COPIAS PERFECTAS
En informática los atajos de teclado permiten hacer más rápidas algunas tareas sin tener que pasar por los menús del programa, ahorrando tiempo. En automoción, estos atajos podrían extrapolarse a los acuerdos llevados a cabo por varios fabricantes para abaratar costes en la producción y desarrollo de un nuevo modelo, sin duda mucho más barato que invertir de forma independiente para sacar adelante un producto nuevo. El resultado de este tipo de colaboraciones -cada vez más habituales- son coches prácticamente clones, idénticos en todo salvo en algún detalle específico de cada marca y en el emblema que lucen.
Éste es el caso del pequeño y divertido SUV que traemos a estas páginas, el Fiat Sedici y Suzuki SX4, o viceversa. Una misma idea plasmada con poquísimas diferencias en una y otra casa. De cara al posible comprador se plantea la duda en la elección. Si hay dos coches iguales en el mercado, ¿por cuál me decanto? Aquí entra en juego la fidelidad o la identificación con una marca, porque las diferencias, como veremos, son mínimas, centradas en algunos elementos ornamentales y en el equipamiento.
El juego de las diferencias. Mira detenidamente las fotos. Ambos se fabrican en la planta que tiene Suzuki en Hungría, y están diseñados por el prestigioso estudio Italdesign Giugiaro. Los faros son los mismos, pero cada uno ha adoptado a su manera la configuración de la parrilla. En el Suzuki está dividida en dos partes, y los faros antiniebla se ubican en los extremos. El Sedici interpreta un estilo más campero, con una rejilla de ventilación en cuña, los antiniebla más centrados y unos protectores de parabolpes más envolventes. Dichos protectores también se extienden sobre la parte inferior de las puertas, con lo que de cara a salir de la carretera la carrocería está más protegida de golpes y
arañazos que en su hermano de Suzuki, donde sólo hay una faldón bajo y una moldura en el medio de las puertas. En la zaga el elemento protector vuelve a tener más presencia en el producto italiano; ambos coinciden en la incorporación de una prácticas barras portaequipajes en el techo.
Si de lo que se trataba era de acercarse a la estética propia de los todoterreno, sin duda que Fiat está un paso por delante del Suzuki, más discreto y con un estilo más próximo al de los urbanitas compactos.
De puertas adentro, la funcionalidad y sencillez es la nota más descatada, y aquí sí que son calcados. En poco más de cuatro metros, el Sedici-SX4 ofrece una habitáculo que parece más grande de lo que es. Esta percepción de amplitud está garantizada por unas amplias ventanas que propician un interior muy luminoso. El conductor goza de una posición alta y bien conseguida, pese a la ausencia de la columna de dirección regulable en profundidad, con la palanca de cambios muy a mano, una buena plataforma para descansar el pie del embrague, pero sin un reposabrazos.
Los pasajeros tampoco tendrán queja por falta de espacio. Como hemos comentado, la sensación de amplitud es la nota predominante, y las cotas de habitabilidad son más que correctas. A una buena altura incluso para los más crecidos se une un espacio muy bien aprovechado para las piernas, ya que incluso retrasando hasta su máximo el asiento del conductor, el de atrás podrá meter los pies debajo y sin tocar las rodillas con el respaldo.
La capacidad del maletero es quiza la nota más discrepante con el buen aprovechamiento del espacio. Sus 270 litros quedan por debajo de lo que ofrecen los utilitarios del segmento B, cuando éstos además son por lo general más cortos.
4x4 para todos. Algo de agradecer a marcas como Fiat y Suzuki es la introducción de la tracción integral en segmentos medios y bajos. La casa italiana tiene como exponentes al Panda y Sedici, y Suzuki, más especializada en estos menesteres, al Swift, SX4 o Grand Vitara. Sin la tracción 4x4 nuestros dos protagonistas serían “uno más” entre multitud de pseudo todoterrenos que salen a colación del buen momento de ventas del off-road. Pero el avanzado sistema de transmisión marca una barrera entre unos y otros, y establece una conducción muy divertida y eficaz en pistas de tierra, a la vez que supone un plus de seguridad sobre un tracción delantera. Sedici y SX4 funcionan como tal en el modo 2WD, pero podemos seleccionar en marcha el nivel 4WD que reparte el par entre ejes automáticamente; incluso en este caso lo normal es que toda la fuerza motriz se lleve a las ruedas delanteras, con la conexión a las traseras cuando delante se detecte un patinamiento excesivo. Una tercera modalidad (lock) permite un reparto fijo al 50% en cada tren, siempre por debajo de 60 km/h (por encima se desconecta sólo), útil para afrontar obstáculos complicados. No obstante, no hay que forzar mucho para toparse con las limitaciones off-road de un vehículo diseñado principalmente para divertir sobre caminos en buen estado. Su altura relativamente baja y un tarado de suspensiones casi al cien por cien para carretera marcan el límite.
Además de las muchas satisfacciones que nos pueden dar en campo, sobre asfalto se comportan realmente bien. Ratoneros y ágiles en ciudad, sorprenden por la nobleza de reacciones que ofrecen en carretera, sin excesivos balanceos, con un eje delantero incisivo a la hora de entrar en los virajes, y el buen control que facilita una dirección bien calibrada aunque en parado resulta demasiado dura para maniobrar. Además, con el 4WD activado mejora no sólo el agarre sobre terrenos deslizantes, sino que también ayuda a la zaga para facilitar el giro.
Un motor potente de origen Fiat completa la columna vertebral de estos divertidos SUV, y añade ese punto de agilidad para moverse con soltura sobre todo tipo de trazados. Los 120 CV aparecen desde bajas vueltas, con un medio régimen muy brioso, si bien el empuje decae de forma evidente por encima de 3.500 vueltas. Tampoco hace falta estirarlo mucho, porque las velocidades -a pesar de su relación larga- se pueden enlazar desde pocas vueltas con lo que el consumo no se resiente y se mantiene en cifras comedidas. El diferente estado mecánico de nuestros dos rivales determina el que hayamos obtenido diferencias mínimas en la tabla de prestaciones.
El recorrido de la palanca de cambios es corto, pero su elevada dureza y su incomodidad para meter la marcha atrás suponen un pequeño hándicap. Mucho más evidente es el poco refinamiento de esta mecánica, tanto en términos de sonoridad -ante largos trayectos resulta molesta- como de vibraciones, acusadas en todo su rango de utilización.
¿Cuál me compro? Volvemos a la pregunta del principio. Las diferencias estéticas son mínimas, y es el equipamiento el que puede decantar la compra. Ninguno de los dos aporta automatismos en luces o limpiaparabrisas, y se ofrece lo justo sin echar de menos nada verdaderamente destacado, con el plus de disponer de una eficaz transmisión 4x4.
Pero hay diferencias. Fiat propone más opciones, y por ahí podríamos justificar su precio más alto. Entre los extras que ofrece destaca el sistema de navegación -hay dos versiones disponibles- que no existe en Suzuki, así como la tapicería de piel o los asientos delanteros calefactables. El apartado de la seguridad está mejor cubierto en el Sedici, ya que cuenta con airbags laterales delanteros y la posibilidad de montar también de cortina. Claro que éstos últimos se comercializan junto con el ESP en un pack opcional, mientras que el Suzuki, el control de estabilidad que incluye el de tracción es de serie. En el SX4 también viene como dotación de serie la apertura y arranque sin llave, práctico a pesar del gran tamaño del mando a distancia, opcional por 299 euros en Fiat.