LAND ROVER DISCOVERY 4 3.0 TDV6 SE
UN CAMPERO URBANITA  
La cuarta generación de Discovery se presenta más prestacional, dinámica y confortable, reforzando la buena imagen que nos dejó la tercera. Y es más eficaz en campo.  


La cuarta entrega de Discovery refuerza la idea de todo terreno de lujo que nos inundó con la tercera generación. Mejora en todos los aspectos, pero si algo hemos de destacar es su motor de tres litros y 245 caballos.
Reconocerlo y diferenciarlo de la generación anterior puede costar, hay que ponerlos uno al lado del otro para darnos cuenta. Los diseñadores han querido que las diferencias estéticas fuesen mínimas para no dar la idea de salto generacional importante, algo que no han conseguido cuando valoramos motor, suspensiones, agrado de conducción, comportamiento, etc. Vamos, que dinámicamente este Discovery no se parece al precedente.

Menos ‘disco’.
Esta cuarta entrega es más Range y menos Discovery. Esto se aprecia desde el exterior -los cambios estéticos lo asemejan al rey de la gama- pero aún más en el interior pues los materiales, ajustes y diseño de su consola central pertenecen más a la línea de su lujoso hermano mayor que a la propia de Discovery, el aventurero de la familia.
Pero mejora también notablemente en aspectos de confort tan básicos como la insonorización, al margen del amplio espacio que permite a tres adultos viajar en la segunda fila; o a dos en la tercera fila, que pueden ir, aunque ahí cómodos de verdad irán los pequeños de la casa. Además, una imagen sólida y un buen tacto nos acompañan en el interior.

El poder del turbo. La más importante de las novedades se encuentra bajo el capó. En este vano se sustituye el propulsor 2,7 litros de 190 caballos por lo más moderno y tecnológico que hay en la casa, el motor tres litros de origen Jaguar en su versión más potente y refinada, pero retocado para ofrecer 245 caballos (frente a los 275 de los XF). Frente al 2,7 y sobre el papel, además de ofrecer más potencia, depara unos consumos un 9 por ciento menores y cumple la norma anticontaminación Euro 5.

Como ya hemos explicado en otros modelos que tienen este motor, el Jaguar XF por ejemplo, se distingue por la monta de dos turbocompresores secuenciales. El primero trabaja hasta las 2.500 revoluciones y es de geometría variable; el segundo, de álabes fijos, a partir de ese régimen, si bien y en momentos de máxima demanda de potencia solapan su funcionamiento.
El resultado es sencillamente espectacular. Responde con gran inmediatez a las demandas de gas y de una forma llamativamente contundente para tratarse de un coche que pesa 2,5 toneladas. Los 245 CV están latentes y esperando una ligera llamada en forma de presión al acelerador.
La pronta respuesta y su llegada nos llaman la atención pero sobre todo, y más importante en los tiempos que corren, es la cantidad de kilómetros que podemos realizar con un sólo depósito pues el gasto de combustible lo podemos cerrar en los ocho litros. Ahora bien, esto hay que buscarlo, pero puede ser un ejercicio muy divertido. Si buscamos el lado prestacional o no somos cuidadosos no es difícil que el ordenador aumente hasta mostrar registros de casi 17 litros.
Para reducir los consumos a estos niveles, el Discovery tiene sistemas de eficiencia como la recarga inteligente de sistemas eléctricos, que la hace en retención o en parado, y la desconexión del compresor del aire acondiconado en los momentos en que no es necesario su uso.