OTRA MOVIDA
La nueva imagen del Rio es el gancho perfecto para dar a conocer el resto de sus bondades. Por ejemplo, la habitabilidad. En poco más de cuatro metros han sido capaces de conformar unas plazas traseras donde caben todos menos las apreturas: espacio de sobra para las rodillas y para la cabeza, siempre pensando en dos ocupantes; si hay que alojar a un tercero, mejor que se acerque al Chevrolet, 5 cm. más ancho en esta zona.
Empate técnico en capacidad de carga, no solo entre ellos, también respecto al grueso de su competencia. Los 290 litros en los que se mueven sus maleteros representan el eje del segmento B, aunque sea a costa de prescindir de la rueda de repuesto en favor del kit antipinchazos.
Nos ha llamado la atención un detalle del Rio: la “dudosa” terminación de la unión del piso del maletero con los respaldos posteriores. Y nos sorprende porque la presentación del resto del habitáculo nos ha dejado bastante satisfechos, con elementos y terminaciones de aspecto sólido dentro del monopolio del plástico duro. En el Aveo tampoco se le ha dado ninguna concesión a los recubrimientos acolchados, y es que ni uno ni otro alcanzan la sensación de alta calidad que se desprende de un Polo, Fiesta o C3, por ejemplo; destacan más por la originalidad implantada en el diseño de sus salpicaderos.
Ubicados ya en el puesto de conducción, contamos en ambos casos con regulación en altura y profundidad del volante, en altura del asiento, posalatas y espacios portaobjetos de sobra, con guantera doble en el Aveo pero sin el apoyabrazos central deslizante que sí incorpora el Rio.
Chicos de ciudad.
Los motores de 1.2 litros y 85 caballos que impulsan a nuestros dos invitados se postulan como las opciones más racionales para aquellos que no prevean salir habitualmente de los límites de la ciudad: más baratos que los equivalentes diésel de 75 CV (2.000 euros en el Rio y 1.350 en el Aveo) y con un consumo de lo más asumible dentro de una conducción tranquila.
Estas unidades de acceso en gasolina, que no cuentan con Start/Stop pero sí con indicador de cambio de marcha (demasiado optimista el del Kia), nos permitirán obtener medias de gasto en torno a los seis litros, si bien el ordenador del americano siempre acaba mostrando alguna décima de más que el del asiático.
Son también refinados en su funcionamiento, especialmente el Rio a pesar de las ligeras vibraciones que percibimos en los pedales, y deparan una buena respuesta en bajo régimen, justo lo que se necesita para una agradable y eficaz utilización urbana. En carretera abierta se sienten más extraños, y aunque tengan capacidad para mantener cruceros legales de autovía, la limitación de potencia se deja sentir en los adelantamientos o en las incorporaciones a la autovía.
El Aveo tiene unos desarrollos de cambio más largos y permite alcanzar una punta de velocidad superior, pero es el motor CVVT del coreano el que muestra una mayor determinación ante las órdenes del acelerador.
Contemplando su comportamiento, lo primero que nos ha llamado la atención es el tacto de la dirección eléctrica del Kia, bastante desnaturalizado y en evidencia frente a la corrección del Chevrolet. Ambos se mueven en un aceptable equilibrio entre dinamismo y confort, pero sin destacar tampoco en ningún aspecto. El Aveo es más firme de suspensiones y su rival filtra mejor las irregularidades, aunque ello le suponga perder un poco la compostura cuando pasamos por asfaltos en mal estado.
De rebajas.
Y si importante es el diseño, ¡cuánto no lo es el precio para un coche urbano! Con los descuentos promocionales vigentes en el momento de esta comparativa, 2.400 euros para esta versión del Aveo y 2.850 en el Rio, ambos se perfilan como interesantísimas opciones de compra... y no a costa de recortar equipamiento.
Bajos sus acabados LT y Concept, respectivamente, incluyen de serie aire acondicionado, ESP, seis airbags, ordenador de a bordo, radio-CD MP3 y tomas auxiliares de audio y USB, a lo que el americano añade conexión Bluetooth y regulador-limitador de velocidad, frente a los retrovisores eléctricos y la garantía de siete años que acompañan al nuevo urbano de Kia. Sólo echamos en falta algún extra más allá de la pintura metalizada.