Hay no muchos, pero sí un buen puñado de roadsters de altas prestaciones en el mercado: Audi TT Roadster, el flamante BMW Z4, el más veterano Mercedes Benz SLK, el casi inminente Nissan 370Z Roadster... Pero ninguno es capaz de dar las satisfacciones a su propietario que un Boxster, el primer “baby Porsche” de la marca de Stuttgart. El biplaza que sentó las bases de una nueva línea de productos para la firma alemana acaba de recibir una leve actualización. Se ha remodelado ligeramente el frontal y la zaga y llama la atención la iluminación diurna mediante leds, aunque es opcional y va asociada a los faros bixenón con iluminación en curva (1.713€). También se estrenan para los grupos ópticos traseros los proyectores de leds. En el interior los cambios son más relativos al equipamiento que al diseño. Hay nuevos elementos, como los asientos ventilados opcionales, la conexión para equipos de audio auxiliares, tipo iPod, el navegador con disco duro, etc. Asimismo, podemos disponer de tres tipos de asientos, de varios tapizados en cuero... Un sinfín de elementos que mejoran un equipamiento de serie más bien escueto, dado que para tratarse de un modelo que roza el umbral de los once millones de las desaparecidas pesetas, ni la tapicería de piel o el climatizador son de serie.
Pero todo esto se puede perdonar a cambio de las satisfacciones que da su conducción. Con la actualización ha coincidido la llegada de nuevos motores. En el caso del Boxster S la adopción de la inyección directa ha dado lugar a un incremento de la potencia de 15 caballos, hasta llegar a los 310. No es más potente que sus rivales, pero su muy contenido peso le permite estar a su altura en el apartado de prestaciones. Eso sí, la inyección directa ha permitido rebajar los consumos de modo sobresaliente. No hay más que ver los valores obtenidos a lo largo de la prueba que hemos realizado.
Otra incorporación estrella es el cambio automático PDK (3.200 euros), que sustituye al vetusto Tiptronic S de la anterior generación. Con doble embrague y siete marchas y modo de uso automático o secuencial, con levas en el volante, es un prodigio de rapidez. Además, si recurrimos a la amortiguación activa PASM (1.700€) y al paquete Sport Plus, podemos trabajar con el cambio en modo normal o “sport”, que acorta el tiempo de enclave de las marchas y lo hace a un régimen de giro del motor más alto. A ello suma una respuesta más inmediata del motor al acelerador, así como un endurecimiento de la amortiguación y una entrada en acción del control de estabilidad menos inmediato, idóneo para disfrutar de la conducción deportiva más radical sin correr demasiados riesgos.
Como un kart.
La posición central del motor es determinante en el comportamiento del Boxster S, como también lo es la amortiguación activa de la unidad probada. Lejos de ser sobrevirador en curvas lentas, como lo es su hermano mayor, el 911, tiende ligeramente a irse de morro en los virajes, lo que se resuelve seleccionando la posición “sport” de la amortiguación, que reduce casi a cero los balanceos de carrocería y hace que, si pisamos el acelerador con decisión al encarar la salida de la curva, el tren trasero ayude a trazar mejor el giro. Para conducirlo rápido y eficazmente en los divertidos tramos de montaña hay que conducirlo así, como un kart. En carreteras rápidas es también implacable, pero la conducción es mucho menos exigente.
No es barato y no puede presumir de un equipamiento de serie de primer orden, pero todo ello se tolera a cambio de las satisfacciones que nos brinda su conducción: es un Porsche.
|