CAMINOS SEPARADOS
Diferentes conceptos estéticos pero niveles de calidad equiparables. De Volkswagen no esperábamos menos, y de Ford tampoco atendiendo a sus últimas creaciones. Ambos dotan de plásticos mullidos a la parte superior del salpicadero y el Ford incluso se desata con plásticos de tacto más agradable en la parte superior de los paneles de las puertas.
Y antes de entrar en profundidad en las plazas posteriores, no nos olvidamos de unos puestos de conducción perfectamente logrados en lo referente a la sincronía entre la disposición del asiento, los pedales y el volante, procurando así posturas y sensaciones de conducción cercanas a las de una berlina.
La fila crítica.
Para muchos, el núcleo de un monovolumen es la fila posterior de asientos, con sus espacios y distintas posibilidades de configuración. Pues bien, el Touran gana por la mano en lo uno y en lo otro, dejando claro que es nuestro coche si vamos a viajar habitualmente con cinco personas. En primer lugar porque la anchura interior en la zona trasera es sensiblemente superior a la del C-Max, y en segundo término, pero no menos importante, porque su butaca central permitirá que un tercer adulto pueda acoplarse en ella con una comodidad superior a la ofrecida por la más estrecha y dura de su oponente.
Esa sensación de confort queda reafirmada en el europeo por el espacio brindado para las piernas, muy superior al de un C-Max que no peca de excesos en este punto. Las tres butacas de esta zona son abatibles, plegables y extraíbles, pero la gran diferencia estriba en que el VW cuenta además con respaldos regulables y sobre todo ajuste longitudinal para priorizar el espacio para los ocupantes o la carga, según la necesidad. También permite prescindir de la butaca central para deslizar hacia una posición más retrasada y central las de los extremos, de modo que se aleja a los ocupantes de la puerta y se gana sitio para las piernas.
El C-Max también ofrece esta posibilidad, pero a cambio de 200 euros. Con esta disposición sí logra una generosa distancia para las rodillas, aunque por contra sacrifica altura al estar ahora las cabezas en la zona donde se produce la caída del techo.
El nuevo C-Max tampoco tiene argumentos para contrarrestar la descomunal capacidad de carga de un Touran que siendo apenas dos centímetros más largo es capaz de ofrecer lo máximo para los pasajeros y para el equipaje. Va tan sobrado que sobre la misma base ofrece en opción una tercera fila de asientos (730 €), mientras que Ford nos propone para ello la variante Grand C-Max, 14 centímetros más grande.
Los 695 litros disponibles en el maletero del Touran abren un mundo entre él y los 471 de un C-Max que nos obligará a doblar la espalda en exceso para acceder a su interior por mor del escalón que se crea entre el piso del maletero y el borde de carga.
Llega el momento de que Ford saque pecho, porque verdaderamente ha conseguido dotar a este nuevo C-Max de un carácter dinámico difícilmente igualable, y no hablamos sólo a nivel de chasis; también mecánico.
El pequeño salto en número de caballos, de los 136 de la generación anterior a los 140 que firman el tope de potencia diésel, ha supuesto en cambio una mejora tremenda en capacidad de respuesta e incluso en suavidad. Con este buen amigo alojado en el vano motor, el monovolumen de Ford se convierte en un vehículo muy vivo y pujante, donde el par aparece con suma facilidad y dulzura para propiciar unas magníficas prestaciones y sobre todo unas recuperaciones que despejan cualquier duda ante adelantamientos o repechos.
Y si en Volkswagen presumen de cambio de doble embrague DSG, en Ford también han dado con la tecla con su Powershift, una caja que propicia unas rápidas transiciones entre marchas muy acordes al carácter dinámico del coche.
En el Touran, más caro, nos conformaremos con el cambio de serie, manual de 6 velocidades y de desarrollos más largos que van a procurar un gasto de combustible más moderado que el del Ford. El motor TDI de 140 CV de Volkswagen ha demostrado de sobra sus virtudes, pero en el mano a mano con el sorprendente TDCi parece que el par se hace esperar más e incluso su sonoridad resulta más evidente en fases de aceleración.
A otro ritmo.
El C-Max invita a saborear las curvas y el Touran a relajarnos contemplando el paisaje. El bastidor del Ford, prometedor anticipo del nuevo Focus, parte de unas suspensiones más firmes para garantizar trazadas perfectas, con un tren delantero enormemente incisivo y obediente, sin apenas oscilaciones de carrocería y apoyado por una dirección eléctrica más directa, rápida y precisa que la del alemán.
Éste, por su parte, podría ganarse a los pasajeros con un confort de marcha superior, si bien este C-Max tampoco se queda atrás en cuanto al aislamiento del ruido y al filtrado de las irregularidades del firme. En vías rápidas, el Touran se muestra como un coche confortable y aplomado, pero no podría seguir el ritmo del Ford en carreteras reviradas porque sufre en los apoyos por los balanceos de la carrocería.
Recapitulando, ambas propuestas son claras y transparentes: espacio y maletero en el Touran y un mayor gusto por el diseño y la dinámica en el C-Max. El precio también juega a favor de éste, ya que resulta más económico en su versión tope de gama Titanium y con el cambio Powershift que el Touran manual y en versión Advance, que sin ser la más completa de la familia sí que suma una dotación de serie bastante similar a la de esta nueva generación del C-Max.