La llegada del nuevo Ford Mondeo ha revolucionado un segmento, el de las berlinas generalistas, que andaba un tanto estancado. Con pocas novedades más que las actualizaciones y restyling que periódicamente realiza cada marca en sus productos, la nueva generación del Mondeo ha supuesto la entrada de un duro contrincante dispuesto a liderar sin contemplaciones su clase.
Ford ha dado una vuelta de tuerca más en la que era una de las mejores cualidades del modelo anterior: su excelente comportamiento, fruto de un chasis muy equilibrado y referencia entre sus rivales. A su vez, ha potenciado las ventajas de tener uno de los coches más grandes de su clase -el Mondeo ya era generoso en cuanto a dimensiones, y ahora lo es todavía más- ofreciendo un espacioso habitáculo y un gran maletero, adoptando nuevos materiales y tecnologías inéditas en la gama, y completando el conjunto con una carrocería realmente atractiva, más deportiva y estandarte de los Ford venideros. Todo ello con el objetivo de marcar la pauta adelantándose a la inminente llegada de otro de los pesos pesados, el Renault Laguna, que desembarcará en el mercado este mismo otoño, así como los próximos Opel Vectra o Audi A4.
Plataforma común. La nueva plataforma desarrollada por Ford para sus nuevos productos del segmento D ya fue estrenada en el monovolumen S-Max con excelentes resultados, y ahora vuelve a demostrar el gran tabajo realizado por los ingenieros en la nueva berlina.
Mejorar en este sentido un producto muy efectivo como el anterior Mondeo no era fácil, pero creemos que se ha dado un paso adelante en cuanto a calidad de rodadura. Sigue el esquema de suspensiones habitual en su clase y en su antecesor, con sistemas independientes en
ambos ejes (McPherson delante y multibrazo detrás). Sin embargo, las modificaciones efectuadas en todo el tren de rodaje -mayor anchura de vías, diseño optimizado de la suspensión delantera y nuevo en la trasera, subchasis trasero aislado para evitar vibraciones y ruidos en los pasajeros, etc.- le han sentado de maravilla.
La estabilidad es imperturbable, sin menoscabo en ningún caso del confort. En carreteras rápidas, con curvas de radio amplio y buen apoyo continuado, el Mondeo nos muestra su mejor cara y apenas descompone su trazada ante ese bache que de improviso aparece en la carretera o ante las juntas de dilatación de los puentes, por ejemplo. La carrocería se mantiene bastante plana, y los generosos anchos de vía como de batalla trabajan conjuntamente con una suspensión muy bien afinada para impedir balanceos desmesurados, casi imperceptibles.
No obstante, el nuevo Mondeo es un coche voluminoso -de los más grandes de su segmento, aunque sus lineas compactas lo camuflen- y el peso, que se ha disparado un poco, le restan algo de agilidad en los virajes más cerrados. No es torpe, digamos que no transmite deportividad aun cuando los cambios de dirección se produzcan con celeridad, y tiende a subvirar ligeramente si forzamos la marcha.
Dada la buena afinación de su bastidor, las ayudas a la conducción no son nada intrusivas. El ESP -desconectable- actúa cuando los desmanes al volante son evidentes y nunca antes, cosa que se agradece para hacer la conducción mucho más dinámica. El tacto general que encontramos en el Mondeo transmite mucha confianza. La dirección es bastante rápida, quizá peca de una asistencia exagerada, pero da buen feeling, como el tacto de la palanca de cambios.
Una de las innovaciones introducidas en la nueva generación de la berlina de Ford es el Control Interactivo de la Dinámica del Vehículo (IVDC) con Amortiguación de Control Continuo (CCD). Es un extra más propio del segmento premium y que se ofrece por primera vez en el Mondeo, con un coste adicional de 950 euros. Los que no lleguen a tanto pueden optar por una suspensión más deportiva por 100 euros.
Un motor a la altura. De momento, y no es de esperar a medio plazo otra mecánica más
potente, el 2.5 litros turboalimentado de 220 CV marca el tope en el conjunto de propulsores de gasolina, y permite explotar al máximo las excelentes cualidades dinámicas del nuevo Mondeo. No se trata de un motor nuevo, pues deriva del bloque utilizado en el S-Max, que a su vez estaba basado en el del deportivo Focus ST. Este propulsor de origen Volvo adopta con sus cinco cilindros en línea una configuración poco habitual. No obstante, su funcionamiento está, en cuanto a prestaciones, en la línea o por encima de los seis cilindros de potencia similar existentes en el mercado, y cuenta con la ventaja de consumir menos.
En la berlina, como en el S-Max, la potencia máxima se alcanza a un régimen sensiblemente inferior al del Focus (éste además con 5 CV más), con el objetivo de que pueda mover con soltura a los kilos de más que pesa el Mondeo respecto al compacto de Ford. Y la verdad es que lo hace sin ningún problema, de forma muy progresiva desde apenas el ralentí y con un nivel de sonoridad muy filtrado en el habitáculo (en el Focus el sonido era mucho más presente merced a un sistema de admisión y escape más agresivo). Todo ello bajo el inconfundible sonido del cinco cilindros de Volvo.
Gracias a la buena respuesta desde muy abajo, es fácil olvidarse del cambio. Puedes salir desde segunda sin problemas, y circular por ciudad en marchas largas sin miedo a penalizar en exceso las recuperaciones. Una vez en carretera, y a sabiendas de contar con una potencia muy equilibrada en toda la gama de revoluciones, sucede lo mismo. Metes sexta y a viajar, aunque cuando tengnas de adelantar o realizar una maniobra rápida te darás cuenta de que la sexta es demasiado larga, también la quinta goza de un desarrollo largo. Cosa, por otro lado, que repercute en un consumo aceptable para un motor de esta cilindrada y potencia. Alternando rutas muy variadas tanto en carretera abierta como en ciudad, la media siempre será superior a los 10 litros, pero tampoco se disparará en exceso. Además, su depósito de 70 litros augura una buena autonomía.
Muy grande. Con casi 4,80 metros de largo y una anchura superior a modelos como un Audi A6 o una Renault Espace, el Mondeo ofrece unas cotas de habitabilidad brillantes. Lo curioso es que desde fuera ya parece grande, pero es a la hora de aparcar cuando te das cuenta de la enorme envergadura de la nueva berlina. Para facilitar esta tarea, lo ideal es equipar el sensor de distancia de aparcamiento (delantero y trasero) por 600 euros. Con este tamaño ha sido fácil superar al modelo anterior, ya grande. Encontramos el dato más relevante en la anchura tanto delante como detrás, realmente buena. También destaca el espacio que tienen todos los ocupantes para descansar los pies, especialmente los pasajeros traseros. En esta zona el asiento central sería más utilizable si tuviera un mullido más blando, porque por espacio va bien servido. La altura, sin ser mala, es la cota que menos brilla.
En cuanto al maletero, los 540 litros que Ford declara son una cifra muy buena, pero siendo una de las berlinas de su segmento más grandes no consigue liderar este apartado. Por ejemplo, un referente como el Volkswagen Passat le supera en 25 litros. Además, la capacidad del Mondeo está medida con el kit de reparación de pinchazos; sin cargo alguno el cliente puede decantarse por una rueda de repuesto de tamaño pequeño, y entonces el maletero se queda en 528 litros, mientras que si se monta una rueda de tamaño convencional (opcional por 50 euros), éste se queda en 486 litros.
La nueva gama Mondeo consta de tres carrocerías: cuatro puertas, cinco puertas, y Sportbreak familiar. El nuestro, el cinco puertas, tiene un enorme portón trasero, un tanto pesado, pero muy útil para facilitar la carga, y con los asientos traseros abatidos queda una superficie muy larga y prácticamente plana.

Más premium. El Mondeo sigue siendo un modelo de ventas, pero no cabe duda de que se acerca más que ninguna generación anterior al segmento premium. Todo el interior rezuma más calidad y se han utilizado materiales de tacto más suave y mejor presencia. Entre las características de coche de alto nivel destacan las salidas de aire en ambas puertas traseras, la entrada de audio auxiliar en la guantera, el airbag de rodilla para el conductor, o las nuevas tecnologías como el sistema de amortiguación inteligente (950 euros), el control de crucero adaptativo (1.200
euros), y el sistema de repostaje sin tapón que evita el llenado accidental de combustible equivocado (primer Ford que lo monta).
Otro elemento novedoso es el Human Machine Interface (HMI), el sistema por el cual se controlan diversas funciones como la radio, diversos ajustes de configuración, el teléfono, el navegador, etc. Consta de dos juegos de conmutadores situados en el volante y una pantalla a color muy atractiva que viene de serie con el acabado Titanium (en las versiones menos equipadas, es monocromo y más pequeña). Pese a su vistosidad, creemos que no se ha sacado todo el partido a una pantalla tan grande. Por ejemplo, sólo es capaz de mostrar un dato del ordenador de a bordo, y para acceder a cada función hay que navegar por múltiples y engorrosos menús utilizando los mandos del volante.
En su conjunto, el Mondeo obtiene una nota que le sitúa como una de las referencias entre las berlinas generalistas, a la espera claro está de su enfrentamiento con los nuevos rivales por llegar -Laguna, Vectra, C5, etc.-. A pesar de la incorporación de nuevas tecnologías, del salto de calidad y de un diseño mucho más atractivo y deportivo, nos quedamos con una característica que siempre ha caracterizado al Mondeo: su excelente y afinado bastidor que en esta nueva generación rinde mejor que nunca.