COMPARATIVAS
 
Range Rover TDV8 Vogue / Toyota Land Cruiser 200 4.5 V8 VXL


REYES DE TODO

Difícilmente podemos encontrar en el mercado todoterreno más lujosos, grandes, equipados, conun precio tan alto -como aquellos “haigas” de los toreros- y que en campo se comporten mejor que nadie. Son una especie a extinguir pues sus ventas son realmente testimoniales, y en su gran mayoría se emplean poco para lo que realmente valen, pero es indudable su poder de representación a la vez que podemos decirles a nuestros contertulios “el mio lo hace”.
Algunos pueden estar pensandoq ue nos dejamos en el tintero al Mercedes Clase G, pero el alemán se puede decir que es la versión de lujo de un Defender mientras que los traídos a esta comparativa son lo contrario el lujo llevado al campo y no el campo en su máximo lujo.
El Range Rover ha sido siempre uno de los deseados por los aficionados al todo terreno y la marca inglesa nunca ha dejado de estar en lo más alto en cuanto al cumplimiento de expectativas. En ésta última generación se mejoraron muchas cosas, y el All Terrain Response es el causante.
El Toyota Land Cruiser 200 es la m´´axima expresión de Toyota en su gama de vehículos camperos. Antes se denominaba HDJ pero no deja de ser una denominación, no ha cambiado nada de lo demás. Incluso puede parecer que ha cambiado poco el diseño, se parece mucho al anterior y eso puede tener, o no, su encanto.

Irreductible. Adentrarse en el campo con cualquiera de los dos es una experiencia de los más grata. En todos los sentidos, no perdemos ni un momento el confort ni las comodidades que nos han regalado durante los kilómetros de carretera.

Cuando llegamos al campo seguimos en la misma atmósfera de confort, incluso hasta se puede mejorar gracias a sus suspensiones modificando la dureza del amortiguador para que hay menos rebotes o éstos sean más suaves. O sea, que como en carretera podemos adeucar el coche a lo que más nos guste, blando o duro.
Es más, ambos están tan bien hechos que en muchas ocasiones pasaremos por encima de determinados baches sin que nos enteremos, son simple y llanamente magníficos en este aspecto.
Pocas cosas hay que les hagan despeinarse. Se enfrentan ante los pasos más difíciles y muy poco precavido (o lanzado) ha de ser su conductor para que tanto el Toyota como el Range no salgan victoriosos.
Buscando los pasos más difíciles el Toyota tiene una ligera ventaja sobre el modelo inglés gracias a unos recorridos mayores de suspensión, lo que hace que siempre tengamos las ruedas apoyadas (al menos tres) que redunda en mejor motricidad y poder superar bañeras o cruces de puentes más pronunciados. El eje rígido trasero tiene que tener sus ventajas en algún momento y para eso hemos aguantado algún que otro
El Range dispone de serie, de los bloqueos de diferencial central y delantero, el trasero se compra aparte, 700 euros, y lo cierto es que puede ser necesario si queremos un coche preparado para todo. El Toyota no sólo no lo monta sino que además no lo tiene disponible, será el control de estabilidad VSC el que actúe como bloqueo frenando la rueda que pierde tracción.

Reductísimas. Tanto el japonés como el de Solihull disponen de reductoras. Esta caja transfer será el mejor aliado en las zonas más trialeras, este será el único elemento que el conductor del Range debe introducir pues los demás sistemas del Terrain Response actúan automáticamente, es decir, con mirar el terreno y ver a lo que se enfrenta selecciona el la ruleta junto al campo un dibujo. Así el coche bloquea diferenciales, eleva la altura de la carrocería y continúa. El sistema se encarga él solo de ir bloqueando los diferenciales para avanzar mientras el conductor ve como progresa el coche y en la pantalla advierte todos los sistemas que están funcionando.
En cambio, en el Toyota hay que bloquear el diferencial central, seleccionar la altura de la carrocería y si procede seleccionar el Power, que sería la primera velocidad en el botoncito junto al cambio.
En este sentido, el de la simplicidad, el Toyota pierde por poco la partida pues requiere una mayor actuación del conductor. Ni que decir tiene, que esto es mínimo pues el LC200 lee el terreno y evoluciona con él mejor que el Range.

Todo poder. La mayor parte del secreto de que puedan con todo está en los potentes y enormes motores que los mueven. En ambos casos se trata de unos magníficos V8 diésel de gran cilindrada, y potencias cercanas a los 300 caballos.
A pesar de tratarse de dos motores eficacez y con una banda de utilización amplísima pues su empuje empieza a muy bajas vueltas en el Toyota ésta aparece antes, lo que nos permite tener más fuerza a bajo régimen, justo el que más se utiliza cuando las cosas se ponen difíciles. En la zona alta es al contrario, el motor del Range Rover es más impulsivo.
Por eso y aunque el peso juega muy en contra de ambos pueden mover con extraordinaria soltura los 2.710 kilos depeso del Range y los 2.640 kilos del Toyota.
Que nadie se lleve las manos a la cabeza al saber que en ciudad estaremos firmando consumos cercanos a los 16 litros. Aunque sean diésel no son precisamente ahorradores, hay que mover mucho peso y dimensiones, ahora hay que preguntarse qué gastan sus homónimos V8 de gasolina, entonces aparece el ahorro. Menos mal que sus depósitos rondan la centena de litros de capacidad así se pueden recorrer unos cuantos kilómetros más.

Mejor en asfalto. Indudablemente que el comprador de un coche de estos realizará pocas incursiones camperas, menos si pensamos en los casi 90.000 euros invertidos, por eso merece la pena detenerse en su comportamiento en carretera, donde harán más del 95% de su kilometraje.
Si en campo el Toyota gana la partida de la eficacia por los pelos en las zonas asfaltadas la batalla la gana el Range con una diferencia un poco mayor que la establecida para campo.
La conducción del inglés es más sencilla, narutal, incluso confortable y contenida. Está más predispuesto al rodar por asfalto con menores inclinaciones de carrocería, una amortiguación más firme y que las suspensiones independientes a las cuatro ruedas se comportan mejor.
El Toyota, a pesar de su menor peso y dimensiones acusa más los balanceos su dirección no es tan precisa y tiene un momento de duda hasta que su peso entra por donde le decimos. No hay asomo de falta de seguridad o inestabilidad, en autopista se puede rodar a ritmos impensables, simplemente es más trotón, más caballo de carga que de carreras.

De capricho. Ninguno de los dos escatima equipamiento para que sus ocupantes se sientan como verdaderos privilegiados a bordo de ellos. Tanto es así que en Toyota no hay ni lista de opcionales, simplemente lolleva todo. Los ingleses de Land Rover son más pijos con el Range y dejan que el usuario eleiga algunas opciones de capricho, si es que no es un capricho gastarse los 100.000 euros que costaba nuestra unidad de pruebas. Pero claro, siempre podemos poner una moqueta de lana de oveja que queda tan bien ante las visitas.
En lo que se refiere a espacio, presentan dos configuraciones muy distintas (en algo hay que distinguirse). Fiel a la tradición Toyota el Land Cruiser 200 nos ofrece un interior útill para siete pasajeros (con la fila trasera abatible sobre los cristales traseros) mientras en el Range Rover está dispuesto como cinco amplias plazas.
Son lo máximo en eficacia todo terreno, lo máximo en confort y lujo, lo máximo en dimensiones, peso y potencia ¿por qué no iban a ser lo máximo en precio? Se lo merecen. Me quedaba con los dos si es que alguien pensaba al empezar a leer esta prueba que me decantaría por alguno, así mi duda sería con cuál de los dos me voy al campo.