El motor bóxer diésel se ha convertido para Subaru en el palo mayor donde izar las velas de su desarrollo comercial. Su presencia revitaliza las expectativas de cualquier modelo de la marca, como ha sucedido con el Forester, el penúltimo beneficiario de las virtudes de la tecnología de cilindros horizontalmente opuestos aplicada a un bloque de gas-oil. Con el argumento diésel a su favor sumado a sus logrados aspectos prácticos y el particular tacto deportivo propio de la marca, el todo camino nipón se postula como una alternativa de lo más golosa en su segmento.
Pura seda. El motor bóxer de cuatro cilindros y 150 CV, similar al montado en el resto de la gama, marca diferencias con sus rivales desde el mismo momento de su puesta en marcha. Al pulsar el botón de arranque que incorpora esta versión Limited Plus, la restringida sonoridad, la ausencia de vibraciones y el destierro del más mínimo indicio del claqueteo propio de los motores de gasóleo, nos confunde por unos momentos hasta llegar a pensar si no estaremos a los mandos de una versión de gasolina.
Pues no, es un turbodiésel de geometría variable, pero de lo más dulce, suave y refinado que podemos encontrar en el mercado. A medida que vamos dando gas el Forester confirma nuestras primeras impresiones. La entrega de potencia se realiza de modo homogéneo y lineal bajo los paramétros más elevados de suavidad, mostrando al mismo tiempo una respuesta determinante desde bajo régimen que incide aún más en el confort de marcha. Tal vez la única pega es que su franja de utilización puede resultar algo limitada, pues esta versión alcanza su potencia máxima a solo 3.600 revoluciones por minuto.
Sin llegar a ser un motor especialmente explosivo, las prestaciones obtenidas son más que suficientes para mover con toda la solvencia del mundo sus cerca de 1,6 toneladas de peso, a cambio de un consumo acorde a su potencia y características. Y en este sentido hay que reseñar la gratificante colaboración del nuevo cambio de seis velocidades -cinco en sus hermanos de gasolina-, con unos desarrollos más cortos hasta quinta para favorecer la dinámica y una sexta más larga encaminada a contener el consumo en los desplazamientos por vías rápidas.
Son en éstas, precisamente, donde el Forester muestra lo mejor de su repertorio. La suspensión tirando a blanda propicia un alto grado de confort a bordo, pero esta característica se vuelve en su contra en forma de balanceos de la carrocería si le apuramos en las curvas lentas, donde la tracción 4x4 permanente se encargará de garantizar la estabilidad y la correcta trayectoria.
En las salidas al campo se agradece la benevolencia de la suspensión y el desarrollo más corto de la primera relación para evitar que castiguemos en exceso al embrague, aunque paradójicamente las variantes diésel no cuentan con la reductora que sí disfrutan los gasolina.
Práctico y equipado. Desde una perspectiva funcional el Forester cumple con las exigencias del cliente tipo. Ofrece unas plazas traseras amplias que destacan por el espacio dispuesto para las piernas y la cabeza, un buen maletero de 450 litros de capacidad y respaldos traseros abatibles para conformar una superficie de carga plana, un nutrido surtido de huecos portaobjetos en su habitáculo y una dotación de serie que en esta versión alta de gama Limited Plus incluye tapicería de piel, asientos calefactados con regulación eléctrica, techo solar, control de tracción y estabilidad, control de crucero, faros de xenón, etc.
|