MERCEDES SL 500
LAS CUATRO ESTACIONES  
Con el motor de 388 caballos que estrenó la clase S, este descapotable de la marca de la estrella ha logrado lo que muchos pedíamos en su debú, hace cuatro años, suficiente potencia como para estar a la altura del bastidor  


La proliferación de descapotables de techo rígido escamoteable tiene a Mercedes Benz como pionera e imitada. Primero llegó el SLK, a finales de los 90; ya en pleno siglo XXI una nueva generación de los míticos SL incorporó también esta solución, sin duda la más aconsejable para quienes han temido que su cabrio de techo de lona fuese pasto del vandalismo de un mestizaje de envidiosos y malechores. Es lo que a uno y otro les ha permitido ser coches utilizables a lo largo de todo el año, sin tener que hibernar durante el frío o sacar del garaje el “hard top” para proteger la capota de lona de las inclemencias meteorológicas.
En la plenitud de su vida comercial el SL ha recibido una serie de cambios, con los que ha llegado en pleno verano a España. Así las cosas, el remozado SL tiene cambios en el diseño del exterior, básicamente las nuevas ópticas delanteras, calandra, espejos, paragolpes y las branquias sobre las aletas delanteras; en el interior encontramos cambios en la instrumentación, el volante, las tapicerías y las molduras.

Herencia de familia. El renovado SL ha recibido también las mejoras que los modelos más recientes de la marca de la estrella han adoptado. Por ejemplo, los faros bixenón con iluminación adaptativa que ha estrenado la flamante Clase E (561€), el equipo de infoentretenimiento con navegador con disco duro para guardar mapas y música y conexión para iPod/Mp3. Además, proveniente del SLK de segunda generación (2004) es el sistema ‘Airscarf’ -bufanda de aire- que canaliza aire caliente a la altura de la nuca (791€). Para el SL el reposacabezas incluye dos ventiladores y un sistema de resistencias eléctricas que permite calentar con mayor rapidez el flujo de aire. Entre otras de las numerosas opciones está la dirección paramétrica, de endurecimiento progresivo en función de la velocidad y desmultiplicación variable: más al llegar a los topes de giro del volante y menos giro necesario en las inmediaciones del punto central del arco del volante. Mantiene de serie, como el SL 600 y las versiones AMG, el control activo de carrocería (ABC), aunque con recalibrado para ofrecer una mayor firmeza en los pasos por curva, hasta el punto de lograr una dinámica de conducción en carreteras viradas que muchos deportivos de su categoría y superiores soñarían.

Lo que necesitaba. Cuando probé el SL 500 de 306 caballos, tras más o menos los mismos kilómetros de “test” -alrededor de 800- saqué una conclusión determinante: los 306 caballos se quedaban cortos para lo que el chasis podía tolerar. Ahora, con el motor de 388 CV que ha heredado la gama Mercedes Benz del Clase S, el equilibrio está más cerca. Sigue sobrando bastidor, pero al menos ya sabemos que bajo el acelerador hay una fiera escondida. Ahora sí tenemos la sensación de conducir un coche que de verdad corre muchísimo y sin la necesidad de tener que contar con más de 400 caballos bajo el capó. Es endiabladamente rápido y, además, se apoya en una elasticidad tremenda del nuevo V8. Un par máximo de nada menos que 530 newtonmetro entre 2.800 y 4.800 vueltas deja claro que a la mínima solicitud de acelerador hay motor para dar y tomar. Pocos coches de su potencia y peso hacen que trabaje tanto el control de tracción al salir, por ejemplo, de un semáforo cuando pisamos sin piedad el pedal del gas.
Y lo mejor de todo es la eficiencia que ha logrado Mercedes Benz de este motor, que va asociado al magnífico cambio de siete velocidades 7G-Tronic, pues nos permite gastar apenas diez litros a velocidades legales en carretera y menos de 19 en ciudad. ¡Ojo!, que hay que “dar de comer” a un V8 de casi 5,5 litros de cubicaje... Es el punto de equilibrio que muchos fabricantes buscan para un deportivo de alto rendimiento, la piedra filosofal: que corra mucho, pero que no sea exageradamente gastón en estos tiempos de crisis que nos azotan y en los que parece que conducir un coche potente va en contra de la sostenibilidad medioambiental. Se puede disfrutar de coche, prestaciones y, a la vez, que no nos tachen de invertir en pos del cambio climático que vivimos: o sea, en verano calor, en invierno frío y, entre medias, lluvias... Como toda la vida. Según los datos del fabricante, el ahorro en combustible es de 0,4 litros cada cien kilómetros, lo que no está nada mal para no ser un utilitario, que muchos ya lo querrían.

Es cierto que los tiempos que vivimos no son los más propicios para poder disfrutar de un coche que corra. Y no hay visos de que esto cambie. Pero lo cierto es que el SL 500 reúne todo lo necesario: caballos a la altura de un chasis excepcional, un equipamiento de confort y seguridad envidiable para otros deportivos de su categoría y un precio que, no nos engañemos, está plenamente justificado. Son algo más de 125.000 euros de precio estándar, pero ¿qué coche puede darnos tanto a cambio? Caballos, la doble identidad cupé-descapotable, una facilidad de conducción encomiable...