BMW Z4 sDRIVE 35i
UN TIPO DURO  
Y no sólo por estrenar un techo metálico retráctil, esta versión puede presumir además de un motor contundente y un efectivo chasis para que el Z4 luzca su lado más deportivo y apasionante  


La tentación era difícil de rechazar y BMW no ha podido mas que dejarse caer en los brazos del techo rígido para cubrir esta segunda generación del Z4, así que con un único modelo se satisfacen las expectativas de los clientes roadster y coupé.
Algunos echarán de menos el sabor añejo de las capotas de lona y pueden dejarse querer por un Audi TT o un Porsche Boxster, pero desde luego no se pueden negar las ventajas en términos de versatilidad de uso, funcionalidad y confort que aporta un recubrimiento de estas características, tal y como viene demostrando otro de sus enemigos íntimos, el SLK de Mercedes.

Techo de confort.
Los ingenieros de Edscha, compañía que también fabrica el techo del Serie 3 Coupé, han realizado un trabajo de nota sobre el Z4. En primer lugar porque garantiza un aislamiento en el interior, tanto térmico como acústico, equiparable al de cualquier coupé. Si con el techo puesto la sonoridad no incide en el confort de marcha más allá de la clara percepción del bramido de su motor, a cielo abierto se contiene satisfactoriamente la incidencia del viento en forma de ruidos y turbulencias siempre que tengamos desplegado el cortavientos y no nos de por superar ampliamente las velocidades legales.
Por otro lado, su techo se despliega en tan solo 20 segundos -dos menos que el SLK- y de modo totalmente automático, aunque al no permitir su accionamiento en marcha obliga a buscar un sitio donde parar si ya estamos en movimiento, o a calcular muy bien el tiempo de tregua que nos da un semáforo en rojo o una pequeña retención.
Su influencia en la capacidad del maletero es la esperada en este tipo de coches. Con el techo replegado el volumen de carga se limita a 180 litros y su presencia dificulta el acomodo y el acceso al equipaje en la zona más profunda del maletero -un mal endémico de los roadster con techo duro-, mientras que si liberamos su espacio circulando tapados elevaremos la capacidad hasta los 310 litros, suficientes para las escapadas de fin de semana.
Igual que el maletero, el habitáculo propone un espacio acorde al tipo de vehículo, suficiente pero sin excesos, sobre todo a la altura de la cabeza; eso sí, el confort aparece una vez salvada la dificultad de acceso al interior que exige su puesto de conducción bajo, propio de modelos con vocación deportiva.

Sobra decir que la calidad de los materiales y sus ajustes interiores son de primera categoría -magnífico el recubrimiento interior del techo- y si a ello le sumamos la correcta ubicación de todos sus mandos y botones, la mayor facilidad de uso del nuevo sistema iDrive para el control de las funciones multimedia y la presencia de los espacios portaobjetos mínimamente exigibles, nos encontramos ante un puesto de mando que no ofrece más pega que el desembolso adicional prescrito para la regulación lumbar los asientos.

Adaptado a todo. Parece que BMW se ha propuesto que esta segunda entrega del Z4 sea más camaleónica que la anterior para adaptarse a las circunstancias y las exigencias de conducción de cada momento. Lo vemos con la elección del techo, que permite el pleno disfrute del coche bajo cualquier condicionante meteorológico, y lo corroboramos con las posibilidades otorgadas por el conjunto chasis-motor: placer o deportividad a elección del cliente.
Ha perdido por el camino parte de la rigidez de su antecesor para mostrar ahora un tarado de suspensiones más dulce que permita disfrutar de plancenteros paseos al aire libre o devorar kilómetros sin castigar a cada paso el confort de marcha.
Pero si lo que queremos es explotar su cara más deportiva, no hay más que pasar del programa Normal al Sport ó Sport+ del sistema de control dinámico (DDC), que incluye de serie, para lograr una respuesta más instantánea del acelerador, respuesta más rápida de su refinada dirección y una mayor permisividad de un control de estabilidad que en líneas generales suele dejar hacer.
Con el Sport+ se activa la función DTC, la que permitirá al conductor más atrevido convertirse en piloto para afrontar una conducción decididamente deportiva. Bajo este modo las ayudas electrónicas sólo entran en acción cuando es absolutamente necesario, de modo que las manos expertas pueden saborear las gratificantes sensaciones que siempre produce el deslizamiento de la zaga en las curvas.
Sobre este punto hay que tener en consideración la mecánica que alojamos en el vano. Si aspiramos a lo máximo y nos decantamos por esta versión de 306 CV y doble turboalimentación, deberemos ser conscientes del enorme par que arroja en todo momento para tener cuidado con el acelerador y modular bien su pisada para no descolgarnos con una derrapada trasera que nos meta el miedo en el cuerpo.
Teniendo esto presente y confiando en la gestión de su electrónica no resulta un coche complicado de conducir: permite jugar con facilidad con deslizamientos del tren posterior a través de golpes de acelerador -con independencia del programa escogido- pero dentro de unos parámetros de estabilidad y una sensación de control igualmente elevados.
Su versatilidad se acrecienta si incorporamos la opción del chasis activo M con control electrónico de la amortiguación, ya que de una parte es capaz de propiciar un tarado de suspensión aún más suave que el del chasis estándar, y por otro lado refuerza aún más su carácter dinámico si optamos por el modo deportivo.

Fuerza omnipresente. Retomamos el motor para añadir que a su contundente entrega de par a poco más del régimen de ralentí añade una destacada capacidad para prolongar su fuerza hasta rangos de revoluciones elevados tratándose de un propulsor sobrealimentado y, sobre todo, que deleitará a su conductor, desde el mismo momento de la puesta en marcha, con una melodía en clave deportiva a través de sus afinados escapes.
No tenemos ningún reproche hacia el cambio manual de seis relaciones de serie, pero lástima que nuestra unidad de pruebas no hubiese contado con la opción del cambio de doble embrague y siete marchas con levas en el volante (2.960 €), un socio perfecto para refrendar el talante deportivo de esta versión a tenor de la velocidad y precisión en el engranaje de marchas y su menor consumo y mejores prestaciones.
Al margen de una dotación de serie más generosa poco más se le podría exigir a este Z4 35i: conjuga un cabrio y un coupé en un mismo vehículo, goza de un motor contundente, de un comportamiento divertido e incluso su precio de partida está por debajo de sus rivales de Audi, Mercedes y Porsche. ¿Alguién da más?