COMPARATIVAS
RENAULT MÉGANE SPORT TOURER 2.0 DCI / VOLKSWAGEN GOLF VARIANT 2.0 TDI

TRANSPORTE LIGERO

No hay nada reprochable en el hecho de apuntar lo más alto posible a la hora de adquirir un nuevo automóvil, siempre dentro de las posibilidades de cada uno y jugando con unos límites presupuestarios que pueden ser más o menos flexibles. Pero hay otros clientes, los de la ‘escuela racionalista’, que abogan por un riguroso análisis del tipo de vehículo que necesitan para cubrir sus necesidades básicas como fórmula para llegar hasta un desembolso económico más ajustado.
Estos últimos tienen perfectamente claro que para satisfacer las necesidades de carga y espacio interior de la familia española, que no llega a los dos hijos de media, no hay que recurrir a grandes monovolúmenes o a berlinas de casi cinco metros de longitud, de modo que encontrarán en las variantes familiares de los modelos compactos unas propuestas más asequibles e igualmente ajustadas a sus criterios de practicidad y funcionalidad.
Las dos últimas incorporaciones a esta categoría son el Renault Mégane Sport Tourer y el Volkswagen Golf Variant, dos productos que nos ofrecerán un servicio similar pero que vienen distinguidos por sus propios encantos: de una parte la percha del francés, vestido con una carrocería muy dinámica y fluida que le otorga un atractivo palpablemente superior al del alemán, mucho más convencional en la terminación de su parte posterior y por tanto de líneas menos sugerentes; y por otro lado el gustazo de no renunciar a un mito del automóvil como es el Golf a pesar de las exigencias familiares y aunque sea con 34 cm. más de carrocería sobre sus espaldas.

El espacio justo. El hecho de ser sustancialmente más largo no se traduce en una mejora de la habitabilidad en el Golf Variant, que destina todo su crecimiento a elevar la capacidad del maletero. En el Renault, sin embargo, de los más de 25 centímetros en los que se estira esta versión Sport Tourer respecto a los 3 y 5 puertas, seis se quedan en la distancia entre ejes, lo que posibilita que los ocupantes de las plazas traseras disfruten de un espacio para las piernas superior al de su rival.
En líneas generales brindan espacio de sobra para cualquier pareja que viaje con un par de niños, y suficiente si se trata de cuatro adultos, obviando un hipotético quinto ante la tortura que debe ser afrontar un viaje largo en la plaza central trasera.
Tal vez se pueda echar en falta una mayor modularidad de los asientos, sobre todo la regulación longitudinal de las banquetas traseras para beneficiar el confort de marcha o la capacidad del maletero, según convenga. Con esto, más de uno ya se olvidaría de los monovolúmenes.

Fuertes atrás.
Aunque el Mégane presume de una imagen de lo más llamativa, lo cierto es que si nos decantamos por este tipo de carrocería lo haremos por sus mayores posibilidades de carga. Ambos destacan precisamente en este apartado al rebasar la barrera de los 500 litros de capacidad, un volumen muy generoso con el que daremos cumplida respuesta ante cualquier reto que nos plantee nuestro numeroso equipaje.
El Sport Tourer toma la cabeza con los 524 litros que declara oficialmente, si bien a los 505 del germano habría que sumar el espacio procurado por sus dos dobles fondos bajo el piso, aunque apenas sean de 7 cm. de altura.
Como perfecto complemento de su capacidad, estos dos familiares aportan interesantes soluciones que acentúan su versatilidad, como la posibilidad de dividir el maletero en compartimentos que separen distintos tipos de bultos, más duros por un lado y más frágiles por otro, por ejemplo, simplemente levantando la moqueta del piso a través de un asa. Y todo manteniendo la rueda de repuesto. Se agradece.
Del Renault también hay que destacar su bajo umbral de carga, lo cual facilitará la entrada en el maletero de los bultos más pesados, así como la disposición de un hueco específico tras los respaldos traseros para guardar la bandeja cubreequipajes cuando no sea necesaria su utilización. Esto, por contra, evita que podamos conformar una superficie de carga totalmente plana abatiendo los asientos posteriores, algo que sí permite el germano a través del replegado de las banquetas traseras junto a los respaldos delanteros.
Vemos que el Mégane se impone hasta el momento, aunque sea por poco, en aspectos como la habitabilidad y la capacidad de maletero, y con mayor diferencia, a nuestro entender, en un capítulo totalmente subjetivo como es el del diseño. Del Golf esperamos una mayor calidad de realización, pero las diferencias ya no son como antaño. Los franceses se han puesto las pilas y esta nueva generación de su compacto desprende buena calidad y un diseño agradable y moderno. Nos ha llamado enseguida la atención la evidente diferencia en el mullido de sus respectivos asientos, más blanditos los del Renault y más firmes los del Volkswagen, tal vez pensado más en la comodidad de cara a los largos desplazamientos.

Inversión en motor. Cabe la posibilidad de destinar los euros que hemos ahorrado al apostar por este tipo de carrocería, en lugar de un monovolumen o una berlina media, en la motorización turbodiésel más potente de cada gama para dotar a nuestro vehículo de un plus dinámico. Tanto con el motor 2.0 dCi de 160 CV que anima al Sport Tourer como con el 2.0 TDI common rail de 140 del Variant, el conductor se encontrará ante propulsores plenos de fuerza y sobradamente preparados para tirar del coche aún en condiciones de plena carga, si bien cada uno tiene sus particulares rasgos definitorios.
El TDI de Volkswagen nos sigue maravillando por la inmediatez de su respuesta y la contundencia con la que explota el turbo ante las demandas del acelerador a poco más de 1.700 revoluciones, pura fuerza a cambio de unos consumos irrisorios. Este rabioso carácter le permite disimular ante el conductor su desventaja de 20 CV, mientras que frente el crono apenas cede unas décimas en aceleración
Por su parte, lo mejor del dCi de Renault lo encontramos en sus refinados modales. Se trata de un motor tremendamente suave y de baja sonoridad, que no pierde su dulzura ni aun cuando las demandas de gas son exhaustivas. En cuanto a su carácter, tarda más en aparecer debido a que el turbocompresor se hace esperar hasta el umbral de las 2.000 rpm. para comenzar a manifestar su presencia. A partir de ahí, mucha fuerza en formato refinado.
El carácter de este propulsor le va que ni pintado al espíritu del Mégane Sport Tourer, aunque también podríamos decir lo mismo del Golf Variant. El galo sobresale por su rodar suave y confortable, apoyado en un acertadísimo tarado de amortiguación capaz de fundir un elevado confort de rodadura con una pisada muy efectiva para una conducción rápida y natural.
En el caso del Volkswagen, su incisivo motor casa a las mil maravillas con un chasis más sofisticado -multibrazo trasero frente al eje torsional de su oponente- que no acusa para nada el peso adicional que recibe su zaga, manteniendo de esta manera una elevadísima concepción dinámica dada la precisión de sus movimientos y la agilidad con la que se desenvuelve, si bien las suspensiones no son tan sumamente benévolas con el confort como ocurre en el francés.
Ambos modelos ofrecen un único nivel de equipamiento para estas motorizaciones, y como es de esperar el Golf Variant arranca con un precio de venta superior al del Mégane Sport Tourer, cerca de 1.000 euros, sin olvidar otras consideraciones importantes como son los 20 caballos menos de su motor y que su dotación de serie raya ligeramente por debajo de la de su rival. La razón nos lleva hacia el Renault, pero el Golf... es mucho Golf.