ACENTO INGLÉS
El gas-oil está por las nubes, lo que hace que más de uno se piense si merece la pena optar por la gasolina. Pero este debería ser el dilema de quienes son rodarodes ocasionales; los que apenas hacen los kilómetros de los puentes y vacaciones sumados al uso cotidiano. Sin embargo, y por las ventajas de una autonomía claramente mayor, quienes recorren anualmente más de 20.000-25.000 kilómetros deben seguir teniendo en el punto de mira de su posible compra modelos equipados con motores turbodiésel. Más que nada, por prolongar al máximo esas paradas “en boxes” a la hora de afrontar un viaje de más de 500 kilómetros.
Nuevo en la plaza. El nuevo Jaguar XF ha venido a alterar la teórica paz que había entre las berlinas de lujo. No las de representación, sino aquellas que se denominan habitualmente berlina-ejecutivo, por su más frecuente demanda entre las empresas para sus directivos, como coche de flota, o simplemente por ser un símbolo de éxito profesional de cara a la “galería”, o a la urbanización, pagado por el propio bolsillo del directivo de éxito.
Sin duda alguna, el nuevo modelo de Jaguar, firma que estrena propiedad por parte del grupo industrial indio Tata, plantea una alternativa sumamente original. Estábamos ya aburridos de los tópicos estilísticos de sus marcas enemigas. El XF, nacido de la magistral mano de Ian Callum, ex director de diseño de Aston Martin -y se ha notado en los XK y XF...- tiene en la parte posterior, que nos recuerda a los DB9 de la firma de deportivos inglesa, y la vista lateral las partes más llamativas de la carrocería. Las remarcadas aletas y, sobre todo, el marco de aluminio que contornea las ventanillas, le dan una gran personalidad a este modelo británico. Por contra, el frontal descompensa el diseño, las nervaduras del capó le dan un toque de agresividad que pretende recuperar los trazos del XJ, pero, si la calandra es más o menos discutible -y la subjetividad del gusto de cada uno he de respetarla-, son los faros los que descompensan el conjunto. Desentonan en una bellísima carrocería. Los trazos de “ojo de halcón” de los proyectores empiezan a estar ya muy vistos, y más en coches de categorías inferiores.
Quizás sea el Volvo S80 el único que se acerca a él en originalidad, por ser relativamente joven en el mercado, aunque he de reconocer que sus rasgos rompen poco o nada con relación a modelos más recientes de la firma nórdica.
Del A6 y el Serie 5 poco podemos mencionar. Si el Audi, ya veterano, es continuista en su estética, de reconocido éxito, el BMW no ha llegado a cuajar entre un público amante de rasgos tirando a conservadores y elegantes; nada de estridencias y modernidades de las que es tan amigo Chris Bangle, responsable de diseño de la marca bávara.
Mejor cuatro. Los cuatro modelos pueden albergar a cinco adultos, pero lo cierto es que la configuración del asiento trasero recomienda que sean sólo dos quienes lo ocupen, ya que la plaza central es incómoda para un desplazamiento ligeramente largo.
En términos de espacio todos ellos juegan en la misma “liga”, con una mínima ventaja para el modelo sueco, que por contra es el que menos espacio de carga tiene. Se contenta con 480 litros, pero con un maletero de formas muy regulares que nada tiene que ver con el del Jaguar XF, casi el mejor con sus 540, pero menos aprovechables a la hora de cargar maletas grandes. El A6 dispone del maletero más espacioso, con 542 litros, en tanto que el BMW se queda entre dos aguas con sus 520, aunque muy aprovechable por las planas formas de sus paredes.
Ahondando en un factor que en muchos casos condiciona la decisión de compra, el diseño interior, hay que recalcar que el nuevo Jaguar es el más sofisticado. Si tenemos en cuenta que el salpicadero es el gran protagonista de todo habitáculo, el del XF es probablemente el más atractivo. Buenos plásticos, aluminio satinado y plásticos con efecto metálico dan una sensación de coche moderno que atrae. Además, las toberas de aireación escamoteables que se abren al accionar el contacto, el pomo del cambio giratorio que emerge del túnel central y la luz perimetral azul cuando circulamos de noche son detalles de sofisticación de los que carecen sus oponentes.
Le siguen los pasos el S80 y el BMW. Cada uno a su manera interpreta el diseño minimalista de los países más septentrionales de Europa, combinando buenos materiales con un diseño muy limpio y funcional. Quizás es el Audi A6 el que se queda rezagado. Y no por que los plásticos y remates sean de menor calidad, sino porque resulta a todas luces menos llamativo en el primer impacto visual.
Clave: Equipamiento. Sin lugar a dudas, y más aun cuando tratamos modelos de este tipo, de los de la llamada categoría berlina-ejecutivo, el equipamiento de serie es determinante a la hora de decidir la compra. Hemos de considerar, para empezar, que hablamos de un desembolso que, en el mejor de los casos, supera los 42.000 euros, o sea, siete millones de pesetas. Y algo esperamos a cambio que los distinga de coches hay en el peldaño inmediatamente inferior.
Si partimos del precio recomendado, simple y llanamente, habría un claro ganador, el Volvo S80. Es el único disponible con tres niveles de equipamiento y arranca por debajo de los 40.000 euros. Sin embargo, en esta ocasión hemos optado por el nivel más alto, Summum, para el S80 D5, que cuesta 44.603 euros. Sólo el Audi A6 2.7 TDI está por debajo del modelo sueco en precio, que no en equipamiento. El BMW 525d es sólo 170 euros más caro que el modelo nórdico y el Jaguar XF 2.7D, con el grado Luxury, el más bajo de los dos en que se ofrece, es el que se escapa en cuanto a coste, pero con la justificación de una dotación de serie prácticamente igual o mejor que la del S80 D5 Summum.
Para tener una referencia más clara, el mero hecho de disponer de un cambio automático de serie obligaría, a desembolsar un promedio de 2.100 euros aproximadamente en cualquiera de sus rivales para olvidarnos del embrague y la caja de cambios manual, claramente menos cómodas en la mayoritaria utilización ciudadana de la mayoría de los coches.
También ofrece la tapicería de cuero de serie, como el Volvo; la pantalla táctil para el control de climatización, equipo de audio con cargador de seis CD’s, los asientos delanteros y la columna de dirección de ajuste eléctrico. la alarma volumétrica, etc. son parte de su ADN, sin que haya que pagar por ellos un coste adicional. Quizás lo único, de lo más demandado, sea el navegador, que implica desembolsar 2.200 euros más.
En resumidas cuentas, que cualquiera de sus rivales disponga de los mismos elementos obliga a gastar aproximadamente unos 5.000 euros más, lo que compensa la balanza o cuando menos justifica ese precio a priori más alto. Eso sí, hay casos, como el del BMW, en que se puede disponer de una larguísima lista de opciones, entre las que se encuentran sofisticaciones como la cámara térmica de visión nocturna (2.371 euros), la dirección activa, que apenas requiere poco más de vuelta y media de volante en maniobras a baja velocidad (1.422 euros) o las barras estabilizadoras activas -Dynamic drive-, que cuestan 2.797 euros).
Valores similares. Los cuatro coches ofrecen un caballaje distinto, pero en términos de prestaciones los valores son bastante parecidos. Sin embargo, son los consumos los que marcan alguna diferencia más clara. Y en este caso, son los de más cubicaje los más perjudicados, el BMW y el Jaguar, con un gasto en ciudad que sobrepasa los once litros cada cien kilómetros y que en autovía se va hasta los más de nueve litros para el 525d y a 8,9 en el caso del XF 2.7D.
A título particular, el motor que más me ha satisfecho es el del coche inglés. El V6 biturbo del XF es extremadamente silencioso -incluso si lo escuchamos desde fuera del coche-, muy suave en su funcionamiento y, además, con la mayor cota de par máximo, 435 newtonmetro a sólo 1.900 vueltas, a los que hay que sumar esos 207 caballos de potencia que le ayudan a compensar, a la hora de valorar sus prestaciones, el alto peso que tiene que mover, nada menos que 1.820 kilos en orden de marcha.
Los motores del Volvo y Audi son los menos poderosos en cuanto a caballaje, con 180 y 185 CV respectivamente, si bien el coche sueco parte con la ventaja de ofrecer una curva de par más alta, lo que revierte en el agrado de uso del motor a la hora de recuperar en marchas largas. En cuanto al seis cilindros del BMW, quizás resulte el más homogéneo del grupo. Es bueno en potencia y par, pero a mi modo de ver le falta ese refinamiento del que presume el V6 del Jaguar, desarrollado por Ford y PSA-Peugeot Citroën y que es el mejor de su cilindrada.
Estos cuatro modelos no son, por sus motores, berlinas deportivas ni mucho menos. Sí son coches suficientemente ágiles y como tales, ofrecen un buen compromiso en carretera a la hora de ver cómo la balanza muestra buen equilibrio entre confort de marcha y dinámica de conducción. Para quienes aprecian ese tacto más deportivo en dirección y suspensión su modelo idóneo es el BMW 525d, si nos atenemos a la configuración de serie, claro. Quienes deseen disfrutar de ese equilibrio antes citado, la opción es el Volvo S80, que además se puede optimizar aun más con la amortiguación Four-C, con tres niveles de dureza y a cambio de un precio razonable, 1.620 euros. En el caso del Audi, la suspensión neumática se va hasta los 2.320 euros; 2.797 para el BMW en forma de esas efectivísimas barras estabilizadoras desconectables en recta y que se hacen solidarias en curva, reduciendo casi a cero los balanceos de carrocería.
Por contra, el Jaguar no ofrece en el XF 2.7D la amortiguación activa CATS de la que sí disponen versiones de gasolina, ni siquiera como opción. Aun así, el modelo inglés puede presumir de un muy buen comportamiento en carretera, aunque algo lejos del aplomo del 525d, que en ese sentido es el claro ganador.
Sí, ¿pero cuál? En efecto, en muchos casos llegados a este punto son tal el número de argumentos que tenemos en cuenta, que llegar a una determinación es difícil, más si tenemos en cuenta que se trata de una inversión en dinero nada desdeñable.
Ateniéndonos rigurosamente a la relación valor/precio, lo que nos dan a cambio de un presupuesto nada desdeñable, la mejor opción sería el Volvo S80 D5 Summum, perfectamente equipado de serie, con un motor m´as que suficiente para los tiempos que corren y por menos de 45.000 euros con el cambio manual de seis marchas (2.112 euros más si es automático). La segunda sería el XF 2.7D Luxury. Sí, es el más caro, pero el mejor dotado de serie y el que ofrece el mejor motor. Audi y BMW serán los favoritos de los amantes de las marcas “de siempre”, pero sus equipamientos de serie se hallan claramente por debajo de sus dos oponentes “no germanos”. Eso les deja en peor posición en la teórica parrilla de salida.