La oferta de coupé cabrios derivados de modelos compactos es ya legión en nuestro mercado. Y a ellos se acaba de sumar una interesante alternativa, el Renault Megane Coupé-Cabriolet, que deriva de la berlina y con el que se ha hecho un ejercicio de estilo casi tan acertado como con la deportiva versión de dos puertas.
La versión de techo rígido escamoteable, la segunda bajo la denominación Megane tiene a su favor el hecho de que el maletero ofrece unas cotas de aprovechamiento inmejorables: los 470 litros cuando viajamos con el techo montado no tienen que envidiar en absoluto a los de una berlina convencional que ronda los 4,80 metros de longitud. Pero lo más importante es que con el techo replegado hay sitio suficiente como para albergar una maleta de tipo medio y un trolley de cabina de avión, lo que no está nada mal a la hora de plantear una escapada del español formato “puente”, de cuatro días. Además, su boca de acceso es muy baja, lo que permite una operación de carga y descarga más cómoda cuando el techo está plegado.
La capota, que tiene el inconveniente de no podemos operar en ella a bajas velocidades -un detalle estratégico si nos coge un chaparrón en pleno recorrido urbano-, se monta y desmonta en sólo 21 segundos, gracias, en parte, a que está conformado por sólo dos piezas.
La demanda ha hecho que el nuevo Coupé-Cabriolet cuente de serie con un techo panorámico que es algo traicionero cuando el sol castiga sin mesura: dispone de una cortinilla que, dado su escaso espesor, apenas impide el paso de los rayos solares a las cabezas de los ocupantes de las envolventes butacas delanteras; los pasajeros relegados a las plazas posteriores, sólo dos, habrán de sufrir el castigo solar, puesto que a éstos sólo les ampara levemente la luneta trasera.
¿Turbulencias? Si viajamos a cielo abierto y con sólo dos ocupantes merece la pena desembolsar 250 euros por la pantalla antiturbulencias, que nos permitirá rodar con las ventanillas subidas y a más de 130 km/h sin que el viento acabe con nuestro peinado o el de nuestro acompañante. En el caso de utilizar las cuatro plazas, el Coupé Cabriolet cuenta de serie con un pequeño cortavientos entre los dos reposacabezas-barra antivuelco traseros, pero su cometido no es pleno.
Y dado que hablamos de los pasajeros de las dos únicas plazas posteriores, ni este modelo ni sus oponentes más cercanos en tamaño y precio se lo ponen fácil a adultos de talla superior a la media, ni por el espacio disponible hasta la cota del techo de cristal ni por la accesibilidad, muy condicionada por la acusada curva que forma la segunda pieza del techo y que obliga a hacer una demostración de contorsionismo.
Moderación. La unidad que ha pasado por Top Auto constituye una oferta moderada: los 130 caballos de este archiprobado motor 1.9 dCi no nos van a sorprender con aceleraciones y velocidad máxima vertiginosas, pero la respuesta que brinda desde antes de alcanzar las 2.000 vueltas nos permite disfrutar de un magnífico agrado dado que a la mínima solicitud realizada sobre el acelerador, no duda ni un instante para otorgarnos un excelente brío.
La caja de cambios manual de seis velocidades también contribuye a ese confort de marcha y, a su vez, colabora en la economía de consumos a velocidades legales e incluso en tráfico urbano. Estar por debajo de los 7,5 litros en ciclo combinado es un regalo para el bolsillo. Como también lo es su precio, por debajo de los 30.000 euros, con una promoción de lanzamiento de 1.200€ adicional que no figura en el precio oficial recomendado.
Y es que a cambio de esa inversión, el Megane Coupé Cabriolet dCi de 130 caballos nos ofrece un más que digno equipamiento de serie: sensores de lluvia y alumbrado, climatizador dual, limitador/regulador de velocidad, radio/CD-mp3, enlace Bluetooth... Sólo falta el navegador, suministrado por TomTom, que exige un moderado desembolso: 490 €.
En suma, un capricho accesible para quienes ni quieren renunciar a un descapotable todo uso, ni a poder viajar en compañía de la familia o los amigos un fin de semana.
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