Cuando ya creíamos que todo estaba hecho, la versión GT eleva la deportividad del R8 a la máxima expresión, hasta el punto de que podemos hablar de un carreras-cliente.
Y es que el R8 GT es prácticamente una versión de competición homologada para rodar por la calle. Y más si equipa el pack Race -como en el caso de nuestra unidad de pruebas- con barras antivuelco, bacquet específicos con cinturones de cuatro puntos, cortacorrientes, extintor.... Su aspecto exterior también acompaña, con un enorme alerón trasero fijo en fibra de carbono con refuerzos plásticos, el mismo material con el que se construyen el spoiler delantero, los labios aerodinámicos frontales, la banda vertical del perfil, la carcasa de los retrovisores y el difusor.
El objetivo del empleo masivo de la fibra de carbono no es meramente estético. Los técnicos de Audi han conseguido reducir en cien kilos el peso respecto al V10, algo nada fácil teniendo en cuenta que la carrocería es de aluminio y pesa sólo 210 kgs. Sin embargo, se ha logrado pasar de 1.625 a 1.525 kilos “arañando” de todas partes: frenos cerámicos, parabrisas más fino, cubierta motor en policarbonato y tapa de capó en aluminio... e incluso de las moquetas del suelo se han ganado casi ocho kilos. Increíble.
Ese intenso trabajo en materiales unido a su V10 exprimido hasta obtener 35 caballos más (560 en total) ha dado como resultado una relación peso/potencia de 2,72 kg/CV frente a los 3,09 del V10. La aerodinámica también se ha mejorado, sobre todo en cuanto al ‘downforce’ generado por los nuevos elementos. Por si a alguien no le parece bastante exclusividad, el GT se fabricará en una serie limitada a sólo 333 unidades. A nosotros nos tocó disfrutar durante una intensa jornada de la 000.
“A tu alcance”. No decimos esto por los 207.000 euros que cuesta. Pero si nos olvidamos de este “pequeño” detalle y arrancamos el motor sin detenernos a pensar en el dinero, pronto comprobamos que el GT mantiene una de las características principales del R8: es un deportivo de conducción bastante asequible para el común de los mortales, que te permite sentirte a gusto en pocos giros y no genera el estrés típico de un Porsche o del novísimo Mercedes-Benz SLS. Eso sí, nada de subestimar sus posibilidades, ya que los 3,6 segundos que tarda en ponerse a 100 km/h y los poco más de 12 que emplea para alcanzar los 200 km/h son un mensaje muy claro de su potencial. Y por si nos falla la noción del tiempo, la presión de nuestro cuerpo contra el baquet cuando aceleramos a fondo o el trabajo intensivo de los arneses del cinturón en las frenadas nos ponen en alerta del verdadero poderío de esta criatura.
La suspensión es más dura que en el V10 -se han abandonado los amortiguadores magnéticos para optar por unos de gas regulables- y el ESP -de tarado específico- tiene un modo de actuación Sport más permisivo con las derrapadas, pero siempre latente salvo que lo desconectemos, algo que nunca conviene hacer en carretera abierta pero a lo que sí nos animaremos tras unos pocos giros en circuito. Tal es la confianza que transmite a su piloto ya desde los primeros kilómetros.
Aunque nuestra versión del R8 GT con el pack Race era eminentemente “carrerista”, su equipamiento original es menos radical, con un guiño al lujo como se muestra en los asientos baquet en cuero y alcántara, el navegador, un equipo de audio de gama alta, los sensores de aparcamiento y la pintura metalizada.
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