COMPARATIVAS
JAGUAR XF V8 PREMIUM LUXURY / MERCEDES E 500


ANTISISTEMA

Hemos llegado a un punto en el que, en la vida cotidiana, lo común se ha convertido en norma. Fumar es casi delictivo. A punto están de hacer lo propio con el alcohol. Harán lo posible por que evitemos los embutidos en nuestra dieta porque genera colesterol. Querrán convencernos de que conducir un coche eléctrico será tan emocionante como ir a los mandos de uno de combustión interna. Y no será así, jamás. Del mismo modo que no es comparable la satisfacción que nos brinda un buen motor de gasolina frente a un turbodiésel de similar potencia. A cada uno, lo que le corresponde. Y como en todos los ámbitos de esta vida, el automóvil, gracias a Dios, sigue teniendo un pequeño grupo de feligreses que idolatran los grandes motores de gasolina. Cómo suenan al arrancar; su bramido al ralentí, la rabia con la que cogen revoluciones. ¡Qué gastan más y tienen menos autonomía! ¿Y qué? Sin que lo tomen a mal las feministas: ¿por qué conformarme con una actriz de reparto si tengo a mi alcance a una estrella de Hollywood?

Contundentes.
Eso es lo que hace cobrar interés a los contendientes que ocupan estas páginas. Son los coches que todo amante de un gran automóvil querría poseer -como si de Sharon Stone se tratase-, pero a los que habría que renunciar por sus abultados gastos con cargo a nuestra tarjeta de crédito.
Símiles cinematorgráficos al margen, el XF V8 y el E500 son, sin llegar a la superdeportividad de sus hermanos XF-R y E 63 AMG, de lo mejor que se puede disfrutar ahora mismo por menos de la nada desdeñable cifra de 85.000 euros. Pero sin duda alguna, la relación satisfacción/euro es de las mejores de su clase.
El giro que en el diseño ha dado Jaguar tiene de momento en el XF uno de sus mejores exponentes. La mano de quien fue diseñador de Aston Martin, Ian Callum, se deja ver claramente, y en especial si analizamos la vista trasera en tres cuartos de la berlina británica. Es muy estilizado y casi me atrevería a decir que es el modelo que ha abierto, junto con el algo más veterano Mercedes Benz CLS, el filón de los sedanes-coupé, al que se ha sumado ahora el Audi A5 Sportback.
El E500 es más conservador en este apartado. A diferencia del inglés, la mayor parte de su personalidad radica en su frontal, muy agresivo gracias a sus angulosas formas y grupos ópticos. Me gustan también las remardacas aletas, pero al echar la vista atrás, en el más estricto sentido de la palabra, nos encontramos con unos trazos anodinos que nos rememoran el diseño de alguna berlina coreana. Gana pues en este terreno escabroso y subjetivo el Jaguar XF.

Modernidad. El habitáculo de este ilustre embajador del imperio británico es demoledor en términos de diseño. La profusión de remates metálicos, las toberas de aireación motorizadas, que se abren al pulsar el botón de arranque, el mando rotatorio del cambio, que emerge simultáneamente al accionar dicho pulsador, los excelentes materiales empleados y hasta la luz ambiental azulada nos hacen sentirnos en un coche absolutamente moderno y abocado a atraer a una clientela notablemente más joven a la marca del felino.
Además, no hay mas que echar un vistazo a la lista de su equipamiento para comprobar que en su nivel de dotación más bajo, el Premium Luxury para el V8 -Luxury a secas en V6 Diésel-, que no le falta de nada: tapicería de piel, navegador, asientos delanteros y volante de ajuste eléctricos, control vocal de algunos mandos, pantalla táctil multifunción...
Quizás donde pierde algún entero es en el capítulo de la habitabilidad, un mal endémico de los Jaguar desde los años sesenta y que sólo se resuelve en el caso del inminente XJ, como en el aun vigente en los conesionarios, recurriendo a la carrocería de batalla larga, algo no disponible para el XF. Las plazas traseras, dos mejor que tres, son algo justas de espacio para las piernas y sólo aptas, en lo que a cota de altura respecta, si la talla es inferior a 1,85 metros de estatura, de lo contrario, la acusada caída del techo agobia ligeramente a los pasajeros. No debemos decir lo mismo de su maletero, que con 500 litros de volumen y unas formas muy regulares da cabida al equipaje necesario para unas vacaciones familiares.
Acoso alemán. El Mercedes Benz, por su parte, le gana la partida del espacio para la carga por 40 litros, o lo que es lo mismo, un bolsón de deporte de ventaja. También vence al inglés en habitabilidad. Sobre todo porque las plazas posteriores, además de algo más ser generosas en anchura, vencen a la hora de valorar la distancia que separa los respaldos delanteros del borde de la banqueta posterior. Eso sí, como sucede al viajar en el Jaguar, el ocupante de la plaza central no las tendrá todas consigo desde el punto de vista de la comodidad. Y es que en el fondo, todos los coches están pensados para cuatro adultos y no cinco, por grandes que sean.
Es en el apartado del equipamiento donde el modelo germano pierde una de las batallas más importantes. La tapicería de piel es opcional, aunque desde un precio razonablemente bajo; el navegador implica desembolsar al menos 1.647 euros; los asientos delanteros son sólo semieléctricos de serie, con la regulación longitudinal mecánica; los faros bixenón cuestan casi el doble que para el Jaguar. Y además, la larguísima lista de opciones es ciertamente cara. En suma, igualar la dotación para dejarla a la altura del XF V8 Premium Luxury implica desembolsar alrededor de 80.000 euros.
Por otro lado, aunque el diseño de interior es acertado y las calidades de materiales y ajuste, buenas, no llegan a ser como en los Mercedes de generaciones pasadas, pues los plásticos son de aspecto demasiado “evidente”.
En el plano mecánico, eso sí, hay que romper una lanza en favor del E500, y no porque gane en potencia y par al inglés, sino porque aun careciendo de la inyección directa de gasolina de su oponente, gasta poquísimo. Tras casi 1.000 kilómetros por carreteras de toda índole logramos un gasto medio de 11,2 litros en tanto que para recorrer la misma distancia y en el mismo escenario con el XF hay que irse hasta los 14,3. La diferencia la marca la caja de siete marchas del E500, que con un desarrollo final bastante largo, de 66 km/h por cada 1.000 vueltas, permite ahorros de gasolina sorprendentes a velocidades sostenidas.

Seudo deportivos. Si nos trasladamos al ámbito de la dinámica de conducción, las cosas andan más equilibradas, aunque en honor a la verdad, gracias a la suspensión neumática Airmatic, que en su posición sport ofrece una firmeza de amortiguación excelente para carreteras viradas y sin mermar el confort de los pasajeros. El XF es aquí un poco más torpón. Sin embargo, en carreteras rápidas está a la altura de su oponente aun careciendo de esta ventaja adicional, que para el Jaguar se compensa con una amortiguación gestionada electrónicamente muy efectiva.
En cuanto a dirección y resistencia del equipo de frenado ambos quedan empatados con cierta ventaja en esto último para el británico.
De tener que optar por uno u otro, quizás me decantaría por el más vanguardista Jaguar, que lo es por diseño, motor, etc. y sobre todo por el argumento de un equipamiento más completo oferecido de serie. Ahora bien, si tuviese que viajar habitualmente con un coche de este “calibre”, no dudaría en decantarme por el Mercedes Benz E 500, que aunque es tan rápido o algo más que su rival, es un insólito mechero de 388 caballos.