COMPARATIVAS
Citroën C4 Grand Picasso HDI Exclusive CMP / Chevrolet Captiva VCDi 4x2 LS7



DUDA EXISTENCIAL

Cómo ha cambiado en unos años el concepto de coche familiar! De centrar nuestra elección entre una berlina tradicional y su versión station wagon hemos pasado a plantearnos la misma disyuntiva, pero con un monovolumen y un todoterreno de gran tamaño. El mercado (o sea, los gustos de los clientes) manda y nosotros vamos a intentar dar respuesta a esta duda existencial que a buen seguro inundará a más de uno.
El Citroën C4 Grand Picasso y el Chevrolet Captiva pueden ser dos de las opciones que se plantee un cabeza de familia numerosa que necesite cinco espaciosas plazas más un maletero con capacidad para transportar los innumerables bártulos que traen consigo los niños, por ejemplo. Por supuesto, el componente espacial tiene que venir acompañado de un rendimiento mecánico solvente, para lo cual hemos elegido motorizaciones turbodiésel capaces de mover dos modelos cercanos a los 2.000 kilos que, con frecuencia, viajaran a tope de pasaje o carga: en el caso del Citroën, el 2.0 HDi de 138 caballos, con el cambio manual pilotado y para el Captiva, el último en incorporarse a la gama diésel: el 2.0 VCDi en versión de 127 caballos que viene sólo con tracción delantera, cambio manual de cinco velocidades y configuración interior de siete plazas, como en el Grand Picasso.

De moda.
Ambos representan a dos segmentos muy de moda. Tanto que han afectado de forma muy severa a las ventas de las berlinas medias tradicionales. Y ello ha obligado a todos los fabricantes a incluir mo-delos de este tipo en su catálogo de productos. De hecho, con el Captiva la antigua Daewoo ha entrado con paso firme en el segmento SUV, aprovechando sinergias con Opel, la otra marca del grupo General Motors con la que ha desarrollado este modelo.
Uno de los factores esenciales de compra de este tipo de vehículos es el espacio interior disponible. Ambos disponen de siete plazas, con las dos de la última fila ocultas bajo el piso (con un mecanismo más efectivo en el Citroën), un maletero considerable si viajamos con cinco ocupantes y mucho menos utilizable si el aforo se completa. El Grand Picasso es más capaz en este apartado, tanto en su configuración mínima (208 litros frente a solo 85 de su rival) como en la máxima con cinco asientos ocupados (576 frente a 465).
Ambos empatan en proporciones exteriores, con longitudes en torno a los 4,6 metros y batalla muy pareja, de 2,7 metros. Sin embargo, hay una notable diferencia en la cota anchura, en la que el Citroën se impone con mucha claridad. Ese espacio extra será definitivo sobre todo si vamos a viajar cinco personas de forma habi-tual.
El galo también gana en cuanto a versatilidad del interior, sobre todo gracias a su segunda fila de butacas individuales y deslizables, que permite aumentar el espacio para las piernas o la capacidad del maletero. También podemos ampliar la distancia que separa a los pasajeros de las dos filas traseras, cosa que se agradece bastante dado el poco espacio disponible para las piernas en las plazas sexta y séptima. En el Captiva no se pueden variar los espacios designados para los pasajeros de las diferentes plazas pues las banquetas son fijas pero, en la zona crítica de la última fila, el espacio tanto para la altura como para las piernas es más generoso que en el Grand Picasso.
El monovolumen francés ofrece además una presentación muy mo-derna y con mejor calidad visual. A ello contribuyen elementos como el volante con mandos centrales fijos, el parabrisas panorámico, el salpicadero con tres guanteras y un enorme hueco central refrigerado para transportar botellas. Por contra, el Captiva presta menos atención al aspecto práctico.

Talante familiar. Una vez en marcha, ambos cumplen con nota la misión de hacer placenteros los viajes por largos que éstos sean. El confort de suspensiones es máximo, de modo que el pasaje viajará sin tensiones. El uso habitual será por grandes rutas de autovía, en donde la efectividad de ambos está fuera de duda. Las carreteras rotas no serán un excesivo problema, pero sí las más sinuosas, especialmente para el Chevrolet. Aquí es donde el ADN marca diferencias: el Captiva, pese a que esta versión con tracción delantera pretende estar más cerca de un turismo, no deja de ser un todocamino con ciertas capacidades off road y ello requiere una configuración de suspensión diferente: ma-yores recorridos, diferente concepción de neumáticos, un centro de gravedad más alto... De todo ello se deduce un mayor balanceo en curva, menos agilidad y unas inercias más notables que hay que tener en cuenta sobre todo en las zonas escarpadas. El Grand Picasso va mucho más asentado, aun sin ser el monovolumen más dinámico de su categoría, y eso se traduce en una agra-dable sensación de seguridad al volante.
Por contra, el Captiva permite afrontar excursiones campestres sencillas. Al no disponer de tracción total las posibilidades son más limitadas: caminos limpios y nada de zanjas o trialeras, ya que nuestra única arma para salir al campo es la mayor altura libre al suelo y un control de descenso de pendientes.
Los motores turbodiésel han de ser la opción elegida tanto a la hora de acceder a un monovolumen como a un todoterreno de este tamaño, en especial por su favorable relación prestaciones/consumo. La mejor opción en la gama Grand Picasso es el dos litros HDi de 138 caballos, que sólo puede pedirse con cambio automatizado, ya sea el de convertidor de par (denominado CAS) o el de embrague pilotado CMP de seis velocidades. Se trata de un motor ante todo agradable y homogéneo, orientado hacia el confort, con poco carácter. El cambio pilotado tiene un buen manejo en modo manual (a través de las levas del volante), pero es más incómodo si dejamos la gestión en manos de la caja. Los pasos de marcha resultan entonces más bruscos y resulta difícil modular el pedal del acelerador para mantener la velocidad: a poco que aumentemos la presión sobre él tenderá a bajar una marcha. En resumen, que nos lleva la caja más que llevarla nosotros a ella.
Por contra, el 2.0 VCDi del Captiva, en esta nueva versión de 127 caballos, resulta mucho más alegre y contundente, hasta el punto de que no hay grandes diferencias con el de 150 caballos. Los desarrollos de cambio son claramente más cortos, lo que le otorga esa alegría para recuperar y alcanzar la velocidad de crucero con celeridad. Como además no resulta demasiado ruidoso, las relaciones cortas no merman el confort y permiten explotar mejor las condiciones del propulsor. La caja es de cinco velocidades: una sexta le hubiera venido bien para reducir los consumos, algo más altos que los de su rival de hoy. Eso sí, el tacto de accionamiento es bastante bueno salvo por unos recorridos de selector algo largos.

Con todo. A estos niveles, tanto de precio como de categoría de coche, nadie se va a conformar con una opción que no contemple en su equipamiento de serie todos los elementos que hoy día se consideran irrenunciables. Así, ambos disponen de una dotación de seguridad notable, con airbag frontales, laterales y de cortina y control de estabilidad de serie, aire acondicionado (climatizador multizona en el Picasso), llantas de aleación, sensor de aparcamiento (muy útil con estos tamaños), elevalunas, cierre centra-lizado...
Pero de nuevo el Grand Picasso vuelve a imponerse al ofrecer detalles extra como los sensores de luces y lluvia, el ordenador de a bordo o el control de velocidad de crucero por prácticamente el mismo precio que el Captiva. Y además, tenemos un catálogo muy amplio para incluir algún elemento más, mientras que en el Chevrolet estamos más limitados. Eso sí, nos ofrece una posibilidad inconcebible en el francés: cierta capacidad campera, algo que, si pretendemos aprovechar, puede decidir la compra en favor del coreano.
Hay que tener en cuenta, por tanto, que estamos ante opciones muy diferentes para una misma necesidad. El Grand Picasso es más flexible, sofisticado y se impone dinámicamente por las características inhe-rentes a su segmento. El Captiva resulta igual de espacioso, permite salir fuera de carretera y cuenta con un motor más solvente. Personalmente, seguimos prefiriendo una buena berlina en configuración familiar, pero los tiempos han cambiado y los gustos ahora son otros.