COMPARATIVAS
MITSUBISHI MONTERO 3.2 DI-D MOTION / TOYOTA LAND CRUISER 3.0 D-4D VXL

NATUTECNOLOGÍA

Pesos pesados del segmento del todo terreno entran en 2010 con nuevos aires. Ambos afrontan este año con cara nueva, pero las estrategias de las dos marcas japonesas son bien distintas. Mientras que Mitsubushi ha apostado por cambios internos, Toyota se lanza este año con la renovación total del Land Cruiser.
Mitsubishi -dejando aparte su pérdida de protagonismo en el segmento-, quiere recuperar el terreno perdido con una profunda renovación interior, pues a nivel estético, de carrocería, es mínimo y discreto el maquillaje recibido. Apuesta, entonces, por ofrecer una dosis de potencia superior a su eterno rival, el Land Cruiser, elevando hasta los 200 caballos el rendimiento de su conocido motor 3,2 Di-D.
Toyota, por contra, luchará en 2010 con una nueva generación del Land Cruiser. Además de los claros y evidentes, por profundos, cambios estéticos, hay también una revolución interior, pero no en el motor que gana unos pocos caballos, es más bien tecnológica, pues fijándose en otros rivales añade la electrónica para el manejo y control de los sistemas de tracción en las versiones más equipadas de la gama.

Como siempre o nuevo. El Montero, salvo la reforzada potencia del motor, ofrece casi idénticos argumentos que hace cuatro años en lo que ha presencia exterior se refiere, al margen de esos pequeños retoques que lo modernizan, detallitos en los paragolpes, la plaquita que nos recuerda sus victorias en el Dakar y poco más. En el interior, tras mirarlo con calma, advertimos diferencias y modernizaciones en su habitáculo, más propias de equipamiento mejorado que de otra cosa. En definitiva, se ha intentado ser consecuente con los tiempos de crisis mundial de ventas y rentabilizar al máximo la inversión en el modelo nuevo.
Toyota, en cambio, pretende reforzar su posición de liderazgo presentando un diseño complemente nuevo que lo hace más llamativo y voluminoso, con profundos cambios interiores en los que hay que destacar que la tercera fila de asientos está escondida en el piso del maletero y no va abisagrada en los laterales, lo que hace que sea más cómoda de usar (en el VXL es eléctrica) y sobre todo se pueda llevar una cortinilla que oculte lo que transportamos en el maletero.
En cuestión de materiales y acabados nos encontramos con dos coches prácticamente idénticos. Nada se puede reprochar en este apartado, son buenos en ambos casos. A esto debemos añadir que se trata de versiones ‘full equipe’, lo que mejora la calidad visual que nos ofrecen sus interiores al abrir las puertas.
Éstas dan acceso a dos habitáculos amplios, cómodos para cinco pasajeros, aunque el central trasero va algo peor por una espuma del asiento más firme, pero tiene buen sitio. Ocasionalmente, o de forma habitual, pueden ser siete plazas -a costa de perder maletero- pero lo mejor es que estas plazas traseras están perfectamente ocultas bajo el piso del maletero en los dos casos. Fáciles y rápidas de montar solucionan la papeleta, eso sí, sólo se las recomendaría a unos niños.
En este sentido Toyota lo ha pensado algo más y ha configurado la fila central con corredera, de modo que tenemos un extra de espacio, o de maletero, de 13 centímetros de longitud.

Vitaminas. En lo que no se ve a simple vista Mitsubishi ha puesto algo más de énfasis. Vitamina su motor 3,2 litros hasta un rendimiento de 200 caballos, mientras que Toyota continúa en la senda de los 173 de su cuatro cilindros. Estos 27 caballos se notan prestacionalmente, es más rápido frente al cronómetro el Montero, pero no sólo en la aceleración pura, también en la recuperación merced a una cota de par igualmente superior, 441 newtonmetro, si bien este valor no se presenta hasta las 2.000 revoluciones cuando en el Toyota tenemos disponibles los 410 Nm desde 400 vueltas antes.
Equiparables en agrado de conducción, ambos modelos han experimentado un gran cambio. Ahora se transmiten menos vibraciones al interior, especialmente en frío, y la sonoridad también ha descendido, notablemente en el Montero aunque sigue siendo más “ruidosillo” que el refinado Land Cruiser 150.
Los consumos están dentro del orden, es decir, que habiendo descendido respecto a las versiones precedentes, los registros que hemos logrado son adecuados, no parecen escandalosos si tenemos en cuenta que rozan los 2.500 kilos de peso y entre sus puntos fuertes no está precisamente la aerodinámica.
Por otro lado, el Land Cruiser es más económico y no sólo por la diferencia de caballaje, también gracias a sus seis marchas, y es que curiosamente el Montero conserva una caja de cinco en pleno 2010. El Mitsubishi con sus cinco velocidades tiene un desarrollo final más largo que el Toyota con seis, y gracias a la dosis de par se mueve perfectamente, aunque en el paso a la quinta se nota que es una auténtica marcha de desahogo.