ENEMIGOS POR NATURALEZA
La categoría de los todo camino “premium” vive una relativa calma en cuanto a novedades. No hay grandes incorporaciones desde el punto de vista de los grandes lanzamientos; sin embargo, sí hay mejoras en algunos modelos. Las vemos ahora, por ejemplo en dos de los coches más novedosos de su elitista categoría: el Mercedes Benz GLK ha jubilado el motor 320 CDI, que ha sido remplazado por el 350 CDI, y Volvo ha incorporado, pocos meses después de su debú, el motor pentacilíndrico D5 en configuración de 205 caballos, que ha dejado atrás al veterano de 185 con el que vió la luz.
Hemos comparado, en esta ocasión, el GLK 350 CDI, que no tiene diversificación de versiones, con la variante más equipada del XC60 D5, denominda Summum, por ser la más próxima en precio al modelo alemán, pues las dos inferiores, Kinetic y Momentum, son más baratas aún que el modelo germano.
Notables mejoras. El nuevo motor de seis cilindros en V del Mercedes Benz ofrece una mejora sustancial en términos de entrega de potencia, baja rumorosidad, mínimas vibraciones, gracias en parte a la rebaja de la relación de compresión de 17,7:1 a 15,5:1 y sobre todo es muy elástico, pues entrega nada menos que 540 newtonmetro de par en una horquilla de revoluciones que va de las 1.600 a las 2.400 vueltas.
Es un motor que logra rebajar los consumos del 320 CDI precedente, así como las emisiones contaminantes. Se ha conseguizo una mayor eficiencia en la combinación turbocompresor-válvula EGR -de recirculación de gases- la admisión variable, los inyectores optimizados, etc.
En el otro lado, el remozado motor del Volvo XC60 que probablemente no es tán refinado como el de su oponente. No obstante, cuenta con dos turbocompresores que actúan de modo secuencial. El pequeño trabaja a bajas vueltas -por tener menos inercia para comenzar a girar-, mientras que el más grande lo hace cuando el motor gira a regímenes más altos, si bien momentáneamente ambos soplan de modo conjunto para llegar a una presión de 0,8 bares. Además, los nuevos inyectores piezoeléctricos facilitan una combustión más eficiente y un menor gasto de gasóleo, dado que responden con el doble de rapidez que los inyectores convencionales.
Es menos potente que el del modelo alemán y eso se nota en aceleraciones y, al tener un menor par máximo disponible -420 Nm, entre 1.750 y 3.000 revoluciones-, es menos ágil en recuperaciones que el GLK.
También es determiante en los ajustados consumos del Mercedes el hecho de contar con una caja automática de siete marchas, cuya 7ª es de tal “desahogo” -58,3 km/h cada 1.000 vueltas-, que logra un gasto medio casi igual al de su oponente sueco.
El tamaño sí importa. Si el motor alemán gana al sueco por rendimiento, hay una clara ventaja en otro aspecto mucho más práctico para el Volvo. Su habitabilidad. Sus diez centímetros más de longitud, cinco más de anchura y dos y medio de distancia entre ejes se trasladan directamente a unas cotas interiores que favorecen al coche sueco. El GLK está más cerca de todo caminos que están en la órbita del Toyota RAV-4 o VW Tiguan, por ejemplo, mientras que el XC60 rivaliza con los que están un paso por encima en dimensiones.
Lo mismo sucede si valoramos su capacidad de carga. Mientras el Mercedes Benz se conforma con 450 litros, el Volvo le gana por 45 litros. Esto se traduce, a la vista de las fotografías, en que sólo quepa una bolsa de palos de golf o que también quepa algo de equipaje. Ya si abatimos los asientos posteriores las tornas dan la victoria al GLK, aunque por sólo cinco litros de volumen.
Si hemos de tener en cuenta la relación valor/equipamiento, la ventaja es clara para el XC60 Summum. Basta con echar un vistazo a la tabla adjunta para comprobarlo. Es cierto que el GLK dispone de serie de la amortiguación Agility Control (ajusta su firmeza a las condiciones del firme y el tipo de conducción automáticamente) o un sistema de tracción total permanente más efectivo -envía en condiciones normales un 55% del par al eje posterior-. Además, esta amortiguación va asociada a una dirección paramétrica, de desmultiplicación variable, que Volvo compensa con una asistencia ajustable en tres modos de dureza.
Pero el Volvo, además de aportar más elementos de confort, como pueden ser la tapicería de cuero, los faros de xenón adaptativos, el sensor de aparcamiento trasero, los asientos delanteros de ajuste eléctrico y calefactados, el control de descenso (569€ para el GLK), la apertura eléctrica del portón, etc. aunque sigue siendo imperdonable la ausencia del autoencendido de luces. Aporta a todo esto más en seguridad. Me refiero a varios elementos. Ha sido el primer coche en disponer de serie del llamado sistema City Safety, que funciona hasta 30 km/h en dos fases. Si detecta riesgo de alcance, precarga el circuito de frenos para poder dar la máxima presión cuando el conductor pise el pedal. Si el sistema considera que la colisión es inevitable, detiene el coche sin intervención del conductor siempre y cuando el coche interprete que el conductor no va a mover el volante; señal de distracción.
Además, cuenta con la proyección de luz de diodos sobre el parabrisas, ante el campo de visión del conductor que se iluminan si estamos demasiado cerca del vehículo que nos precede. Opcionalmente a esto puede sumar un detector de la fatiga del “piloto”: controla su atención.
Siempre incidiendo en la seguridad, Volvo ha montado en el XC60 el control de estabilidad con función antivuelco -es capaz de accionar los airbags de los pasajeros detectados para reducir sus lesiones-, a lo que suma, también de modo opcional, la alerta de cambio involuntario de carril y el detector de obstáculos en el ángulo muerto (BLIS). El GLK incorpora el sistema Pre Safe, que en caso de detectar un inmimente accidente mediante sus distintos sensores, activa elementos de seguridad pasiva, como los pretensores de cinturones, reposiciona los respaldos delanteros para acercarlos a los airbags y cierra el techo panorámico, entre otras medidas.