Dejó de fabricarse en 2002 dando paso a un modelo independiente, el Eos, que no ha cuajado como se esperaba. Los fieles seguidores del Golf le echaban de menos pero ha vuelto, con algunos cambios importantes pero manteniendo los valores que le convirtieron en un icono allá por los años 80.
Para los que recuerden el aspecto del modelo anterior enseguida distinguirán que su elemento más destacado, la barra antivuelco que unía los dos lados de la carrocería, ya no existe. Hoy día es estéticamente inconcebible y a nivel de seguridad tampoco es necesario una vez que se dispone de sistemas antivuelco activos capaces de desplegarse en apenas 0,25 segundos, como el que se esconde tras los reposacabezas de este nuevo Golf Cabrio. El sobrenombre de “la cestita de fresas” que acompañó a las tres generaciones anteriores ya es historia.
Sin embargo, permanece fiel a la capota de lona, una solución más barata, sencilla y que complementa al Eos de techo rígido. Hoy día es un elemento superado porque aunque es cierto que es más rápida en su accionamiento (en este Golf se despliega en apenas 9 segundos), más ligera y compacta para no restar espacio al maletero, también lo es que no aisla excesivamente bien a nivel sonoro. En el caso de este Golf tampoco nos ha convencido el confort de marcha cuando rodamos descapotados, ya que incluso desde velocidades no excesivamente altas se generan turbulencias en el interior. Es por tanto casi obligatorio adquirir el cortavientos opcional (300 euros) que, eso sí, anula las plazas traseras.
Para que no todo sean críticas, ahora se han resuelto mejor algunos detalles, como por ejemplo que el mecanismo de apertura o cierre del techo es totalmente automático y no se requiere liberar manualmente un anclaje como ocurría en el Beetle Cabrio. Asimismo, la capota plegada queda bastante bien enrasada con la tapa del maletero, aunque ni la lona ni el varillaje queda cubierto por ninguna tapa protectora, un riesgo más para su integridad. En cualquier caso, el coche tanto abierto como cerrado, por las opiniones que hemos podido recoger durante la prueba gusta, y mucho.
Multiusos. Igual que ocurría en las generaciones previas, el Golf Cabrio pretende ser un convertible plenamente utilizable como coche diario y con capacidad para acoger a algo más que una pareja. Pese a su longitud compacta (4,2 metros) cuenta con cuatro plazas reales y plenamente utilizables. Tanto por altura como por espacio para las piernas son suficientes para dos adultos quienes, incluso, pueden afrontar viajes largos sin incomodidades. La zona lateral de la carrocería donde se apoyan los codos está muy bien trabajada para que se posen con comodidad. En este apartado probablemente será el mejor de su categoría.
El maletero dispone de 250 litros de capacidad, una cifra que no está mal, pero que se ve algo limitada por una boca de carga estrecha. Aquí hemos visto algún detalle que no nos ha gustado, como la ausencia de guarnecidos en la parte superior del maletero y la poca calidad de la moqueta que recubría el resto del espacio de carga. Una sensación que no se repite en el habitáculo, donde la presentación es tan buena como la del Golf berlina.
Doble impulso. Nuestra unidad de pruebas, con el motor TSi de doble sobrealimentación (compresor y turbo) y el cambio DSG, es un ejemplo más de lo que ha evolucionado el automóvil en estos casi diez años de ausencia del modelo. Allá por 1998, cuando se lanzó la última generación, era casi inconcebible que un pequeño 1.4 pudiera alcanzar los 160 caballos de potencia del actual TSi. Pues lo consigue y además con un agrado de conducción total, sin demoras en la entrega de par (casi como en un motor diésel gracias a la acción del compresor que trabaja desde bajas vueltas) y toda la garra de un propulsor deportivo cuando sacamos la esencia de los 160 caballos (circunstancia en que entra en acción el turbo de mayor tamaño). Y la gestión de ese torrente a través del ultrarrápido cambio DSG de doble embrague es un placer que nos hará aborrecer las cajas manuales. Los ejemplos de cómo la tecnología se supera a sí misma en muy pocos años vuelven a aparecer...
Aunque, como todos los cabrios, es un coche para disfrutar a cielo abierto y en conducción más pausada, este Golf también nos permite tomar una actitud más deportiva con confianza. Su conducción es muy similar a la del modelo cerrado; no se producen movimientos parásitos de la carrocería en los apoyos como consecuencia de la menor rigidez de la carrocería y el comportamiento es muy noble, aunque el tremendo par que genera el motor TSi nos obliga a tener un poco de tacto con el gas en las arrancadas porque pueden aparecer pérdidas de tracción con facilidad. La dirección tiene un tacto muy preciso y las suspensiones tienen una puesta a punto muy equilibrada: no pecarán de incómodas cuando nos lo tomemos con calma ni se mostraran blandas en momentos de más acción.
El análisis del equipamiento en cualquiera de las versiones del Golf Cabrio es muy sencillo ya que todos parten de un acabado único con una buena dotación de serie que incluye de serie climatizador bizonal, ESP, llantas de aleación, equipo de audio con conexiones auxiliares, luces y limpaparabrisas automáticos, bluetooth... Aparte de esto no hay muchas opciones disponibles, pero si packs de equipamiento a precios muy competitivos.
Frente a su competencia tiene la desventaja del precio, que es superior a los del Megane o el 308 CC pese a que éstos ya se han entregado a las bondades del techo rígido. Por muy poco más incluso podemos optar por el Eos con el mismo motor, que además ofrece más tamaño... Claro que ahí es donde el Golf juega la baza del valor de la tradición.