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COMPARATIVAS
Renault Laguna 2.0 dCi Privilege frente a sus rivales

CAUSA COMÚN
El segmento D, o sea, el de las berlinas medias, está viviendo un buen momento gracias a grandes incorporaciones que aglutinan una parte importante de la tarta de las ventas. Hace unos meses era el Mondeo el que daba savia nueva y ahora le toca el turno al Laguna. Tras ellos llegarán en los próximos meses nuevas incorporaciones. Pero además de los superventas aparecen elementos nuevos, como el Avenger, que quiere situar a su marca Dodge entre los seleccionados por el público.
Junto a ellos hay otros seis protagonistas y todos ellos forman lo que podríamos llamar el grupo de los escogidos, es decir, los que están entre los diez más vendidos de su segmento.
Renault perdió puestos con el Laguna de la anterior generación y quiere que éste sea el encargado de llevar el rombo a la parte más alta de las ventas del segmento. No lo tiene muy fácil, no porque le falten atributos a este tercer Laguna, sino porque se enfrenta a modelos que ofrecen mucho mucho, y entre ellos cabría destacar al Mondeo.

Sin Lagunas. El segmento está revuelto, por un lado tenemos los modelos de última novedad, con unas aportaciones que nos llaman la atención y nos atraen hacia su compra, y otros recurren al precio. En este sentido, están los que cumplen su ciclo comercial y para mantener el listón de las ventas ofrecen una política de descuentos que no deja impasible a nadie. Peugeot por ejemplo se desmarca con 2.000 euros, y Hyundai con 1.200, que también resultan atractivos.
Total, que si no es por la novedad será por el precio por lo que podremos justificar ante nuestros amigos y familiares lo acertado de nuestra elección. De todas maneras, fallar es difícil.
Centrando más el tiro, el Laguna parece que no apuesta por una tamaño más grande para captar clientes, argumento que, en cambio, si encontramos en sus más directos competidores, y el más claro ejemplo es el Mondeo, que ofrece una longitud enorme y un ancho comparable al de un Clase E de Mercedes, 1,88 metros. Otro que recurre a los mismos términos es el Avenger, que cuestiones de acabado al margen, dispone de una habitabilidad interior destacable.
El esfuerzo de Renault está en el diseño, en cuyas cuestiones no entraremos pues hemos encontrado opiniones muy contrarias. A nosotros nos parece impersonal, pero es claro que la carga estética está ahí.
Interiormente su diseño es muy moderno, nada que ver con el anterior, pero demasiado minimalista para nuestro gusto. Los mandos se aglutinan en espacios pequeños, con botones mínimos y con espacios libres que no se han aprovechado para huecos, guanteras o portabotellas.
Tampoco Renault ha dedicado grandes esfuerzos en términos de habitabilidad, y eso que es de los que más batalla (distancia entre ejes) tiene. Pero no aprovecha sus cotas siendo discreto es todas las dimensiones, especialmente en espacio para las piernas, donde detrás del Mondeo situamos al Sonata y al Passat. Ni siquera el maletero parece haber interesado a los ingenieros, 450 litros se nos antojan escasos cuando la media del segmento está por encima de los 500. Merece la pena destacar los maleteros del Passat (565 litros) y del Avenger (550).
El Dodge nos ha vuelto un poco locos. Es un coche grande, muy amplio, de gran maletero, con un comportamiento mejor de los esperado, pero con unas lagunas importantes, que son los acabados interiores y el remate final. Como muestra que el maletero no lleva ningún tipo de revestimiento en la tapa dejando al aire las nervaduras del capó.
Esta súper comparativa nos ha servido también para valorar de modo más positivo otros coches, como el Avensis y el Sonata. Sus interiores son enormes, el Sonata es de los más grandes, ofrecen grandes maleteros y la terminación interior es muy buena. A lo que además el Sonata añade un equipamiento muy atractivo, incluyendo asientos de cuero con regulación eléctrica.

Bien dotados. Ya que hablamos de equipamientos, la tónica general de las berlinas comparadas es buena. Su dotación es muy completa, ofrecen casi todos lo mismo y sólo las opciones o posibilidades de personalización pueden diferenciarlos. De destacar alguno habría que llamar la atención sobre el Mondeo y Passat, por su buena terminación interior, sus perfectos ajustes y una completa dotación de equipamiento a la que podemos añadir un largo listado de opciones.
El Avenger no se queda muy atrás en términos de equipamiento (cuero, asientos eléctricos y calefactados y algún que otro detalle más) pero su calidad sí que dista mucho de los europeos. El Sonata es el que está a medio camino de todos, sus interiores tienen una calidad buena, igual que los ajustes y sólo algunos plásticos nos llaman la atención.
407 y Avensis son muestra clara de que las cosas se pueden hacer bien y los precios no tienen que ser altos. Sólo el Sonata y el Avenger son más baratos. El Vectra en su versión Cosmo, la probada, tiene su precio en la parte alta, pero hay versiones más asequibles que ofrecen una gran calidad de materiales y terminación, aunque no un equipamiento tan completo.

Potencia de sobra. La dieselización del mercado español hace que los motores que más se demandan sean los alimentados con gasóleo. Los fabricantes, conscientes de este efecto en toda Europa, ponen toda su eficacia en mejorarlos, no sólo dándoles más potencia, sino haciendo que consuman menos.
Todos ellos tienen potencias y cilindradas parecidas, se mueven en la banda de los 140 caballos, con algunos que los superan, Laguna, Vectra y Avensis con 150, y otros que se quedan algún caballo por debajo, como el 407.
Como denominador común a ellos hay que destacar -al margen de la inyección por conducto común de tercera generación- que empiezan a explorar los regímenes superiores a las 4.000 revoluciones, con más éxito unos que otros, pero que nos alienta a pensar que estos motores podrán ser algo más elásticos. El Sonata es el que peor lleva los regímenes superiores a las cuatro mil, pero otros, como el Avenger, aceptan las 4.500 sin problemas.
Directos a las sensaciones que transmiten y comenzando por el más nuevo, el Laguna es el dos litros con inyectores piezo-eléctricos e inyección por raíl común de tercera generación que estuvo presente en el Laguna II en su última época. Se presenta como uno de los motores menos rumorosos del segmento, casi ni se siente en el interior. Su respuesta es muy suave, tanto que parece que no hay motor por debajo de las 1.750 vueltas, donde coge fuerza para mostrarse contundente por encima de las 2.000. Llega con progresividad hasta las 4.200 sin ser brusco, todo con una suavidad extrema. Los desarrollos de cambio escogidos quieren beneficiar los consumos, de ahí que la sexta sea muy larga, y aunque perfectamente útil en carretera, en muchas ocasiones buscaremos la quinta para realizar los adelantamientos con solvencia.

El que más acusa unos desarrollos largos es el Mondeo. Es complicado usar la sexta y las marchas largas no se pueden utilizar en recorridos urbanos. Su motor, eso sí, es solvente apenas superadas las 1.750 vueltas mostrando un empuje bárbaro. Este propulsor puede con facilidad con el peso del conjunto y los 140 caballos no se quedan cortos. Los consumos en carretera son bajos debido a los desarrollos de cambio elegidos.

El Vectra, otro de desarrollos largos, no tiene su principal
virtud en la zona baja del cuentavueltas, pero superadas las 2.000 revoluciones es muy brioso, parece explotar, pero es de los que no explora más allá de las 4.000 vueltas. Salvo una sexta muy larga el resto de los desarrollos están muy bien elegidos y se pueden usar perfectamente en todos los recorridos.
Los de Avensis, Sonata y 407 destacan por la suavidad de su respuesta. Una suavidad que no podemos confundir con falta de carácter, ahí están los registros frente al cronómetro. Son motores que desde el punto de vista de las sensaciones parecen inexistentes, pero se muestran progresivos desde 1.500 vueltas y muy lineales hasta alcanzar el régimen máximo.
Por último nos quedan los motores alimentados bajo el sistema de inyector bomba, el Avenger y el Passat. Aunque en el segundo de ellos tiene los días contados este TDI -ya hay una generación posterior que recurre al raíl común que se presentó con el Tiguan-, sigue siendo una delicia. Bien es cierto que son de los más sonoros de esta comparativa, los que más de todos, pero no hay grandes diferencias de rumorosidad entre el alemán y el americano, algo que habla a favor del Dodge.
Este TDi es más brusco, con menor régimen útil, pero más contundente, más brioso y para colmo, firma los consumos más bajos, independientemente de la carrocería en la que lo montemos.
Todos están asociados a cambios manuales de seis velocidades, aunque para la prueba hayamos dispuesto de un Passat DSG. Por su tacto nos quedamos con el del Mondeo, impropio por rapidez y precisión de una berlina, parece de un deportivo. El Vectra es otro que tiene un cambio digno de elogiar aunque su posición está algo retrasada.
El del Laguna es muy esponjoso, con precisión pero poco rápido, nos gustaba más el tacto de la anterior generación. Es muy semejante al del 407, pero al del Peugeot hay que sumarle además unos recorridos más largos de la palanca de cambio.
El Sonata tiene un cambio también poco preciso y poco rápido, prefiere una conducción tranquila, igual que en el Avensis que peca, como todo el coche, de suavidad. Por último el del Avenger, que es más tosco y duro de tacto, con unos recorridos que hay que marcar demasiado bien para meter marchas, de lo contrario se falla la inserción.
La diferencia de potencia existente no marca frente al cronómetro registros muy distintos, se mueven en una estrecha banda de décimas salvo, evidentemente, los menos potentes, que están sólo medio segundo por debajo. Eso dice mucho a su favor, por ejemplo del 407. La recuperaciones sí que se ven muy afectadas, especialmente en aquellos que tienen unos desarrollos muy largos, Mondeo y Vectra, que salen mal parados en esta medición.
Respecto a sus prestaciones, no deben ser las que determinen la elección de ninguno de ellos, pues todos están prácticamente en los mismos registros.


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