JUGUETES DE MAYORES
La exitosa resurrección del Mini ha animado a Fiat a hacer lo propio con el 500, que ha arrancado su periplo comercial levantando mucho interés entre los clientes. Estos dos revivals se enfrentan en estas páginas a su concepto contrario: el Smart Fortwo, un icono de la modernidad que ha sido reinterpretado recientemente para seguir sosteniendo una marca cuya única, pero poderosa tradición, es este peculiar modelo.
Los tres tienen en común muchos aspectos. El primero de ellos es su imagen especial y simpática, ya sea evocando ancestros o, en el caso del Smart, rompiendo con todo lo establecido hasta el momento. La variante modificada por Brabus, además, pone un punto de agresividad en la línea del biplaza, como se observa en las llantas de aleación sobredimensionadas (de 16 pulgadas delante y 17 atrás), el escape deportivo en posición central trasera y los paragolpes y faldones sobredimensionados.
El Fortwo fue recientemente sometido a un importante restyling cuyo principal cambio afecta a sus dimensiones. La nueva generación creció en longitud 19 centímetros, aumentando también la batalla y las vías, lo que ha contribuido a hacerlo algo más estable en marcha y a aumentar su capacidad de maletero, la mejor de los tres participantes en la comparativa. Pese a este aumento de talla el Fortwo no ha perdido un ápice de su ventaja práctica en recorridos urbanos: se puede aparcar en cualquier sitio y se maneja tan bien como siempre, con un radio de giro muy ajustado: 8,8 metros.
La ciudad es para mí. Los tres combinan la vertiente práctica de un coche urbano, la distinción de un diseño exterior especial y ciertas pretensiones prestacionales. Hemos tomado como base las versiones más potentes del Smart y del Fiat 500, que se mueven entorno a los 100 caballos de potencia. Es una cifra que puede no parecer impresionante, pero que toma un nuevo valor si la relacionamos con el peso de los tres contendientes, por debajo de una tonelada salvo en el caso del Mini, que la supera por cien kilos. El caso extremo es del Smart Fortwo Brabus, que con sus 780 kilos firma una relación peso/potencia de 7,9 kilos por caballo, digna de deportivos de cierto nivel. De ahí que prestacionalmente sea el más destacado de largo.
Para ello se aprovecha de varias ventajas. Primero, del menor peso del trío y segundo, del motor más potente que, además, va apoyado por la sobrealimentación. De ahí que con apenas un litro de cilindrada y solo tres cilindros obtenga los 98 caballos que firma su ficha técnica. El poderío del propulsor y su ligereza le permiten firmar las aceleraciones y recuperaciones más impresionantes del terceto. Durante nuestra prueba pudimos comprobar la sorpresa del resto de conductores al observar el poder de aceleración y recuperación de esta pequeña bestia que asomaba por sus retrovisores.
Smart aparte, hay que elogiar el brillante motor del Mini One, que ha abandonado el anterior 1.6 de 90 caballos por el nuevo 1.4 Vti de 95 con distribución variable Valvetronic desarrollado conjuntamente por PSA y BMW. El sistema de alzada variable de válvulas es el responsable del fantástico funcionamiento de este motor, que firma unas prestaciones muy destacadas para su escasa cilindrada. Especialmente brillante es su rendimiento en la parte alta del cuentavueltas, donde se mueve con una soltura muy destacada, lo que le permite alcanzar velocidades de crucero elevadas con cierta facilidad. No llega, por supuesto, a los niveles del Smart, pero es que el biplaza está a otro nivel en este apartado.
El Mini cuenta, además, con una serie de sistemas encaminados a reducir el consumo y las emisiones. Se trata del Start&Stop (que detiene el motor cuando se para el vehículo en un semáforo, por ejemplo), el sistema de regeneración de la energía de la frenada (que funciona sin que el conductor lo perciba) y el asistente para el cambio de marcha, que indica el momento adecuado para cambiar de velocidad de acuerdo al régimen óptimo de funcionamiento del propulsor. Esto hace que sus datos de consumo sean mejores que los del Fiat 500 (la comparación con el Smart no sería justa pues su menor peso le da mucha ventaja en este apartado).
La alegría del motor del Mini contrasta con el carácter más pausado del Fiat 500 1.4 16 válvulas, que con cien caballos es más comparable al bloque del Mini que al del Smart turbo. El motor del 500 es algo más perezoso en la zona baja y media, si bien a altas revoluciones mantiene mejor el tipo. En cualquier caso, tanto el Mini como el 500 tienen un funcionamiento muy agradable, ideal para el tráfico urbano. Para afrontar largos viajes se agradece el puntito extra del 1.4 VTi del Mini.
Divertidos. Salvo en el Smart -cuya versión Brabus es la más prestacional-, disponemos de grupos motrices más potentes en la gama Mini (Cooper y Cooper S), y pronto también entre los 500 (el Abarth llegará este mismo verano con 135 caballos bajo el capó). Pero en lo que no nos van a defraudar es en su comportamiento dinámico.
El Smart preparado por Brabus cuenta con un chasis con diversas modificaciones (básicamente una altura rebajada en 15 mm. y suspensiones con tarado deportivo) y un control de estabilidad no desconectable que gestiona el tremendo par del propulsor y tiene sobredosis de trabajo en las arrancadas. Sin embargo, las peculiares características del Fortwo (batalla ultra corta y altura elevada) le hacen algo nervioso a alta velocidad, lo que resta confianza a sus mandos. Tampoco el peculiar tacto de la dirección y los pedales invitan a mejorar esa sensación, aunque en este caso una vez acostumbrados se acaba el problema. Más equilibrado es el Fiat 500, aunque su planteamiento está más orientado al confort -de hecho cuenta con dos modos de asistencia a la dirección y respuesta del acelerador para mejorar el manejo en ciudad o en conducción pausada-.
Aquí el que marca las diferencias es el Mini, que es el más efectivo y eso que en la nueva generación se ha sacrificado el carácter directo que le asemejaba a un kart por una mayor facilidad de conducción. El 500 está más al alcance de todos los públicos, algo que agradecer´´a sobre todo el femenino, mientras que el Smart hay que saber llevarlo, porque las leyes de la física son inamovibles y su menor superficie de contacto y generosa altura le restan aplomo cuando lo exprimimos, y eso se nota con claridad a los mandos.
Practicidad limitada. Si nos olvidamos de las consideraciones dinámicas y entramos en el aspecto práctico, nos encontramos con que el Smart es el rey de la ciudad por su pequeño tamaño y manejabilidad. El cambio automático es un gran aliado en la conducción urbana (aunque su respuesta sea algo lenta) y una ventaja ante sus rivales, cuyas transmisiones automáticas hay que pagarlas aparte (785 euros en el 500 y 1.563 en el Mini).
El Mini es el más grande de los tres, pero no aprovecha demasiado bien esta ventaja estructural. De hecho, es más estrecho atrás que el 500, aunque dispone de unos centímetros más de altura en las plazas traseras que contribuirán a un mayor desahogo de los dos ocupantes de esos asientos. Tampoco hace valer su mayor longitud en el espacio para las piernas ni en la capacidad de carga, la menor de los tres con diferencia. Menos mal que es un coche “de capricho” en que todos estos aspectos quedan en un segundo plano.... al menos hasta la llegada del Fiat 500, un modelo que imita esas líneas nostálgicas, que también está realizado con mucho gusto en su aspecto interior y que, además, cuenta con una relación precio/equipamiento claramente más ventajosa. En el Smart ya sabemos lo que hay: solo dos plazas, pero ahora con un maletero bastante decente.
Si analizamos las calidades interiores tenemos que rendirnos ante las hechuras del Mini. Un coche construido con mucho gusto tanto en el diseño como en la selección de materiales para sus elementos interiores. Se han mantenido rasgos del original, como el gran velocímetro situado en el centro del salpicadero con el cuentavueltas frente al volante. En nuestra unidad de pruebas la zona central del cuentakilómetros la ocupaba el navegador opcional, que obliga a cambiar el diseño y reducir el tamaño de las grafías, que se leen con cierta dificultad.
También el 500 ha rendido homenaje al estilo original, con una gran banda horizontal en el color de la carrocería presidiendo el salpicadero, o los tiradores de las puertas fieles a las formas del primitivo utilitario. El centro de información es la pantalla situada en el centro del reloj principal, que está rodeada por los dígitos del cuentarrevoluciones y el velocímetro, también en tamaño pequeño y más difíciles de leer que los habituales. Un guiño a la modernidad es la posición elevada del selector del cambio, que además de dejar más a mano la palanca, libera un hueco en la zona inferior para latas de bebida o accesorios diseñados especialmente para ocupar ese espacio (hay linternas, ceniceros, difusores de fragancias...).
Finalmente, el Smart es el que va más justo tanto en calidades como en practicidad del interior. Hay dos zonas principales de “almacenamiento”: una, tras el volante y otra, la guantera con llave, más práctica porque evita que los objetos puedan caerse en un frenazo o una curva. La parte inferior del portón se aprovecha para alojar los triángulos y los chalecos reflectantes obligatorios permitiendo así liberar las guanteras interiores.
Equipamiento a la carta. El Smart Brabus está en lo más alto de la gama Fortwo en cuanto a equipamiento, lo que unido a su potencial mecánico justifican el mayor precio del lote. Justo lo contario ocurre con el Mini One, que es la opción de acceso, a pesar de lo cual es 1.500 euros más caro que el Fiat 500 Sport. El Mini tiene en la dotación de serie su principal talón de Aquiles: no dispone en origen del aire acondicionado, los controles de tracción y estabilidad, los faros antiniebla delanteros y las llantas de aleación, elementos que vienen de serie en el Smart y el Fiat. Si jugásemos a igualar equipamientos el Mini se convierte, con claridad, en el más caro del lote. Es aquí donde el 500 tiene su gran ventaja, sobre todo porque en cuanto a imagen podría competir de tú a tú con el Mini. El Smart Brabus, el más caro inicialmente con 17.900 euros de tarifa, viene bastante completo de fábrica (ESP, climatizador, llantas de aleación y techo panorámico incluídos) y hay una versión Xclusive aún más distinguida, con tapicería de cuero, calefacción en los asientos y una estética exterior más deportiva, aunque por nada menos que 3.000 euros más.
Uno de los grandes atractivos del Mini es su amplísimo catálogo de opciones, en el que encontrarán satisfacción incluso los más exigentes. Eso sí, a cambio de un buen pellizco extra. Se puede personalizar hasta el extremo y, de hecho, los clientes más solventes han encontrado un gran atractivo en la posibilidad de combinar los elementos estéticos disponibles: diseños para el techo o el capó, números en las puertas, faros supletorios...
El Fiat 500 ha continuado esta tendencia y también dispone de varios modelos de pegatinas para adornar su coqueta carrocería, eso sí, a un precio más moderado que en el Mini. También el Smart puede modificarse aunque con una estrategia diferente: intercambiando los paneles de la carrocería en un concesionario de la marca o acudiendo a la línea de accesorios, que contempla desde un manos libres bluetooth hasta un portabicicletas para el maletero.