JAGUAR XJ L 3.0D PORTFOLIO
PREMIO A LA ELEGANCIA  
La firma del felino ha roto los moldes una vez más. El nuevo XJ nada tiene que ver con sus antecesores, ni desde el plano estético ni en el dinámico o de confort  


Jaguar ha vuelto a sorprender a propios y extraños con la nueva generación del XJ, más elegante y señorial que nunca, aunque con una estética que en líneas generales constituye todo un acierto, en la medida en que contenta a los clientes más veteranos de la marca y a los potenciales nuevos compradores.
Pero redondear el círculo no se ha logrado del todo. He de reconocer que paulatinamente me he ido acostumbrando a la peculiar zaga, pero han sido más quienes me han dicho que la parte trasera no les gustaba que los que pensaban lo contrario.

Muy distinto. Si las sucesivas generaciones del XJ pecaban de un continuismo demasiado remarcado -de acuerdo con la demanda de una clientela fiel a la firma, pero poco capaz de atraer a nuevos clientes-, el nuevo XJ ha roto todos los moldes. La parte delantera está inspirada en la de su hermano menor, el XF, aunque con un frontal mucho más vertical y más alto que es el que determina la también alta línea de cintura, que da al coche un empaque imponente.
Quizás lo que exige un tiempo de adaptación es cómo se ha resuelto la zaga. Lejos de recurrir a las estilizadas ópticas trapezoidales del XF, se ha apostado por un diseño en forma de boomerang que se extiende verticalmente. Eso y los pilares posteriores en material plástico en “negro piano” - que sólo “pegan” si se opta por las pinturas más oscuras-, hacen que el conjunto se descompense.
Como su antecesor, está disponible con dos tipos de carrocerías, realizadas en aluminio como el bastidor, con unas longitudes de 5,12 y 5,24 metros, que es la que hemos probado en esta ocasión y por la que me decantaría si me plantease comprarlo. La versión corta tiene sólo el espacio justo y mínimamente exigible para unos pasajeros altos en las plazas posteriores.
En cuanto al maletero, sus 510 litros podrían ser más útiles si las formas fuesen más regulares. Es discreto en este aspecto. Hay oponentes que dan más.
Hasta la llegada de la nueva generación, los Jaguar enamoraban más por fuera que por dentro. Ahora pueden presumir de que el interior está a la altura de las expectativas. Rehuye del minimalismo cada vez más frecuente en las berlinas de lujo y en su lugar el buque insignia de Jaguar apuesta por un diseño suntuoso y en el que lejos de abundar el plástico, son protagonistas la piel, las maderas, el carbono y el aluminio.
No renuncia a detalles vanguardistas, como el mando rotatorio del cambio, que emerge al pulsar el botón de arranque; el monitor TFT que sustituye a las clásicas esferas del tablero de instrumentos; o la pantalla táctil central, que permite al conductor ver las informaciones del navegador, por ejemplo, mientras su acompañante ve un DVD.
Sin embargo, y respecto a “la oposición”, sí se echan de menos elementos como el sistema de reconocimiento de las señales de límite de velocidad, la alerta de cambio involuntario de carril o elementos menos útiles, como la cámara de visión nocturna que sus rivales ofrecen en opción.

El diésel, interesante. La gama inicial se articula en torno a tres motores ya conocidos, los dos de gasolina de 385 y 510 caballos y el diésel de 275. A mi juicio, y sobre todo valorando la autonomía como un elemento estratégico en largos viajes, el diésel es el más interesante: corre una barbaridad, apenas gasta 10 litros en ciclo combinado y su nivel de rumorosidad es increíblemente bajo; no parece un turbodiésel. El cambio ZF de seis marchas, para los más dinámicos, puede emplearse en modo manual mediante levas situadas tras el volante multifunción. Así resulta incluso más rápido que en modo automático, aunque dada la filosofía del coche, al chófer y al ocasional propietario les gustará más rendirse a la comodidad en la conducción.
Desde el punto de vista de la conducción el nuevo XJ está a años luz de su predecesor. Apetece conducirlo, arrebatárselo al chófer, tanto por la suavidad como por la magnífica insonorización. Eso sí, sin olvidar el matiz deportivo que está en la genética de los últimos productos Jaguar. No sólo se trata de tener muchos caballos bajo el pedal del acelerador, 275 del V6 diésel -al que progresivamente se sumarán las variantes “pequeñas” de 211 y 240 caballos-, sino del tacto deportivo que ofrece el coche y que se acentúa cuando actuamos sobre su electrónica.