Casi de modo instintivo, si tuviésemos que darnos el gustazo de comprar un roadster, un descapotable biplaza, podríamos pensar en las grandes marcas alemanas: Audi, BMW, Mercedes Benz y Porsche. El cuarteto, el abanico lo compondrían, en el escalón más accesible TT, Z4, SLK y Boxster, que ofrecen a los afortunados potenciales compradores una notable variedad de motorizaciones. Sin embargo, la injusta memoria deja fuera de esa panoplia de aspirantes a dueño al Nissan 370Z Roadster.
La firma japonesa ya trajo a España a su antecesor, el 350Z Roadster, que el nuevo modelo mejora en todos sus aspectos.
Inconfundible. Si sus oponentes alemanes son fieles a una estética relativamente conservadora, salvo el más moderno Z4, el 370Z Roadster es inconfundiblemente japonés por sus rasgos. Líneas muy vistosas, plagadas de curvas y con prominentes pasos de rueda que le confieren una agresividad que quizás sólo puede compartir con el BMW Z4.
Una vez inmersos en el habitáculo es inevitable reconocerlo como un Nissan por la ya casi tradicional consola central, que incorpora de serie la gran pantalla que aglutina las informaciones del navegador con la función “vista de pájaro” tridimensional, equipo de audio, etc. que también adopta Nissan en los modelos de Infiniti, su marca de lujo. Al margen de ello, el 370Z Roadster nos premia con un puesto de conducción casi de carreras con la posición del envolvente asiento -calefactado y ventilado, como el del acompañante, de serie- muy baja y el volante, regulable en altura y profundidad, muy vertical. Lo cierto es que la postura es perfecta e invita a disfrutar de la conducción al cien por cien, dado que todos los mandos quedan al alcance, ya sea de la vista o de las manos. Sólo la capilla con los tres relojes que reposan sobre la parte dentral del salpicadero, con informaciones secundarias -voltímetro, manómetro de aceite y reloj- quedan algo fuera de nuestro campo de visión.
En cuanto al equipamiento en general, este biplaza puede presumir de una dotación de serie sobresaliente, más aun si valoramos el precio -53.350 €- y que sólo tiene como elementos opcionales la pintura metalizada y el cambio automático -2.400 €-. Para que sus rivales teutones le igualen en dotación hay que hacer un desembolso más que notable y que obliga a superar de largo la barrera los 60.000 euros de precio final inevitablemente, lo que hace aun más recomendable al Nissan.
Deprisa, deprisa. El 370Z Roadster oculta bajo su capó delantero un V6 que sin ser de los más poderosos de la categoría, implusa endemoniadamente al biplaza japonés. Es un motor de carácter puntiagudo, al que le gusta girar en la zona más alta del cuentavueltas y que a cambio nos obsequia con una sonoridad deliciosa. No es parco en consumos, pero no se le pueden pedir peras al olmo. No en vano, se trata del mismo propulsor que usa Infiniti en sus modelos de 320 caballos, aunque con una potencia que para el 370Z Roadster es de 328 -313 en el desaparecido 350 Roadster-.
Está conectado a las ruedas traseras por un árbol de fibra de carbono, para aligerar peso, y mediante un cambio manual de seis relaciones de funcionamiento típicamente nipón, con cortos y rápidos recorridos de selector que hacen de la conducción una gozada cuando nos adentramos en carreteras muy viradas. Además, cuenta con na función SynchroRev Control que permite que las marchas entren fácil y rápidamente durante las reducciones al ajustar automáticamente el régimen de giro del V6 al engranar la marcha.
Desde el punto de vista de la conducción está algo lejos de la eficacia de un Boxster o un TT, pero aprueba con buena nota en términos generales y siempre y cuando no desconectemos el control de estabilidad para intentar divertirnos. Más aún si lo hacemos sobre pisos deslizantes, ya que la zaga tiende a rebelarse al mínimo golpe de acelerador. Pero en condiciones normales, en buenas y rápidas carreteras este Nissan apenas tiene que envidiar a un SLK 350, por ejemplo. Incluso transmite más sensaciones de conducción que el biplaza de la estrella. Eso sí, cuando la calidad del firme no es la mejor, el 370Z Roadster se torna algo buscón: su dirección tiende a llevarnos a pisar sobre las rodaduras de los camiones o sobre las propias irregularidades, lo que nos exige más atención al volante. Por otro lado, la amortiguación, dura pero no incómoda, sí se deja notar en este entorno. Si pisamos sobre un bache en plena aceleración, el eje posterior no sólo nos avisa con un golpe seco, sino que tiende a eludir la trayectoria que le marcamos con el volante con amagos de derrapaje, controlado, eso sí.
Si no queremos pasar la barrera de los 60.000 euros y no renunciar a un veloz biplaza descapotable, este Nissan es la alternativa más aconsejable. Aúna sensaciones deportivas, prestaciones más que notables y, ante todo, una magnífica relación valor/precio. No es alemán.