Siendo la compra de un automóvil diésel la más racional en buena parte de los casos, y si nuestra economía y seguridad profesional no están para muchas alegrías, quedarán lejos de nuestras miras coches como el traído a esta prueba: el Honda Civic Type R Heritage.
Pero cuando no todo es dilatar el paso por la gasolinera, obtener un consumo por debajo de los siete litros, viajar a ritmo de marchas largas y buenas recuperaciones, entonces cobran vida los compactos de este estilo, y los de páginas posteriores, el Golf GTi y el Focus ST. Coches en los que priman las sensaciones, las aceleraciones, las frenadas fuertes, las direcciones rápidas e inmediatamente obedientes, en fin, todo aquello que nos hace disfrutar de un coche y su conducción.
Estos compactos GTi son, por otro lado, los que nos permiten emular, con un estricto cumplimiento de los límites de velocidad y de las normas de circulación, a los deportivos más inalcanzables del mercado y sentir casi idénticas sensaciones, pero con un ahorro estimado de cien mil euros en algunos casos. Y no estoy exagerando.
Algo de camuflaje.
Bajo la presencia de un compacto normal se esconde un coche muy estudiado y evolucionado, así su bastidor está perfectamente afinado, su motor potenciado, su equipamiento actualizado y su imagen muy cuidada. Total, que nos llevamos un lobo con piel de cordero, auque es fácil que los demás se den cuenta de que estamos ante algo especial.
Es de los pocos GTi’s del momento que se sigue abandonando al motor atmosférico, que gira muy alto de vueltas, casi como un molinillo, mostrando un conjunto propulsor-cambio a la antigua usanza, de los que gustan ir en la parte alta del cuentavueltas, entre las 5.300 y las 7.800. No hay que asustarse, el corte de inyección está en las 8.300 rpm.
En sensaciones no puede competir con otros, y en potencia casi tampoco -los 200 CV son baladí ya- pero puestos a exprimirlos llaman la atención dos cosas. La primera, que corre más de lo que esperamos; y la segunda, que todo llega de la forma más progresiva que podamos imaginar.
Su conducción requiere un uso frecuente del cambio y cuando estamos encendidos no podemos dejarle caer de vueltas, pues eso nos costará unas décimas en un adelantamiento, que será todo lo fulgurante que queramos siempre que lo iniciemos en la marcha más corta posible.
Este año, montaña.
Si a la hora de ir de vacaciones siempre nos planteamos montaña o playa, yo con el Civic me voy a la montaña. Es donde de verdad le sacamos todo el partido a su motor y a su bastidor.
No parece un tracción delantera dada su buena motricidad y eso que el diferencial delantero de deslizamiento limitado sólo es posible con el Edición Especial, y nuestra unidad no lo montaba. Además, los trazados sinuosos son con los que más disfrutamos, donde las sensaciones del Civic son inmejorables. La caballería no se deboca jamás y su dirección roza la perfección, y no es una exageración, es que mete el coche por el sitio exacto que le decimos, transmite al volante hasta la última piedra por la que pasan las ruedas pero nada hace que la dirección vibre en nuestras manos; todo ello haciendo que haya una fidelidad y rapidez en la ejecución de las curvas que nos creamos piloto de rallyes.
Por último, el Civic no tiene la más mínima intención de disimular quién es, es un Type R. La suspensión es dura, seca de reacciones, rebota el cuello de nuestro acompañante en cada bache, a nosotros se nos caen los empastes por culpa de ese tren trasero de eje torsional, pero todo eso no nos importa salvo que lo queramos es dar un tranquilo paseo con la novia y nuestro recorrido sea algo bacheado.
Sin tapujos.
Que tiene los mimbres de un deportivo ya lo hemos visto. Pues en el interior también se ha traducido esta determinación perfectamente: los asientos, el pomo, la presencia del aluminio y otros detalles nos bastan para ver un verdadero GTi.
No encontramos tachas ni malas terminaciones en el interior, algún plástico podría ser mejor, pero se lo vamos a perdonar, igual que para arrancar haga falta meter la llave en el clausor, girarla y pulsar un botón para ponerlo en marcha. O una cosa o la otra, las dos es incongruente.
En su equipamiento no hay nada sorprendente, está dotado de lo básico y lo prescindible, como el asistente de aparcamiento trasero con pantalla gráfica de apoyo, el enlace Bluetooth para el teléfono y conexiones para iPod.
Al Civic le costará acostumbrarse al ritmo urbano, requiere adaptación, pues pide guerra y cuando se la demos disfrutaremos como ninguno gracias a su chasis enormemente comunicativo y tremendamente ágil, y a su motor explosivo por encima de las 5.000 revoluciones. Toda una experiencia para los sentidos.