Un nuevo corredor debuta en la competición con el maillot de Mitsubishi. Y no viene para ser un simple gregario más, todo lo contrario, el ASX apunta hacia jefe de filas del equipo japonés con la ambición de acompañar al Nissan Qashqai y al Ford Kuga en el podio de la categoría. Su preparación ha sido exhaustiva y de ahí su rendimiento en todo tipo de etapas: excelentes cualidades como rodador en llano, posibilidades al sprint y dotes en la montaña, pero con dificultades en puertos de primera categoría.
Escalón compacto.
El nuevo ASX no sobresale del pelotón de SUV’s por su tamaño. Al borde de los 4,30 metros de longitud, se posiciona entre las alternativas más compactas, por encima del Skoda Yeti y muy cerca del Qashqai, quedando así más lejos del grueso de rivales como el RAV4, ix35, CR-V, etc.
La contención en sus dimensiones exteriores no permite excesivas alegrías en cuanto a las posibilidades de espacio en su habitáculo. Bien es cierto que su medida de anchura en la fila trasera, por encima de 1,40 metros, permitirá acomodar hasta cinco adultos con una mínima suficiencia, pero más allá de este punto no contaremos con espacios diáfanos ni para la posición de las rodillas atrás -no hay apreturas pero tampoco sobra- y sobre todo en la distancia hasta el techo, sin excesos delante y más ajustada en la zaga.
Los respaldos traseros se pueden abatir completamente y reclinar en dos posiciones, pero carecen del desplazamiento longitudinal que sí disfrutan otros rivales para favorecer el espacio para los pasajeros o para la carga según convenga. Su maletero declara una capacidad superior a la del Qashqai, pero matizando un par de cuestiones: primero, se aprovecha de la ausencia de una rueda de emergencia -su hueco sirve para conformar un doble fondo bajo la moqueta-, y segundo, que el subwoofer del equipo de sonido Rockford Fosgate integrado en un lateral resta unos litros al volumen de carga oficial.
Por lo demás, la concepción interior mantiene la línea de la marca, con un diseño de carácter más bien práctico, nada recargado, con todos los mandos perfectamente localizables y accesibles -excepto el del ordenador de a bordo en la parte baja de la instrumentación- un puesto de conducción con las regulaciones necesarias en volante y asientos a excepción del ajuste lumbar y una presentación satisfactoria en cuanto a ajustes y materiales, aunque podríamos pedir una mayor superficie de plásticos acolchados para gozar de un tacto más agradable.
Estreno positivo.
El corazón de este modelo no se encuentra todavía en ninguno de sus compañeros de filas. Se trata de un moderno bloque turbodiésel de 150 caballos con sólo 1.8 litros de capacidad, la única posibilidad en el ASX hasta el momento, capaz de bombear sangre a un buen ritmo y de mantener las pulsaciones bajas para ahorrar energía.
En la práctica es un motor muy solvente, algo flojo en la zona más baja del cuentavueltas pero efectivo ya desde las 1.500 rpm. y contundente a partir de 1.800. Su elasticidad también nos permitirá estirarlo para explotar regímenes más elevados y con el apoyo de unos desarrollos más bien ajustados de su cambio de seis velocidades, sus prestaciones acaban resultando de lo más satisfactorias.
Sus notables cualidades dinámicas quedan aderezas por un consumo muy bajo, de lo mejor de la categoría, en el que algo influirán el sistema de parada y arranque automático y el indicador de cambio óptimo de marcha; por contra, la insonorización del habitáculo no amortigua como desearíamos los ruidos derivados del motor, del aire y de la rodadura, de modo que a ritmos elevados llega a nuestros oídos un extraño compendio de todos estos sonidos.
Por carretera.
A pesar de su apariencia y denominación SUV, se trata de un coche pensado para el asfalto que garantiza confort de marcha en todos los desplazamientos. Los posibles cabeceos y balanceos de la carrocería se contienen bien mientras no se apriete mucho el ritmo y tanto la dirección como el cambio deparan un tacto magnífico que nos trasladan incluso un feeling de conducción pseudo-deportivo. Lo que peor lleva son los baches, no porque influyan en pérdidas de trayectoria, sino porque la suspensión no los digiere bien y los traslada al habitáculo con toda su sequedad para lamento del conductor y sobre todo de sus acompañantes.
El ASX es una opción muy a tener en cuenta frente al intratable Qashqai. No es barato, pero su equipamiento de serie, como refrenda esta versión Kaiteki, justifica totalmente el desembolso exigido por Mitsubishi.