuerzo del propio concesionario. Hay que rendirse a la evidencia y cambiar el coche.

Razones de peso. Entre los compactos hay que hacer distinciones según su peso en las ventas, y éstas solo están fundamentada en clasicismos. Es decir, no faltan razones para que Megane y 308 sean casi todos los meses dos de los modelos más vendidos y que se estén peleando continuamente en la lista con Focus, León y C4. Pero que entre todos estos no figure nunca el Mazda3 me parece injusto. Y no es por nada, es simplemente que el representante asiático es un gran coche, que supera en algunos apartados a rivales contrastados como estos dos franceses, aunque en otros necesite mejorar.
La nueva generación del Mazda3 viene de la mano de un diseño muy dinámico, de mayores dimensiones exteriores pero que no se traducen en una mayor habitabilidad interior (uno de los apartados en los que debe mejorar). Además de este diseño más deportivo, trae la más importante de sus novedades, el motor 2,2 litros de 150 caballos. No sólo es algo más potente, sino que consume menos, es más agradable de conducir -incluso parece menos sonoro- y tiene una mejor respuesta en todos los regímenes, reaccionando modo más vivo, sin momentos de pereza.

El Renault Megane, como en otras ocasiones, rompe con todo lo anterior y muestra una cara absolutamente nueva, sin arriesgar tanto como la generación anterior, y ofreciendo un aire de familia mucho mayor tanto en el frontal como en la zaga.
Viene acompañado también de una nueva generación de motores diésel, con el 130 caballos objeto de nuestra comparativa como abanderado en potencia y ventas. Este motor destaca por su suavidad de funcionamiento y por sus menores emisiones (el Peugeot está en el tramo impositivo del 9,75% mientras que Mazda y Megane están en 4,75%), aunque en lo que a potencia se refiere sea el más pequeño del trío. Esto se debe en parte a que es el único del terceto que no dispone de culata multiválvulas, lo que implica un rendimiento ligeramente inferior.
Desde luego, y gracias a su mayor cilindrada, el Mazda no encuentra rival entre sus competidores europeos en cuestión de rendimiento, pero es que en consumos sorprende igualmente. Es más, incluso el motor de 185 CV (un Mazda3 con este motor cuesta sólo 25.500 euros, o sea, 900 euros más que la unidad que hemos sometido a esta comparativa) pondría en aprietos de gasto de gas-oil a los motores en el entorno de los 140 caballos.
El Peugeot tiene el archiconocido motor dos litros de 136 caballos. Éste, un viejo conocido por su popularidad y abastecimiento en distintas gamas, sigue siendo uno de los mejores del segmento. Ofrece una cota de par elevada, 320 Nm (40 Nm menos que el nipón) a 2.000 r.p.m. por lo que la contundencia desde apenas el ralentí está asegurada.
En la lucha frente al crono el japonés vuelve a sacar pecho. Además de ser el de mayor cilindrada y rendimiento, tiene una relación peso/potencia favorable con sus 9,7 kilos al caballo.

Un paso más allá. Llega la hora de valorar su dinamismo y como sucede habitualmente el último en llegar se lleva el gato al agua. Si las suspensiones delanteras están cortadas por el mismo patrón, eje independiente con columnas McPherson, será el eje posterior el que marque las diferencias. Mientras que los galos montan el clásico sistema semi-independiente de ruedas tiradas, el Mazda se decanta por la más evolucionada arquitectura multibrazo.
Este último esquema es, sin duda, el más aconsejable sobre todo si el conductor es de aquellos dispuestos a exprimir motor, chasis y carretera convirtiendo su desplazamiento en algo más, aunque, y todo hay que decirlo, repercute en los costes, pues es más caro de hacer y por lo tanto tiene sus consecuencias en el precio final.
Seguramente el 3 sería algo más barato con un eje torsional pero no iría igual de bien. Gracias a la plataforma desarrollada por Ford -es la misma que la del Focus- podemos catalogar a este modelo como uno de los más satisfactorios de conducir del segmento compacto gracias a la eficacia con la que se desenvuelve en todos los terrenos, y especialmente si nos decantamos por las carreteras secundarias de sistemas montañosos.
El eje torsional no desmerece en absoluto, pero a la hora de sacar el máximo partido tiene más carencias, como por ejemplo, unos reglajes de suspensión más blandos. Su efectividad pierde maneras según nos asomamos a los límites, posicionando así su comportamiento en carretera unos escalones más abajo respecto al alto nivel ofrecido por el Mazda3.
El modelo oriental ha sabido además afinar muy bien el reglaje de suspensión ofreciendo un compromiso casi perfecto entre eficacia y confort.
Siendo el más firme de los tres, y teniendo menores inclinaciones de carrocería, sabe cuidar a sus pasajeros que no protestarán ni les cambiará el gesto si en la carretera aparecen los baches o bien si incrementamos el ritmo.
El Megane es el que más beneficia a los pasajeros, aunque los balanceos aparecen antes y son algo más acusados. Eso sí, en el lado más positivo está el gran aislamiento del habitáculo, que hace que apenas se perciba lo que sucede fuera de él.
El Peugeot tiene una doble faceta. Una inicial y a baja velocidad en la que el reglaje es firme, incluso demasiado en el eje posterior que deja ver con mucha claridad que el asfalto es irregular. En cambio, a velocidades más altas y con el ánimo de sacar partido a esas suspensiones firmes nos encontramos que su eje delantero se hace notar con claros cabeceos y el tren trasero se sensibiliza en exceso tomando protagonismo cuando levantamos el pie del acelerador o tocamos el freno. A todas estas reacciones hay que unir además un balanceo más acusado del que cabría esperar al notar la firmeza de sus suspensiones a baja velocidad.
En descargo de nuestra unidad hay que señalar que al tratarse de una versión con cambio automático tenía un reglaje más beneficioso con el confort, lo que habitualmente busca el comprador de este tipo de transmisión.

Aire familiar. Los compactos son los coches familiares de las parejas jóvenes, que con el segundo hijo tienden a dar el paso a un coche de mayor capacidad. Mientras tanto el coche ha cubierto perfectamente las necesidades de espacio de cualquier pareja.
Esto, más sus diseños modernos y frescos, los hacen ideales a los ojos de los jóvenes. Gente también preocupada por el espacio y que verá que el diseño exterior tiene su importancia para determinar cómo de amplio será el habitáculo. Es el Peugeot 308 el que nos abre una mayor dimensión espacial en su habitáculo, que además se engrandece debido a un techo panorámico opcional que comienza a ser moneda de cambio en detrimento de los techos practicables de antaño.
El modelo del león ofrece un interior poco más amplio que el resto, pero ese poco le hace ser más habitable, ofreciendo una mayor altura al techo y una anchura más generosa para las plazas delanteras. Las dimensiones entre los tres están muy igualadas, lo que nos hace mirar con ojos más críticos al Mazda, pues no traslada esas mayores medidas exteriores al interior. Especialmente en lo que a distancia para las piernas se refiere, pues para tener la mayor batalla, igualada con la del Megane, ofrece cotas poco más amplias que el más pequeño, el Peugeot.
Del japonés hay que señalar que no ha crecido prácticamente nada respecto a la generación anterior en habitabilidad, y se trata del más grande de los tres, quedándose así todos los centímetros ganados en chapa.
Por tanto, y para los tres modelos analizados, el número adecuado de pasajeros es cuatro, el quinto sobra, o que sea, por su propio bien, un compañero ocasional y para trayectos cortos.

El maletero es terreno del Megane, con más de 400 litros de capacidad cuando sus dos rivales se conforman con cifras por debajo de los 350 litros. Capacidades que no son muy elevadas y que en algunos momentos se pueden quedar escasas, a plena ocupación y con unos días de vacaciones por delante, o simplemente con los trastos del niño.
De materiales y calidad poco hay que señalar, salvo que el nivel alcanzado por los tres fabricantes es bastante alto, con buenos ajustes y elección de materiales y equipamientos que disponen de lo básico y algo más, pero que a modo de opción se pueden completar con elementos casi de capricho para el nivel de coches que estamos tratando. Mazda ha dado un importante paso en este sentido ampliando su lista de opciones.
No les faltan detalles de coches modernos y adaptados a los tiempos que corren. Así, disponen de conexiones USB para escuchar nuestra música preferida, igual que entre sus opciones están presentes los navegadores, algunos más acertados que otros en lo que se refiere a intuición y manejo, como es el caso de Peugeot y sus habituales botones minúsculos.
Por último, los precios. El Mazda se sitúa en la barrera psicológica de los cuatro ‘kilos’ con muy poca diferencia respecto al modelos de 185 caballos, que puede inclinar la balanza más a su favor, pues se mejora notablemente en prestaciones, los consumos no son tan elevados y el precio es sólo mil euros superior. Renault y Peugeot sitúan su oferta en un termino medio muy apropiado para un compacto, los 21.000 euros. El Megane, pese a ser el más moderno del terceto tras el Mazda, ajusta muy bien su propuesta económica que, como en el Peugeot, está muy bien aderezada por equipamiento.