ASES DE COPAS
Dos de los coches que más suenan y se conocen en los circuitos españoles. Por un lado el Renault Clio Cup del actual campeón de la Clio 2009, y piloto Top Auto, Gonzalo Martín de Andrés; y del otro, el Mini JCW Challenge de la simpática y rápida Marta Suria, piloto oficial de la petrolera BP. Dos coches con un espíritu similar en apariencia pero muy divergentes en la realidad.
Distintas concepciones. La Copa Nacional Renault cuenta con 41 años de experiencia en nuestros circuitos y se realiza bajo el formato convencional de dos carreras al sprint y un solo piloto por coche. En cambio, la Mini Challenge debutó este año en España, pero lleva a sus espaldas una larga experiencia en países como Alemania, Australia o Inglaterra. La clave de su éxito es la mezcla meeting, al proponer una mezcla de carrera al sprint y de relevos entre pilotos.
La Mini, por tanto, ofrece un estilo propio y muy diferente de enfocar el formato de carrera. Ha sabido aunar dos carreras al sprint, una por piloto, con una carrera larga de 45 minutos con cambio de piloto para de esta manera poder compartir coche y gastos con otro compañero. Una idea innovadora a este nivel y que, de momento, está teniendo mucho éxito.
Para jóvenes promesas. Como no puede ser de otra forma, tanto Renault como Mini han acudido a los mejores para dar forma a sus coches de la copa monomarca.
El Clio Cup es fabricado por Renault Sport y cuenta con el apoyo de varias de las mejores marcas en equipamiento de competición. Así, la carrocería es Matter y su acabado es excelente; la electrónica está encomendada al gigante Magnetti Marelli -como en coches de más talla tiene adquisición de datos para estudio y comparación- y dispone de una pantalla en el cuadro con infinidad de datos desde la que se puede controlar incluso el reparto de frenada; el cambio lo firma Sadev, un secuencial de 6 marchas con “cut off”, lo que supone que no hace falta ni pisar embrague ni levantar el pie del acelerador para cambiar de marcha hacia arriba; las transmisiones también son Sadev, los frenos Brembo y las suspensiones diseñadas por Renault Sport. En fin, lo mejor de cada casa.
El motor, en cambio, es el de serie pero con los retoques de la nueva electrónica incrementa su potencia hasta los 205 caballos.
Por su parte, el Mini es mucho más de calle en todos los aspectos y parte del modelo de serie, el John Cooper Works. El principal trabajo por parte de sus constructores en Alemania ha sido el arco soldado con un gran entramado y el apartado de frenos, para el cual han recurrido a un buen fabricante como AP. La suspensión se encomendó a KW, que le ha sabido proporcionar un carácter bastante más vivo que al de serie, y destaca por ser de regulación en compresión y extensión. También han optado por montar un paquete aerodinámico compuesto por faldones delanteros y alerón trasero regulable; con ellos se puede mejorar bastante su comportamiento jugando con las cargas.
Por lo demás es casi un vehículo de estricta serie: cambio, embrague, transmisiones, puente, manguetas, etc., de modo que los recambios para la copa son más económicos. El motor es el 211 CV de John Cooper Works con una única mejora en la gestión electrónica, la cual es sorteada antes de cada meeting para evitar que cada equipo la manipule y así garantizar la igualdad entre todos los coches.
Los dos coches son realmente rápidos contra el crono. Quizás sea el Clio un poco más veloz a una vuelta, pero en una carrera larga es el Mini el que se lleva el gato al agua gracias a un constante vuelta a vuelta, en principio motivado por un compuesto de neumáticos más duro de la marca Dunlop frente a los Michelin del Clio, que son sensiblemente más blandos.
Adrenalina. El comportamiento del Mini es mucho más predecible en todos los sentidos, con la pérdida de tiempo que eso conlleva. Al tratarse de un motor sobrealimentado hay que saber aprovechar la ventaja del enorme par motor que entrega cuando el turbo entra en acción, gracias al cual obtenemos unas sensaciones irrepetibles pues se trata de un motor que corre y mucho. Otra de las ventajas que tiene, inusual en un coche de carreras, es el ABS. Éste nos permite llegar más rápido a la entrada de las curvas y frenar sin miedo a blocar. El cambio, de serie, metidos en el Mini no se nota, va bien y tiene un funcioniamiento muy correcto por rapidez y precisión, pero si lo comparamos con el Sadev de carreras del Clio percibimos que se penaliza algo en los cambios.
El Mini se lleva de una forma más relajada y muy diferente que el francés. Tenemos que tener paciencia para que salgan los tiempos y no atacar y querer acelerar cuando no toca. En la frenada es fácil aprovecharse mucho del ABS, aunque cuando actúa nos cuesta inscribirnos por el sitio en las curvas por lo que tenemos que hacer el “trabajo duro” de la frenada justo antes de encarar el vértice para llegar a él sin que esté activo; a partir de ahí, mucha paciencia a la hora de acelerar, ya que el autoblocante apenas actúa y hay que conseguir transmitir el par al suelo sin perder tracción.
Por lo demás, una vez lo tienes reglado a tu gusto es muy divertido de llevar y muy constante, poco a poco se bajan los tiempos y haciéndonos bien a él es muy posible que en un cara a cara pueda con el Clio.
En lo que se refiere al galo, transmite sensaciones mucho más racing, todo es más puro y vivo. A un piloto con experiencia en kart, fórmulas o Gts le costaría menos adaptarse al Clio que al Mini, ya que este último requiere más una técnica de adaptación a “su” pilotaje que experiencia previa en coches de carreras.
El Clio se conduce al ataque gracias a su extraordinario paso por curva, precisamente uno de sus puntos fuertes junto con el autoblocante, que permite acelerar muy pronto. Se puede jugar mucho con los reglajes. Por ejemplo, si optamos por uno muy agresivo se puede conseguir que en los virajes más lentos se mueva de atrás, dé el “culo”, tipo propulsión trasera, y ese es el punto en el que te dices a ti mismo: “Ahora si va bien...”. El cambio secuencial también es una auténtica maravilla, no hay que pisar el embrague salvo para reducir, y tampoco hay que levantar el pie del acelerador, con loque se ganan unas décimas en cada cambio respecto al clásico manual en “H” del Mini. Para aprovechar al máximo cada marcha la pantalla de instrumentación tiene una barra de leds que ayudan a cambiar en el momento bueno, pudiendo aprovehar al máximo el motor y llevarlo en su régimen óptimo.
En definitiva, el Clio es más un coche de carreras con una carrocería de calle, mientras que el Mini es un coche de calle adaptado a las carreras. Como decíamos al principio, tienen el mismo espíritu pero son muy distintos en su realización. Aún y todo, se trata de coches fascinantes para dos copas con mucho tirón, tú elijes con cual te quedas.