Los diseñadores de BMW, a la vez que han corregido las peculiares formas de la anterior Serie 6, no han dejado de lado la potenciación de su funcionalidad. El nuevo modelo ha crecido en todas sus cotas, rondando los cinco metros de longitud -sólo la altura total se ha rebajado 50 milímetros-, pero sobre todo se agradece su mayor distancia entre ejes, que ahora sí le permite ser un verdadero 2+2, esto es, contar con dos plazas traseras razonablemente aprovechables por adultos de hasta 1,70 de talla y no sólo por niños de poca estatura, dado que ahora hay un espacio para las piernas aceptable.
También a la hora de utilizar el maletero surge un elogio: sus 460 litros dan cabida a un par de bolsas de palos de golf y de los ya tradicionales trolleys de equipaje para un viaje de fin de semana.
Desde el punto de vista del diseño interior resulta menos minimalista que su antecesor, cosa que me parece un acierto, y como es de esperar, la calidad de materiales y fabricación es soberbia.
En lo que respecta al equipamiento básico, la dotación de serie es satisfactoria, pero si lo que queremos es personalizar al máximo nuestro 640i, BMW ofrece una larguísima y cara lista de opciones que va desde la dirección activa integral -con desmultiplicaicón variable de la delantera y con el eje posterior directriz- y el control dinámico de la amortiguación y las barras estabilizadoras (4.783 €), a la cámara de visión nocturna (BMW night vision) con reconocimiento de peatones (2.650 €), el sintonizador de televisión (1.987 €), la conexión a Internet (120 €), el navegador con pantalla de 10,2” (3.025 €), asistencia al aparcamiento con cámaras de visión cenital del coche (843 €)... por no seguir citando más elementos.
Corazón impulsivo. La marca bávara puede presumir de una gama de motores excelente, ya sea con bajos o altos cubicajes. El seis cilindros en línea de este Serie 6 equipado con doble turbo nos ha encandilado tanto por sus brillantes prestaciones y por unos consumos muy bajos. A lo largo de nuestra prueba, con 1.400 kilómetros recorridos (más de 1.000 por autovías y autopistas), el gasto medio ha sido sólo de 11,5 litros cada 100 kilómetros, bastante razonable teniendo en cuenta los altos ritmos de crucero que es capaz de mantener en este tipo de vías.
Otro punto a su favor es el soberbio cambio automático de ocho relaciones, que permite un escalonamiento más efectivo y, sobre todo, contar con una larguísima 8ª, con 57,7 km/h cada mil revoluciones que hace que los consumos bajen ostensiblemente a velocidades mantenidas en carretera. Además, para beneficiar el ahorro de gasolina el 640i dispone de la función Eco-Pro, que hace que el motor gire siempre a regímenes bajos y que el gasto de los anexos eléctricos, como el climatizador, sea inferior.
A ello suma el sistema stop&start que para el motor en detenciones y, en el apartado aerodinámico, las trampillas que hay detrás de la calandra se abren o cierran automáticamente en función de las condiciones de conducción y de las necesidades de refrigeración. Cuanto más tiempo están cerradas, menor es la resistencia aerodinámica.
Y cuando hablamos de dinámica hay que hacer importantes matizaciones. El 640i ha ganado en docilidad respecto a su predecesor, transmite menos sensaciones; es menos radical y más confortable, en la medida en que su amortiguación, sin perder deportividad, es más benévola con la comodidad de sus pasajeros.
Claro que si optamos por el Adaptive drive, un control dinámico de la amortiguación, nos encontraremos con un mando junto al selector de cambio que nos permite elegir entre cuatro modos (confort, normal, sport y sport+) que modifican la dureza de la amortiguación y de la dirección, los grados de giro del eje posterior directriz, el tiempo de respuesta de los controles de tracción y estabilidad -hasta su total desconexión- y la respuesta del motor y caja de cambios.
En condiciones normales, en modo confort, no le reprocharemos nada. Si lo que queremos es tener un mayor feeling de la conducción nos bastará con el programa sport, pues en la posición sport+ se desactiva el control de tracción y el de estabilidad sólo se activa al pisar el freno. Conclusión: que en carreteras abiertas al tráfico habría que ir muy por encima de “la ley” para sacarle provecho, y asumiendo riesgos.
A falta de que pase por nuestras manos el 650i, con su poderoso V8, este 640i es de lo mejor que ha salido de las cadenas de producción de BMW en cuanto a deportivos respecta: le damos casi un 10 de nota.